miércoles, 27 de febrero de 2008

La memoria fosil de los ecos

Para no sufrir por las desilusiones
petrificaste el corazón,
quedando, largo tiempo,
hierática, como una cariátide
del templo del olvido.

Ya sabes lo sensible
que puede ser
un corazón de piedra.
Suave como la seda,
se convierte en un canto rodado
que se acopla,
a todas las palmas
de las manos.
Compruébalo si quieres.
Atrévete a cogerlo.

Cuando
sobre él deslizas suavemente los dedos,
como sobre un pecho,
y así cierras los ojos,
empieza a amanecer el infinito:
toda la información de los hechos,
que viajan en tu palma,
que salen de ahí dentro,
que viajan por tu espalda
que salen de entre los dedos.
Es una nave del tiempo,
la memoria fósil de los ecos.
Memoria de memorias;
memorias como sueños
de escenas, de secuencias y
hasta vidas que pendíeron
de un solo beso.

© GatoFénix

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