sábado, 5 de diciembre de 2009

Meditación II

Bonito el vaiven
de las plumas de la orilla,
Hipnótico suburbio
de recuerdos varios.

Uno de ellos, sin ir más lejos,
todavía un misterio...

Transgresor puente romano
y la otra ribera de Córdoba
comunicada por sus ojos.
Abajo,
y a su/tu lado,
el río perezoso
dibuja una frontera diluida.
Hubo un nosotros:
A la hora sin sombra
de un lejano día.
Y aún se siente en la piel
la sofocante siesta.

Un encuentro en los remansos,
furtivos e inexpertos...de un río de siempre.
"Una de romanos"

Un...
(todavía un misterio)
recuerdo de manos temblorosas
con los pocos años en la yema de los dedos,
sobre un colchón de sueños
antes de levantar el vuelo.
Una almohada que explota:
plumas al viento.
Y un pequeño sobresalto que no te cuento.
Chicharras y pájaros
domingueros.
Eso sí,
Sorpresa y fuego.


Algunos besos sueltos
que hubieron de quedar
barnizando unos labios
por ahí y por allá,
como lamiendo el viento.

Y pasa tiempo y más tiempo.
Y luego pienso: "pienso, luego existo"
¿O es al revés? Lo pienso luego.
¿Qué pasa con el tiempo que pasa.
Que dónde va a parar?
Seguro,
que a la mar del tiempo.
¡Mecachis!
¡Mecachis en la mar!

Desde esta orilla,
hoy,
viene el recuerdo...
evaporado del mar ese del tiempo
y salta un misterio, agazapado
hace mil años.

Levanto la vista sereno para entrever...
Balsámicos juncales
o yerbajos todos,
como anónimos apóstoles,
lavánsedoles los pies,
“eternamente”
hastiados por el sol;
abajo, encenagados;
doblegados, arriba...
En el penúltimo atardecer
de Última Cena.

Panta rei, Guadalquivir,
intemporal alumno de canosas riberas.

GatoFénix

2 comentarios:

josé javier dijo...

No debe de haber mejor sitio para la nostalgia que la ribera de un río. Tampoco es que sea el más a propósito para animarse, pero parece que la nostalgia tiene algo de masoquista ¿No? Porque aunque sea de noche y aunque las estrellas se reflejen en la superficie, el agua nunca deja de pasar, por lenta que discurra, y no solo se lleva el presente sino también los pensamientos que el presente te inspira, y se lleva incluso el deseo de conservar esos pensamientos, y las emociones que ellos guardan.
Me ha intrigado esa almohada de la que hablas, y esas plumas en el agua. El sitio lo conozco de sobra. De día no es muy romántico, pero seguramente el romanticismo no lo hace el sitio. Lo que está claro es que ese de que hablas está lleno, repleto de tiempo y de miradas; generaciones y generaciones pasaron ese puente y vieron esos mismos juncos “Anónimos apóstoles”

Narci dijo...

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Besos
Narci