viernes, 31 de diciembre de 2010

El Wu wei


Contaros las cosas que cuento
a veces, me parte en los versos
- como cuando los dedos de los niños
labran la arena -
y entre los surcos caigo.
Caigo esparcido
lanzado a voleo,
como las semillas
(¿sueños?)
semillas que son palabras;
imágenes de las cosas
que a veces son besos,
a veces son llantos,
y, a veces, susurros
de imperios antiguos, dormidos,
que se siembran con letras
tiradas a voleo,
como todas las vidas.
Vigas ellas, de una casa sin techo,
la casa del Padre,
que forman un pentagrama
donde se posan...
o pasan entre ellas, volando...
rozando...
los alientos vocales,
esencia del alma intangible
de la palabra
(¿melodía?)
de mis versos que te cuento
cuando el año viejo
sale y entorna la puerta
dejándola entreabierta,
para que la luz y la vida
se renueven eternamente
y nos sobrepasen
sin que podamos comprenderlo
nunca y por siempre.
El Wu wei del Tao.
(Creo yo)

GatoFénix

P.D. Feliz año Nuevo (en occidente, claro) a todos mis amables lectores.
Con agradecimiento y afecto
GatoFénix
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lunes, 20 de diciembre de 2010

El Misterio

 

Como el Misterio se conoce,
centro de todo Belén.
Un misterio conocido,
algo que pasa y perdura
a pesar de la cordura.

La Luz empieza a nacer
un poco desde esa noche;
amores y amaneceres
que a duras penas maduran.

Que el Niño Dios ha nacido,
festejamos los creyentes,
Gloria in excelsis Deo et in terra
pax hominibus,
que incluso en tiempos de dudas
seguimos buscando migas del mazapán
de la infancia en nuestro hatillo.

Mazapanes, turrón y polvorones:
Sidra champán el Gaitero
famosa en el mundo entero.
¡Ay qué risa, tía Felisa!
Risa sana y hueca, de cena de familia.

Desamores y ausencias
junto al mantel y las velas
al lado de las peladillas
por entre las sillas, en torno a la mesa.

Ya no se lleva el Belén.
Son horas bajas.
En muchas casas,
las figuritas, este año,
dormitan en sus cajas.

Tampoco se llevan los niños.
Se usan para vender. Sólo valen para eso.
A todos, nos obligan a crecer
sin padre ni madre ni perro que nos ladre,
apartándonos del paraíso de la verdad misteriosa
envueltos en burdos engaños demoníacos
y lanzados a una cuna roja sin peluches.
A todos, nos obligan a creer
que somos parte de su rebaño,
más una piara de cerdos
o una manada de lobos con piel de cordero.

Por eso han hecho mazapanes con sacarina,
turrones light y cada vez,
menos polvorones.
Nos queda ...
Sidra champán El Gaitero y algún vino
para las risas huecas y necesarias
de estas noches de cenas familiares.

A la espera estamos del cumplimento de la voz:
"Ay de aquel que escandalizare a uno de mis pequeñuelos,
más le valiera atarse una rueda de molino al cuello..."
(Yo creo que andan tan sueltos porque
como ya no existen ruedas de molino...)
O tal vez sea
pura maldad y mucha ignorancia.
Que la policía no es tonta;
si ve colillas es que aquí han "fumao"
De verdad...¡Paz y Bien
a todos los hombres de buena voluntad!
De todo corazón

GatoFénix
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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Desde que la vi


Como una muchacha,
que vive por vernos;
Ignora a su madre;
Se cambia de casa,
volcada en la suerte;
envuelta en caricias;
antorcha de anhelos.

Feliz y alocada;
cuerda de amores;
diana de aciertos;
racimos de besos;
desde que la vi...
la quiero.

GatoFénix
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Mensaje en la botella virtual.


No creas que es fácil suponer.
Es fácil suponer.
Se dice alegremente,
pero no es fácil (te digo) yo creo,
suponer que me lees.
Lo es más todavía;
suponer que me entiendes;
(A veces) imposible tal vez,
suponer que me quieres.
Que sólo el amor crea puentes
que unen los pensamientos.
Empero,
deseo que te llegue en mis versos
el mensaje;
que lo entiendas y calles;
que lo abraces y mires
con los ojos del alma,
la costa del mundo,
el agua de plata
frente al horizonte
nuestra interminable playa.


GatoFénix
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Alas "cero:cero" horas


Había pasado tanto tiempo, aquella noche,
que,
como si fuera ayer, te tuve.
No era la verdad de estas "cero:cero" horas
La música nos teletransporta
y en esa transfiguración,
soñamos que vivimos lo vivido,
reviviendo algo, nada acaso,
que todos piensan que está muerto
y pedimos balbucenates:
"Señor, hágamos tres tiendas"
a sabiendas de
que no estamos en el monte adecuado
y que no es la hora sexta del milagro.
Algún dolor nos trae
al invernal otoño y nos deja ateridos
todavía en la dulce saliva de un beso.

