viernes, 20 de noviembre de 2009

Que viene el coco...

Pues mirad, zinnia y demás lectores, en casa lo de meter miedo estaba prohibido. Ahora lo recuerdo. Contaba mi padre un episodio de su infancia, que viviendo en Pola de Lena, donde nació, había un patio que había que cruzar para llegar a los dormitorios. No imagino el espacio, pero bueno, sigo. El caso es que mi abuelo era funcionario de prisiones, y me imagino que
a veces tendrián algún reo y las celdas estaban al lado de la vivienda familiar. Tampoco, mi padre, me dio muchas explicaciones lo que me impide dar detalles, pero a lo que íbamos: cruzar el patio aquel, de noche, con una vela o un candil, les daba miedo a todos.
Visto lo visto, como remedio, mi abuela, que por las fotos trasluce un saber atender desde la intreligencia emocional que ya quisieran muchos, se le ocurrió decir que el miedo entraba por el culo (ella lo decía sin eufemismos) y que había una solución.
- Vosotros con una mano os tapais el culo y echáis a correr, y entonces el miedo no puede entrar.
Aquí se abre un capítulo de hondas reflexiones sobre todos los aspectos y sus implicaciones, que me han ocupado parte de mi infancia y principios de la adolescencia.
Y así me lo transmitió mi padre, último de once hermanos, y a mis otros hermanos. No digo yo que sea cierto, porque aunque no soy Juan Sinmiedo, no destaco por esa circunstancia, pero poco he utilizado el consejo de la abuela Aurelia. Sin embargo, lo encontré desde niño un tanto gracioso.
Ahora, con los miedos de los tiempos que nos tocan vivir, creo que es buena cualquier protección. Y yo creo que si es que no te ve nadie, moralmente ayuda. Estoy seguro de ello.
Abrazos

6 comentarios:

josé javier dijo...

Genial, José María. Seguramente es una verdad implícita, lo de que el miedo entra "per angostam víam", pero se suele decir que nos cagamos de miedo, así que algo tendrá el agua cuando la bendicen. Como siempre muy bien contado, o más bien desgranado, porque parece que cuando explicas algo, de paso construyes un pequeño paisaje. Qué gozada.

Narci dijo...

Muy bueno Gato.
Tu abuela tenía razón, de hecho por mi tierra, cuando alguien huye asustado, decimos, "salió corriendo, que perdía el culo", y de lo que no cabe duda es de que la sabiduría popular es realmente muy sabia, que sabe más el diablo por viejo que por diablo, qué leñe, y que es una gozada leerte, dando ese matíz cómico a las situaciones más serias o preocupantes, porque desde luego, los miedos preocupantes sí que són.

Un beso

GatoFénix dijo...

Muchas gracias por vuerta lentura y por las palabras agradables que me dedicáis

josé javier dijo...

No hay por qué darlas, oiga.

josé javier dijo...

Ese peaso blog, gato, está desolado últimamente. Mándanos algo, aunque sea un bizcocho.

Sap. dijo...

Por supuesto, Gato; no hay más que enfrentarse a una situación canguelante que el movimiento reflejo de apretar el culo es inmediato y de tal potencia que, como reza el dicho, por ahí no entra ni el bigote de una gamba.

¡Lo de la celda al lado de la casa me ha recordado a la película "Calabuch" y a aquel alcalde/alcaide que mantenía al preso de rigor a pan y mantel en su propia casa! :-))))