jueves, 18 de diciembre de 2008

Me encanta cuando eres tú

Me encanta cuando eres tú
y aún más cuando ni lo sabes.
ese tú alejado de los modos de tu madre.
Me encantan esas maneras tuyas tan femeninas
que chocan con las enseñanzas ancestrales
de tu casa.
Me gusta cuando te haces: madre con nuestra hija
y conmigo simplemente mujer,
porque conmigo eres: mujer enamorada.
Lejos queda esa lucha enfrentamiento
que nace del complejo y del equívoco,
primo hermano de la agresividad
e hija de las experiencias humillantes
de la infancia.

Me gusta sentir tu piel,
más que fina, transparente
que te permite vivir
casi en el centro de todo.
Es un placer vivirte cada momento,
cuando no estás al lado de tí.
Nadie comprende
lo cerca que estás cerca
y lo lejos que puedes llegar a estar
cuando no eres tú y te vas lejos.
A veces, todo parece un sueño;
a veces, las menos, se torna en pesadilla.
entonces se ve muy claro que vuelves a tu infancia.
Regresas al calvario de tu casa.
Te invaden los ancestros,
te ahogan y confunden, te llenan de desprecios
tus hermanas.
Recuerdas la amnesia de unos años
a los que no quieres volver,
y de tanto no querer no puedes ni evocar.

La infancia es nuestro capital de vida.
En los momentos duros siempre puedes volver
y recargar las risas y hasta esnifar
os olores y los amores que nos nutrieron.
Perdiste el cofre del tesoro
y no hay mapa para encontrar un olvido.

Fotos en blanco y negro;
bodegones costumbristas del pasado,
que no llegan ni a ser secuencias
de lo que fue la película de tu vida los primeros años.

Me gusta sentir tu piel
cuando vuelves.
Y tus besos largos como el café americano
o las pastas de té con sabor a mantequilla,
y el melocotón en almibar de tu barbilla,
el pan blanco y la miel, del abrazo;
el jamón y el queso,
de eso y
la ensalada judía con mandarinas,
la buena pasta de besos, un poco vino
y de postre un capuchino,
si es tarde porque se ha hecho,
descafeinado.

GatoFénix

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