El pasado no existe, pero
es tan listo el cerebro
que "pasa" del tiempo;
y tiene memoria;
y capacidad y destreza
para alterarnos el pulso
y hasta nos dormiría para siempre
el reloj principal,
las saetas a las doce, claro,
en un pensamiento
de aquella sensación inolvidable.
Un soplo, unos labios
y todo vuela,
se desvanece y viaja
hasta descansar en el regalo del presente,
envueltos en la neblina matinal e intemporal
de la música que emerge
de los microsurcos de vinilo
como huellas indelebles
de unos dedos inolvidables
que nos levantaron de la infancia
y nos enseñaron a caminar
erguidos como eternos aprendices
de hombre.

GatoFénix
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domingo, 28 de noviembre de 2010

Adsum

Entonces, me habló la mar
con toda el agua dentro.
Oigo que me llama...
Adsum - le digo.
¿Estás conmigo?
- Eso he tratado, casi siempre.
- ¿Estás preparado?
 Silencio de redonda con puntillo.
Levanto la mirada, desconcertado.
- Tengo un poco de miedo, Señor.
- Sígueme.
Y empiezo a caminar lentamente,
por la arena, hacia Poniente.
Noto frío en un pié
luego en el otro y...
dejo de sentirlos.
A ritmo de las olas
va subiendo un calor de arrobo
por el cuerpo.
El mundo se aleja;
cada dolor se vacía en el agua.
Lo último que siento es la cabeza,
Después...
un pañuelo de seda se hundía
jugando con dos peces y un tercero,
nos mira nervioso y como asustado
sin saber qué hacer con su pena.

Me despierto con la mano izquierda en la frente,
echado sobre el corazón,
llorando.
Mi mujer está al lado y duerme.
Es todavía noviembre,
y antes de cerrarse,
Dios me deja este poema
de un sueño verdadero
con una extraña paz
Aunque triste.

GatoFénix
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sábado, 30 de octubre de 2010

Memento homo






En este día de Todos los Santos
recuerdo a mis padres ya fallecidos.
Ellos, junto con tantos otros,
son esos Otros anónimos Santos
que dieron ejemplo con su vida
lejos de discursos vacíos.
Pasaron por aquí
viviendo la pobreza como podían,
a veces incluso, con alegría.
Fueron aquellos que enseñaron
a quien quiso aprender,
lo que es la esencia de vivir
sin alharacas, en el comedimiento,
en la frugalidad en la discrección 
y en la fé.
Una profunda fé en Dios,
aunque se ataban al rosario 
como el que va en una galera,
haciéndose mil preguntas
sobre el infortunio, el dolor 
y la maldad de los hombres,
pero nunca desesperaron
y hasta fueron comedidos en sus quejas,
de las que pidieron perdón,
en el santo temor de Dios.

En este día en el que dicen los sabios
que se abre una ventana entre los dos planos
y parece que hubiera
un pequeño receso en su eternidad
para mirar a los que dejaron.
Quiero que encuentren
mi amor de otoño y el reconocimiento
de su esfuerzo, y del sacrificio
para que pudiera vivir mis estaciones.
Dolor nunca elegido y siempre aceptado
aunque sobrevenido, sobre todo 
en primavera y mi primer verano,
lo cual siento y pido perdón por ello.
Encenderé una lamparilla de aceite
para que su luz os guíe hasta mi casa.
Después de encontrarnos
no tengáis  pena y seguid vuestro camino
en esa Gloria que perseguisteis
toda la vida.
Pido a Dios que sea mejor incluso
de lo que imaginasteis.
Todavía me apena vuestra muerte.
No sé si hice todo lo que pude.
Me tranquiliza pensar que os habéis liberado
de este valle de lágrimas que decíais.

Nosotros, aquí, bien, gracias a Dios,
dentro de lo que cabe,
como tantas veces os he oído.
Un beso enorme para vosotros
de vuestro hijo que os quiere.

Amen, Jesús.


GatoFénix
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jueves, 21 de octubre de 2010

La anti-tiara

Si escribo es porque da igual:
igual porque no hay nada que decir que no sepas,
si quieres saber, claro.
Por eso me entretengo sabiendo,
 a sabiendas ¿sabes? 
que a nadie  le importa lo que lea.
Ser libre tiene esas cosas;
no tener  una tribu, es lo que tiene.
A veces el don de la inteligencia,
poca o mucha que Dios me dio,
sobre todo si me abandona el humor
y se agría el ánimo,
es una broma pesada.
Te miran raro, si es que se dignan
y un poco diciendo… ¿y este qué se cree?
¿A dónde vas sin varios títulos bajo el brazo
y sin Hipatia de Alejandría con su biblioteca,
todo a cien y un cuarto y mitad de la última y más antigua religión
en la frente?
Es bonito reflejar  el tio-vivo del tiempo;
a veces el trenillo de la bruja; otras, el látigo,
el barco vikingo o la ola.
Como una ola ¿lo sientes?
Frente de Juventudes;
Nuevos cachorros de viejas generaciones;
Acción Católica de jóvenes y” jóvenas”
que así se anticiparon nominándolas
los curas progres - va para treinta años -
en aquellos  movimientos de cristianos de base,
teología de la liberación por medio,
 a la Ministra del ministerio hoy extinto.
Igual(me)dá que me da lo mismo.
El daño quedó hecho.
Modern family; los Simpson; Sin-chan…
parábola de la cizaña,

