martes, 12 de febrero de 2008

Reloj del Sol naciente


Cuando era tarde para todo
me compré un reloj,
un reloj automático,
automático de acero,
de acero y de Japón.

Por su naturaleza,
su vida dependía de la mía.
Y así con esta industriase
crea mi futuro cada día.
Sin trampa ni cartón.
Cuando nadie daba una perra chica
por mi vida, yo me compre un reloj
porque era el símbolo del tiempo,
el tic-tac de la vida.
En tiempos de zozobra,
una quimera.

Debía ser
una máquina especial, pensé.
No valía que tuviera un corazón
de cuarzo, con vida independiente.
Ya está! me dije.
Será un instrumento de medida,
de mi vida dependiente.
Así sus manecillas
marcarán las horas
como el regalo de mi vida.

El ballet de las horas en la esfera.
Algunos pensarían
que es un capricho tonto y,
puede que aun lo piensen. Incluso
El relojero con gran convencimiento me decía:
"No es muy exacto, varía algún segundo"
-Y a mi qué- pensé.
Como si el sol, para salir en punto,
necesitara reloj de cuarzo....
Y sale todos los días.
Todos los días de punta en blanco.
Desde hace mucho, todos los días
¡Desde hace tanto!

Desde entonces vamos
juntos funcionando,
a la hora en punto, de la vida.
Los dos somos dos
piezas vivas del reloj inabarcable:
La propia vida.
Por eso me regalé el reloj
de corazón aparente
con una esfera de nieve
y nombre de sol naciente.
Para celebrar la vida,
el regalo del tiempo;
no para medir la vida,
que es inconmensurable,
sino, para ser
o sentir el propio tiempo
y las estaciones
según el momento.

Llevamos un año en sincronía,
un año, cinco meses
y unos días, de un nuevo comienzo.

A vosotros, y al resto de la gente...
os ofrezco este modesto presente.
Piensa y siente.

© GatoFénix

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