domingo, 16 de noviembre de 2008

Huellas de gorriones




El primer poema de una pluma nueva.

Al estrenar esta pluma
me han crecido alas;
alas marineras de una gaviota,
también de mariposa, alas.
Alas del viaje intemporal
de un viejo navío.
Alas de un gusano transformado,
en la noche oscura de la juventud;
crisálida del miedo, del fuego y la torpeza.
Alas, al caldero de la infancia
donde se coció la cruda realidad
de un tiempo macerado por la tristeza,
la soledad, las neuras, el hambre y
alas de flaqueza.

Hoy renace, transmutado, un ser,
como en la mariposa,
fruto de la metamorfosis consciente:
único parto posible
del hombre.

Hoy ha nacido de mi nueva pluma,
unidos el corazón y la cabeza,
este poema de gaviota marinera
con tanto mar dentro, en tierras tan adentro,
y con tanto viaje en sus alas
que no aprende a llegar nunca,
a otra parte que
al final de una hoja
blanca de papel de árbol.
De alguno, tan generoso con nosotros,
que aprovechando un otoño,
como el de esta tarde,
se convirtió enteramente en hojas
blancas, de papel, repletas
del último sol y del primer rocío.

Así, de esta manera,
la tinta azul real, que corre por mis venas,
que no sangre,
ha marcado en esta,
también arena de la playa, las huellas
de una bandada de gorriones ribereños,
más de Sorolla que de Ribera,
y al fin,
al levantar el vuelo...
todo esto han dejado esparcido por el suelo.
Todavía no sé,
si debidamente colocado
para nuestro cabal entendimiento.

GatoFénix

1 comentario:

Narci dijo...

Los corazones como el tuyo siempre tienen alas, Gato, alas para volar, para elevarse, para escapar, para abanicar nuestra frente en días de calor y para abrigarnos cuando hace frío.
También tus poemas tienen alas, y esté más que otros.

Saludos
narci