Todo por, iba a decir, por la Patria. Pero, qué patría
 queda, si no es el sillón o el propio ombligo
New-Goebels seduce a la tribu mediante el plasma,
prietas las filas; argumentarios  para apuntalar
 el marco de pensamiento (H)único.
Y yo en eso de la filiación: a la cuarta pregunta.
Pensando por mi mismo, en voz alta.
Sí, ya sé que decir esto, sin miedo te etiqueta, pero,
hace cuarenta años, decir lo mismo también merecía
una  etiqueta, aunque de signo contrario.
De oscuros curas, militares y “sociales”
a mediocres progres, artistas, sociólogos y psicólogos oscuros.
“Los mismos perros…”
Decía sobre esto de escribir, que para qué.
Porque es bonito escribir, esta noche.
Verdaderamente, placer pensar en voz alta.
Total, un poema…es literatura poco seria;
cosa de un gato aficionado,
 de adolescencia tardía o inacabada,
un cabeza-chorlito con poco fuste y sin basamento.
No me darán el Nobel,
aunque bien que me gustaría merecerlo,
para qué negarlo… “Podría
pagar lo que queda de hipoteca,
sin hacer mal a nadie.
Sería como el Gordo de la Lotería Nacional
- antes de que sea Regional, provincial o cantonal,
que siempre será de menos cuantía,
aunque no por ello merme su importancia ¡Por Dios!”
No importa que luego me rechacen,
“los (H)unos” y los otros,
porque no soy de los suyos.
Y llevan razón que tampoco importa:
 “después de cien años…” de soledad o no,
si queda algo para entonces en el planeta,
que algún estudiante haga una tesis sobre las reflexiones
de alguien que pasó por aquí, más o menos
cuando el zapatero, antes de irse a sus zapatos,
le dejara el cetro, la corona y el solideo,
casi la “anti-tiara”,
a  un maestro en el arte del engaño,
a  un “gato” sibilino, de mi quinta,
aunque no hiciéramos la mili juntos,
ni, si se engarzara el país en una contienda fratricida,
lucharíamos por las mismas cosas,
ni en el mismo mundo..¡ Vive Dios!

GatoFénix

lunes, 18 de octubre de 2010

Tiempos de tala, Javier.

Enfermó el olmo de  mi infancia
en una epidemia de árboles, 
justo cuando empecé a trabajar en otra aldea
apenas dejada atrás la adolescencia.
Fue un tiempo terrible para todos.
Primero llegaron los chinches verdes
que todos llamaban: malgüeles y ... 
Allí enfermó toda una alameda
dos kilómetos de álamos en 
Alameda de Cervera, 
y la talaron ...
quedó el pueblo sin razón de ser
y donde se podía jugar al escondite,
como en una selva doméstica,
o a coger espárragos, 
o collejas en las laderas 
de los terraplenes arenosos 
del cauce del canal en los alrededores, 
o setas de árbol,
de un tocón llené dos bolsas, una vez; 
incluso encontré, otro día,
unas colmenillas que nunca había visto,
me las comí con recochura, lo confieso;
pues todo eso, junto con nuestras vidas
al principio de todos los comienzos,
al duro comienzo de todos los principios; 
todo digo, quedó hecho un erial 
y nunca fue lo mismo,
ni mucho menos.

viernes, 1 de octubre de 2010

Envuelto en aires



Envuelto en aires de poniente,
como en volandas,
anduve buscando el otoño
pero, los "grandes almacenes"
de Gaia, estaban sólo en ello.
Algunas etiquetas amarillas,
al llegar a Cuenca,
en las alturas de los chopos
de la ribera derecha del Jucar.
Hasta allí,
un entrar en los pensamientos
para viajar sobre un sueño,
increible pero cierto,
que es mi moto.
Me gustaría , pero no puedo
contagiarte mejor la sensación de ser,
de sentir y volar en un tunel
como encapsulado,
totalmente despierto,
con cara de bobo feliz.
Escaneando con los ojos cada instante,
escrutando el horizonte que me llega
y percibiendolo todo...
viniendo o yéndose
a gran velocidad.
Con su mejor azul zafiro radiante, el cielo
tuvo, colgadas, todo el viaje
varios trenes de nubes,
nubes de algodón por cierto,
nacar y cielo,
superpuestas 3D en vivo,
moviéndose hacia el norte
parsimoniosamente, en apariencia,
- que luego vete tú a saber.
Las lindes están cubiertas de los,
hasta hace poco,
erguidos girasoles que ahora
son siervos de cabeza gacha
a nuestro paso, como en el cuento
de "El gato con botas",
atravesando las tierras
del inventado Marqués de Carabás,
- que no hubo gato heredado más rentable
en la historia de las historias.
Así, calzado con "las botas de siete leguas"
he llegado hasta el puende de San Antón
y he vuelto a casa pensando:
A veces la vida es como si no pasara
y todo en tu otoño pasa ya demasiado rápido.

GatoFénix
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miércoles, 15 de septiembre de 2010

El olmo de la plaza y de mi infancia.

El olmo era enorme
desde la pequeñez de un niño
y las hechuras de una plaza
sin embaldosar.

