martes, 6 de octubre de 2009

En homenaje a mis padres Amparo y José Mª



Y a su recuerdo imborrable en nuestra vida, para volver a ser niños un poco.


Tambien un poco de mi propia historia y unas reflexiones.

Ahora, con la centrifugación del alumnado (por Ley), casi todos los niveles gozan de algunas cualidades de una escuela unitaria.

Yo mismo empecé , como muchos niños de los cincuenta (también había niñas, pero entonces se sabía que el masculino las incluía y no sólo significaba niños) en aldeas perdidas o pueblos pequeños de cualquier parte de España. En una de ellas, empecé como alumno en Zafrilla, provincia de Cuenca. La Cuenca en que me parió mi madre donde la Virgen de la Luz a este lado del puente de San Antón: Hospital de la Beneficencia en aquel junio de 1951.

En este caso, como había número suficiente de población, se disponía de una clase de niños, en la que mi padre era el maestro, don José María y que estaba situada en la planta baja y una clase de niñas, donde estaba mi madre, doña Amparo, situada en la planta alta.

Era como un cuento suizo, por el paisaje y las nevadas... y por el olmo de la plaza lleno de carámbanos dos meses en invierno, que a poco que lo imagines, en un descuido, te sale la poesía y dejas el relato a medias y te lías a tirar bolas y a dolerte las manos del frío y los malos guantes.

Veinte años, después de aquellos cuatro o cinco que yo tendría, cuando ya leía como un papagayo, todo según frescos recuerdos aunque parezca mentira;y ya escribía con pluma de mojar, en cuadernos de media cuartilla, con pastas blandas de color verde pastel.

¡Ah! la tinta la preparábamos nosotros, que venía en unas barritas cubiertas de papel plata con un gallo y se llamaba Fix o algo parecido.

Lo del gallo era seguro, en azul marino y blanco.

Como decía, después de esos años, la historia daba una vuelta en esa espiral que nos lleva

y me incorporé como Maestro en Los Molinos, un anejo a una pedanía (La Alameda de Cervera) que a su vez correspondía a la ciudad de Alcazar de S. Juan, Corazón de la Mancha (Ciudad Real)

Para entonces, ya había terminado la carreta de Magisterio;

ya murió Carrero Blanco, que estaba yo de guardia en la COPE de Ciudad Real ese día y nos comimos un tiznao con los guardias que estuvieron por allí, por que tenía órdenes el cabo de vigilar las comunicaciones, por eso puse sólo música Clásica y sólo daba "indicativos" con la hora;

y ya hice la mili, que me pilló de imaginaria en Alcantarilla, Murcia, cuando se comunicó la muerte de Franco y menuda la que se armó allí fuera.

El miedo y la confusión, y los taconazos, y los coches que se oían en la explanada... y, dentro del barracón, yo; con la radio en la mano, de oyente esta vez, sentado en una piltra, ahí de media anqueta, y la peña durmiendo, hechos polvo de las putadas del día y tirándose pedos y roncando...como todas las noches, a su amor.

En ese destino, Los Molinos, como consta en el documento que conservo,

me dieron, los Inspectores de Educación (El Inspector Jefe D. Ángel Díaz Peco y el de Instituto Nacional de Previsión y Cotos Escolares, del que no recuerdo su nombre)

dos Votos de Gracia por la Excelente Labor Realizada.. Algo inusual en aquellos tiempos.

Tanto, que no conozco a nadie que tenga esos méritos; de forma que ya empecé trabajando a fondo y en la buena línea hace ya treinta y cuatro años, creo ¿o son cursos? No sé.

Ahora, cuando la ignorancia, la zafiedad y el "pensamiento único" ha tomado la revancha y siendo testaferros de “DonQuiensea”, han involucionado la educación a estos niveles que conocemos, renombrando cosas o simplemente vaciándolas de contenido, se les llena la boca de “aprendizaje cooperativo”, tal vez, emulando las cooperativas de Freinet con su aprendizaje globalizado de la lectoescritura, para adultos allá en Brasil.;

o tal vez, por desconocimiento lo adjudican a Vigotski, demostrando que no saben lo que es la zona de desarrollo próximo;

o la reconversión de los Centros de Enseñanza en “Centros de Engorde y Esparcimiento” siguiendo la coherencia de vida o la justificación Rousoniana, que de los siete hijos, que creo fueron, a todos los mandó a la “inclusa” para que el Estado se encargara de ellos.

Pocos conocen esto, como tantas cosas, y casi van a entronizar este “santo” dentro de su “ateario” particular.

Ahora “apuestan” por los ordenadores, que no sé muy bien qué utilidad tienen si no se domina la escritura manual, ni la tecleada, y mucho menos la lectura en todas sus variantes.

GatoFénix


4 comentarios:

Sap. dijo...

Pues es un verdadero privilegio haber tenido esos maestros tan magníficos y, más aún, haberlos emulado.
Mi caso es contrario por completo. Los maestros que me tocaron en suerte, TODOS, en mi colegio nacional, fueron una panda de crueles gandules.

GatoFénix dijo...

Esas vivencias generan mucho odio. Un odio duradero que nos hace en las tripas un nudo y nos enferma.
Muchas gracias por tu visita, Sap y si crees que pueda hacer algo para reparar el desaguisado, me avisas.

josé javier dijo...

Es un relato que es todo tajada, no tiene güesos y encima te permite mojar la salsa, eso sí, sin que te vean tus compañeros de mesa, porque está mal mirao. Yo me he quedado con una miniatura medieval: la maestra con las niñas en un piso y el maestro con los niños en el otro piso y el mundo girando alrededor, porque el mundo necesita un fulcrum ¿No? para poder girar, y qué mejor fulcrum que las dos aulas y el reloj que hace tic tac y los maestros que suspiran y sonríen, y los niños que suspiran y no sonríen, pero ya sonreirán pues sólo se trata de que un día sean capaces de sonreír, y merece la pena cualquier sacrificio para lograrlo.

GatoFénix dijo...

Se ha perdido el fulcrum. Ya no se puede pesar ni medir sin ser sospechoso de discriminador, que es mucho más que delincuente o asesino convicto y confeso.