Se erguía en la plaza,
frente a mi casa,
con las frondosas ramas,
a nivel de mi ventana
y la copa redonda,
a la altura del caballete
del tejado.
En verano tenía toda la sombra
y la dejaba sobre el suelo
para quien la quisiera disfrutar.
Igual era un paraguas que una sombrilla.
La casa de mil pájaros de varias clases.

Cuando caía la noche
albergaba luciérnagas
que me encandilaban,
y me sumía,
al mirarlas,
en preguntas sin respuesta.

Sentía entre miedo e hipnosis.

Se me paraba el tiempo,
literalmente,
hasta que volvía en mi,
de aquel embobe.

No he vuelto a verlas,
y sin el farolillo,
no sabría reconocerlas.

El olmo de mi niñez en verano,
era verde y frondoso,
una casa de juegos sin horizonte
en la tierra ocre
con sus hormigas y saltamontes;
...mientras,
tomaban el fresco por la noche
los mayores.

El olmo de mi infancia, en otoño,
cambiaba el tono.
El verde de sus hojas se apagaba,
resurgía el negro de su tronco
y se perdía completo
en amarillos, ocres y marrones.
Después secuencialmente
aquel ornamento se caía
y la hojarasca dejaba el suelo
primero escamoso,
después viscoso y resbaladizo,
hasta que una ráfaga de viento
asincopada,
barría,
arrinconaba y jugaba
formando remolinos,
con lo que fueron hojas
verdes y carnosas.

Todavía quedaban algunas prendidas
como etiquetas de rebajas
cuando el invierno venía.

El primer invierno
con los vientos fríos,
lo dejaba hecho un sarmiento.
Más adelante la nieve lo vestía,
y las mañanas, desde la ventana,
dejaban ver un olmo de hielo,
antes de que "se llevaran" los árboles de Navidad.

La primavera llegaba tarde a estos parajes.
Aparecían unos botones en el olmo, casi colorados,
y poco a poco las hojas, verde primavera,
volvían a las andadas...
y después
... algunas orugas verdes caían al suelo
y jugaba a tocarlas con un palito
fino y largo.
La infeliz se retorcía o se enroscaba
y soltaba el palo
y me alejaba un paso, en un susto.
Me inclinaba desde la distancia
y remiraba en cuclillas,
mientras volvía otro verano,
de los que,
luego me di cuenta,
que no hay tantos.

GatoFénix

martes, 14 de septiembre de 2010

La vuelta de la casa del tío Mahoma




Por lo que recuerdo era un grupo de gentes sencillas y pobres.
Un reducto como "la aldea gala" de personas sin pócima mágica
y el único bardo sólo poseía un violín incompleto,
cosa que podría dar para otro relato o una novela
con sólo pensar en el origen y la historia.
Allí no llegaba ninguna carretera,
sólo morían un par de veredas que
los hacía de corazón nómada-trashumante
¿quién se aventuraba por aquellas zonas
donde todavía reinaba el lobo
a llamar de madrugada?
Cuando yo cuento,
ya no quedaba nadie a quien llamar.
Junto a mi padre en el comedor-casino
del tío Mahoma, que así le llamaban por no ser muy devoto,
se juntaban unos cuatro a cinco supervivientes
de la guerra civil española y que ahora llaman "la contienda".
Mis padres era los maestros nacionales de las Escuelas
Unitarias, Unas para niños y otras para niñas
de todas las edades.
Mi padre fue miliciano de la cultura,
porque le pilló la guerra después de la mili
y tenía la carrera de Maestro de Primera enseñanza
ya terminada cuando lo movilizaron.
Los demás no sabían casi leer ni escribir.
Eran todos un poco mayores que mi padre
y vivían de lo que les daba el campo
en cada estación: espliego por ahora,
nizcalos en otoño, té de risco,
leña del monte de la limpieza...
y poco más que yo recuerde.
Alguno, casi no tenía más tierras que las que dan
para una huerta para el gasto
y como ayuda alguna mula o un borriquillo
y, tampoco todos, algunas cabras u ovejas,
que salían a pastar cuando tocaban a la dula
y se recogían por la tarde al mismo toque.
Por eso, cuando mi padre alguna tarde-noche
me llevaba con él a la tertulia y me hacía leer
a petición de ellos,
a la luz del candil,
el reverso de la hoja del día,
papel biblia, del taco del almanaque de 1954.

Y me tiene dicho mi padre, en numerosas ocasiones,
orgulloso y en el fondo sorprendido,
porque él no me había enseñado a leer,
que después de escuchar como muertos le decían:
- "Este chico es "mu" listo D. José María... Este chico es "mu" listo".
Sin embargo,
no puedo dar fé de habérselo oído entonces...

Es cierto que no recuerdo que
nadie me enseñara a leer,
¿quién iba a pensar que tuviera interés en ello?
pero ellos no lo sabían;
aprendí sólo y de lo que caía en mis manos
en la escuela a la que fuí desde que nací.
Y cuando me lo dijo me sonreí un poco,
pero no salí a tirar cohetes, que
"ser tuerto en pueblo de ciegos",
casi da "más pena que gloria"


GatoFénix
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jueves, 2 de septiembre de 2010

El tío Ántibus


En los oscuros inviernos
de noches interminables
por los años cincuenta
España era un roto de hambre,
enferma de escasez y tristeza
por las sombras que nos compartían
junto a un tizón,
a la luz de un candil.

Allí junto al olor a tabaco negro
el humo del pino verde
y a la humanidad acre
del sudor seco de todo el día,
la casa olía un poco a campo
y a tierra nevada
que lo desprendía la ropa.

Oíamos que cuando hacía viento
bajaba la bruja del Castellar
y entraba por la chimenea.
Por eso,
había que poner las tenazas abiertas.
Y así estaban,
guardándonos a todos.

Nacíamos un poco viejos,
y la risa tantas veces era
una mueca sin dientes
en la cara de un loco
superviviente.

Mi padre apuntaba un relato
sin mucho detalle sobre el baile.
Parece que en la casa del tío Mahoma
algunas noches de fiesta
los mozos bailaban y bebían
vino tinto de quellos pellejos,
al son que tocaba el violín,
con una cuerda sólo,
del tío Ántibus.

Recordé el local referido
porque alguna vez fui
a comprar vino
con mi padre.
Aquel suelo medio esponjoso,
sin embaldosar,
suave, negro y pegajoso
como una bota casi vacía.
Olía como a ensalada pocha,
con una columna en el centro,
cabrían cuatro carros,
las portadas de la calle a la derecha
tal como entramos bajando
las escaleras de su casa,
y a la izquierda una ventana
más bien pequeña.
Era un almacen multiusos.
Allí se juntaban
los mozos y las mozas
y decían que a veces,
bajaban los maquis de la sierra.
Pasó un ángel,
porque se hizo un silencio sobrecogedor.

Mi madre sabía que mi padre
alguna noche se aventuró a ir.
Hubo enfado y reproches.
Mi madre tan religiosa
y a la par celosa...
se la llevaban los demonios
con estos pecaminosos encuentros
en aquel averno.
Aunque también noté
que le daba miedo...
Todo quedó en agua de borrajas
con las risas.
Parece ser que siempre,
algún gracioso, apagaba el candíl,
en medio del baile,
y aquello hacía reír a todos
hasta llorar y yo no no veía
que fuera para tanto.

Eran noches sin televisión,
incluso sin la radio,
que un poco tiempo después
llegó a nuestra casa, y fue otro disgusto.
Mi madre dijo: Este hombre está loco.
Y yo mirándome los zapatos
que hacían que se me encarnaran las uñas,
pensé que de razón llevaba un rato
pero seguí callado escuchando todo.

GatoFénix
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sábado, 21 de agosto de 2010

El michinal.

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Entre los tesoros de mi infancia me quedo con la memoria y tengo, guardada en ella, historias vividas o contadas que, con el tiempo, no se distinguen las unas de las otras, gracias a Dios, a veces, porque así todo parece de cuento.

Mi infancia fue muy rica, dentro de la pobreza material, y una vez nacido en Cuenca, como ya sabéis, por otro relato anterior, mis primeros años, y desde que empecé a tener conciencia, transcurrieron a unos ochenta kilómetros de la capital, yendo para Teruel.

Todo pinares y espliego, resina y miel blanca de romero y oscura, de encina. El nombre es lo de menos y también me permitirá mayor libertad y despertará la curiosidad por descubrir el lugar, que es tan real como lo podamos ser nosotros.

Hace unos días estuve allí. Quería ver, lo que tenía en la memoria, con los ojos de la cara. Fue un bonito encuentro, aunque con casi todas las ausencias humanas y materiales propias del paso de los años: amigos fallecidos, el olmo de la plaza, el remozado y nueva función de la que fuera mi primera vivienda. Hubo un tiempo en el que yo no estaba y lo que sé es por lo que he podido oir. Luego nací y cuando tenía diecinueve meses, nació mi primer hermano, tantas veces me han repetido lo que nos llevamos, que, como para olvidarlo.

No es que pueda contarlo todo, de corrido, desde entonces, pero desde el fatídico día en que nació, incluso varios meses antes, cuando mi madre supo que estaba embarazada, llegó un primer trauma al cambiarme la teta, por la tetina y la leche de mi madre; por el maldito Pelargón. Todavía recuerdo el olor agrio, aunque pueda parecer mentira. Bueno, pues un día lo dejó mi madre a mi cargo.

Él gateaba entonces y yo no habría cumplido los dos años. Los detalles de cómo cayó rodando por las escaleras, mentiría si digo que los recuerdo. Los hechos, las voces que me dio, los azotes y el ejemplar castigo, lo recuerdo como si fuera hoy mismo, esta mañana ¡Vaya!

Después de recoger a mi hermano en el escalón que estuviera, que puede que llegara al rellano, yo qué sé. Lo puso en el moisés, que era como un cesto oval de mimbre, Mi madre, o lo que quedaba de ella, sofocada y colorada; fuera de si, me gritó con palabras que todavía no tenía en mi vocabulario y después de zarandearme, que casi me descuaderna, me dio unos azotes que me dolieron hasta en la nunca. Tal es así, que en este momento me empieza a resudar la frente y eso que han pasado, cincuenta y siete años...y tres meses. Empero no fue todo. No. No era suficiente dar por hecho que había sido un acto premeditado y con intenciones criminales, que incluso llegué a odiarme durante años, porque con ese síndrome de Estocolmo tan temprano, lo asumí todo a pie juntillas. De hecho, no creo que me habría ido peor de haber muerto mi hermano, como consecuencia de la caída, si exceptuamos, la pena capital, que estaba en España todavía vigente en el cincuenta y tres.

El delito debía tener, además, un castigo ejemplar, aunque por mi parte ya había quedado todo claro y no creí que hubiera más. Pues lo hubo. Me cogió en volandas, como una posesa, la recuerdo con falda de paño pardillo y con finos cuadros blancos al bies, a modo de rombos y una camisa camisera de mangas largas y hombros de farol, de botones forrados tipo guisante aplastado, abrochados hasta el cuello de solapa redondeada. Todo eso vi en los dieciocho escalones del tramo de escalera que bajaba a la calle. Pero no íbamos a la calle. Giró a la derecha y abrió la puerta del michinal, donde se guardaban las patatas tardías para el año, y allí me sentó sin cuidado alguno, sobre las mismas y cerró la puerta, como si nunca más se fuera a poder abrir.

Las patatas por aquella época del año tenían los hijos ya para ir a la mili,tan crecidos que algunos parecían un ejercito de espárragos, en posición de rindan armas, hacia la celosía de la puerta, que estaba en su parte superior y erala única luz mortecina que nos difuminaba.Yo estaba llorando desconsoladamente,esto textual, pero en silencio. Sólo grité en los azotazos, después sólo lloraba a lágrima viva.

Con los ojos anegados y la penumbre reinante experimenté la cámara oscura y cómo algunas imágenes borrosas aparecían invertidas en la pared de la derecha justo en la pequeña recuadro luminoso donde incidía la luz que entraba por la celosía. Lloraba amargamente y con las manos llenas de la tierra de las patatas, no me atrevía a enjugar la lágrimas con mis dedos y sólo alcanzaba a quitármela junto con los copiosos mocos,con la manga derecha y con el dorso de la mano izquierda.

El tiempo pasaba húmedo y terroso, no es como cuando llueve y huele a tierra mojada, era como cuando hacías un hoyo con las manos y te olías las uñas. De la desesperación y el llanto fui pasando al sollozo, a la lágrima silenciosa y caliente hasta llegar a la tristeza. Una tristeza que nunca sabré contar y por ello desisto de intentarlo. Era una tristeza no exenta de rabia y de impotencia pero en aquella penumbra me trajo la simiente de la sabiduría, una carga muy pesada a cualquier edad, aunque yo, poco a poco, la fui apreciando como un valioso don.

"No tengo a nadie" - pensé - y después de una larga pausa y varios hondos suspiros, me dije mirando a mi estómago y con la barbilla apoyada en mi pechete: "Desde este momento, seré mi padre y mi madre" Y dejé de llorar.

Fijaos qué curioso, ya no recuerdo más. No sé el tiempo que pasaría allí sentado sobre las patatas, con aquellos tallos altos y blancos como espárragos; No sé ni quien ni cuando abrió la puerta; Ni si me cogieron en brazos o si subí solo las escaleras, andando de una en una con el pie derecho y apoyado en la pared.

Todo fue distinto desde ese momento. El michinal, de debajo de la escalera, hizo las veces de crisálida y fue mi universidad de la vida en la que cursé el master sobre:"El corazón de la gente; la metamorfosis permanente"


GatoFénix


miércoles, 11 de agosto de 2010

Pipas de girasol


Un día más de camino para
envolverme y remozarme con el viaje.
Una vuelta en la carretera a Cuenca,
siempre en mis pensamientos,
siempre en los olores
atento, siempre atento
a los colores del tiempo.
Tiempos estos de girasoles.
alfombras amarillas y esmeralda.
Hoy navego entre curvas,
un festón de estos faralaes de temporada.
Domingos de la infancia,
paseos en "La Plaza de España";
un pequeño pueblo con sus soportales.
Allí en su puesto, el "Tio Perico":
pipas de girasol, guijas, cacahuetes, panchitos...
Pipas con sal...
- "Una peseta de pipas - Tío Perico"
Cuadrado de madera, sin fondo apenas,
que medía sin exactitud alguna
la rica mercancía.
Cucurucho de papel de estraza,
hecho en una revolera de muñeca diestra
con un rectángulo, de su medida:
dos reales de agujero, una peseta, seis reales,
dos pesetas y diez reales de aquellos de cobre.

Todo eso llega cuando mis ojos
esta mañana
se llenan de girasoles.
¡Cuántos "tornasoles" juntos!
¡Cuántas medidas de pipas!
Infancia de domingos
en tiempos de hambre,
"25 años de paz-iencia"
- rezaba la propaganda.
Propaganda y más propaganda...
"media de pipas" como ahora.
Y el campo mientras tanto,
por las laderas, junto a la carretera,
brillantes girasoles me contemplan.
como enormes margaritas
que deshoja el Ogro del tiempo,
el dueño del recuerdo, en el país que nunca jamás
dejó de existir en el continuo viaje
que es la vida.

Frases del paseo con mi padre:
- "Tira pa´ lante cochero,
que algún sitio llegaremos"
Y parecía una tontería, y me reía;
pero era serio aquello. Toda una huída.
Como un lapsus o como una rutina...
Mientras,
la boca se llena de saliva
sólo con el recuerdo salado e imperecedero
de aquellas pipas.
Mañanas de Domingo, después de misa.

El sol de mediodía, ya de vuelta,
parece que ha dejado su carro luminoso
en la besana.
Ha quemado unas mieses y hacia poniente,
nos muestra esplendorosa
la bella oro-grafía femenina de la Tierra.
Nada mejor para cubrirnos algún día.

GatoFénix
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viernes, 30 de julio de 2010

Cortina de avena loca



En esta imagen ves mi bicicleta.
Hay días que salimos de paseo:
respiro, pienso, miro y, sobre todo,
pedaleo.
Me gusta sentir el aire,
aunque sea el sofocante de las doce.
A veces, cuando el sudor llega a los riñones,
busco una sombra y la dejo anclada y como una veleta.
Una veleta rebelde y peleona -con el viento, claro -
Pero está en su salsa,
jugando al escondite con la evena;
La avena loca, frente al paisaje casi yerto;
un mar de abrojos y algunas amapolas sueltas
como mariposas en este aprendiz de desierto.
Juntos matamos el tiempo - es un decir, ya sabes -
con tantas dudas como pedaladas;
y mientras pienso en el sudor como respuesta,
me roza la piel avena más que loca, chalada,
y me hace cosquillas en una cuesta.

Se me para el reloj en los caminos,
entre las plantas llenas de sol, bailando sin balada
en una mañana en que las avenas locas
se me antojan;
campanas sordas en días de fiesta:
preguntas, sin respuestas.

GatoFénix
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lunes, 19 de julio de 2010

En el charco de las palabras



En el charco de las palabras
no encuentro, ahora.
Ni ahora, ni nunca faltaron las palabras
pero es verano.

El estiaje de las palabras
es como el de las aguas.

Ya sé que son más viento y fuego que agua,
pero eso viene con los tiempos,
y los tiempos de la "frescura"y del cinismo
se dan también en verano.

Por eso faltan entre otras
las palabras:
ahora, nunca, verdad, amistad,
nobleza, sonrisa y beso.

En el charquito de las palabras
hay más miedo, que vergüenza;
más odio, que amor.

Tiempos viles de gentes sin palabra.
Con palabrería, pero
sin palabra.

Algunas palabras, se han secado,
permanecen como costras de barro.
Palabras que son grietas de la piel
de las gentes solitarias;
otras suenan como el croar de ranas locas
en una caja hueca que nos "flashea" sin descanso.

Muchas palabras se han evaporado
y han ascendido al mundo inconsistente.
Perdieron su naturaleza
revestidas,
travestidas o
tan huecas que volaron.
Inventaron, luego,
otras palabras de hormigón
y las pusieron, casualmente, ahí,
donde estaban todas,
formando un malecón.
Palabras como banderas
banderas de odio en Babelia,
antesala de las guerras.

Un malecón en un charco,
un charco de diseño, claro;
mejor oscuro feísta-todo-vale:
mediocres al poder. ¡Marchando!

Todo este asunto, de las palabras,
ha producido víctimas.
Daños colaterales, dicen.
Han muerto bastantes y casi todas,
de luto andan, las que pueden andar.
Personajes con muletas y muletillas
andan haciendonos desfilar al paso de la oca.

Hace mucho, las gentes amaban las palabras y
en ese lugar de salir "al fresco" junto a un botijo
fui creciendo.
Era el charco del verano y todavía
está vivo en mi recuerdo.
Los padres dejaban a sus hijos
jugar con el agua de los dichos,
para que aprendieran a ser,
y para que no anduvieran como sordos y mudos,
"alobaos" - se decía -
y así, hablaran para entenderse,
para cooperar en la tarea
de sobrellevar la vida,
entre todos.

GatoFénix
"Hay que tener talento, pupila y salero para saber esta vida arrastrar" - dicho de mi padre q.e.p.d.

martes, 6 de julio de 2010

Amapola en el beso.



Para no caer en el abismo de tu cuerpo
permanecía suspendido de mis manos.
Era un sentir en los riñones
que me abrazaba hasta dos dedos
debajo del ombligo.
Todo era penumbra, sopor y luna.
Amapola en el beso
del contento.
Subí y bajé, tan lentamente
como pude. Tal que,
terminé
solapado a un sueño.
Enredados en la noche
nos tuvimos.
No fue tanto el tiempo como,
para contarlo,
Pero tampoco fue tan poco.
Tan poco...
que el corazón no renazca
en su recuerdo.

GatoFénix ( De vacaciones )

sábado, 5 de junio de 2010

Para Anais

Después de tanto tiempo, y con la primavera en casa,
te acercas y me hielas con tus palabras.
No es un hielo frío sino de alambre y felpa.
Una gamuza de sueños que recuerda
que ella se fue
como no podia ser de otra manera
aquella que fue tu primera casa;
una isla de agua tibia,
de color rosa y
que todavía
te arrulla
en el suspiro de un sueño
después de
un beso..
En ese momento de desmayo.

GatoFénix (Mis condolencias, Anais)


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martes, 1 de junio de 2010

Casa, donde nací



Sólo queda la portada, el frontal
los blasones, las ventanas la cáscara
el envoltorio del antiguo hospital
Casa de la Beneficencia de Cuenca
donde nací.
Me quiso dar a luz, o fue el destino,
mi madre, cerca del puente de San Antón
al lado del Júcar, desde donde se ve
en la otra ladera, una imagen pequeña
de la Viergen de la Luz, justo en el lugar
donde se apareció a un pastor,
según cuenta la tradición popular.
Unos metros más atrás se produce
el encuentro del Huécar y el Júcar.
Una confluencia que dibujaría
una "y" griega vista desde el cielo
o desde la tierra suspendidos
de la Torremangana.

Daban las seis de la mañana,
siempre me lo dijo mi madre
y es fácil creerla cuando sabes
que desde cualquier parte de Cuenca
se oye el reloj de esa torre al dar
los cuartos, las medias y las horas.
Un poco el Big-Ben de mi infancia
que marcó mi carácter,
un tanto flemático
las más de las veces.
Te diría que recuerdo la habitación
y la escena, pero no me creerás,
el hábito de las monjas y la bata del médico
sobre unas paredes encaladas
con poca luz,
dorada y azul del amanecer
de la víspera de San Juan.
La chaqueta de pana negra de mi padre
más adelante y el olor a tabaco
y su cara con la mueca del susto en ella.
La suavidad de mi madre, su pecho
y sus ojos bondadosos e incrédulos
de no merecer ese bonito milagro
que era yo.
La miraba levantando un ojo de la teta
sintiendo una cosa, que luego supe
que llamaban felicidad, y que es como
cuando parece que no notas el cuerpo
y vas a echar a volar;
o cuando tomas un bebé en tus brazos
y piensas que es de aire,
porque no pesa nada,
y así enroscado como un gusanito,
sobre el hombro izquierdo eructa,
y a la vez se le va un cuesco con sordina
que notas en tu mano tras los envoltorios.
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miércoles, 19 de mayo de 2010

Es cosa de un momento


Se despereza mayo
"pasando"
de aquellos que miren
y comprendan.

Es cosa de un momento.

Tenemos mucha suerte.
Delante de nosotros,
girando suevemente,
va a desplegar el vuelo
de su falda, la clavelina.

Marcando una verónica;
burlandose del toro,
del poco tiempo
en el ignoto giro
de las saetas destrogiras
en la esfera de la vida.
Nos va a dar...
"la vida en punto"
ese reloj fucsia de sueños
en nuestros días oscuros
desde cualquier rincón
sin aparente dueño.


GatoFénix
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viernes, 14 de mayo de 2010

Todavía hoy las nubes nos gobiernan

Hoy todavía, Mar, parece
que nunca llegará la primavera.
Del verano, ya ni te digo.
Alternamos los fríos y las nubes persistentes
con las oscuridades
nacidas
de las entrañas de la tierra.
¿Un vómito de asco?
La tierra en su conocimiento de las cosas,
contesta.
El cielo está de luto,
directamente triste,
como un fogonazo negro
que encoge el alma.
Parece que
ni la respiración se resuelve
de forma natural.
Un nudo en el estómago,
como pelota de hielo,
nos quita el sosiego
de la modorra de la siesta.
Incierto futuro sobrevuela,
se posa como un buho
y nos mira y nos calcula
como a una presa.
GatoFénix
(Mar, gracias por tus versos...en estos tiempos)


El día de después de la desvergüenza


http://espiritualidadypolitica.blogspot.com/search/label/Santiago%20Niño%20Becerra

- ¿Qué son, molinos o gigantes?
- Según se mire y depende de quién lo pregunte.
Verdaderamente son
molinos gigantescos, pura apariencia,
que no sirven sino como estampa.
Es economía sostenible, Plan-E
E, de estampa de folclore y pandereta
la más pura incompetencia,
incompetencia en estado puro
como un diamante en bruto, extraido
del saco de carbón de unos Reyes
que no vieron que mereciera otro regalo.
El último en la clase de la Verdad
puede trepar muy lejos.
Tan lejos...
como alcance su maldad;
Tanto, que Maquiavello
a su lado no hubiera llegado ni a pregonero
en una pedanía como el tamaño
del nombre que lleva.

Hay Papas Negros que dan yuyu.
(Ahora caigo en la designación de Toledo
cápital de uno de los Reinos de Taifas)
Absurda ubicación para un invento.

Hay personajes mesiánicos que
una y otra vez han reventado España.
Igual da blancas que negras, con estas damas
llevan siglos ganando los mismos
y somos los mismos los que perdemos.

Somos las víctimas daños colaterales.
Ahora nos llaman - ¡qué asco de lenguaje! - ciudadanía,
en vez de ciudadanos.
La comparsa necesaria
para montar la farsa.

Aún teniendo el espíritu del conejo,
Hispania, tampoco sé las vidas que le queden,
como al gato para levantar cabeza.

Nada es aleatorio ni casual,
muy al contrario,
todo es premeditado y alevosamente
ejecutado.
Igual que existe el espíritu de la golosina
o la mierda de pavo
existe el espíritu de la contradición,
o de la incoherencia.
Cantidad de espíritus que llenarían la Capilla Sixtina,
y puede que faltara sitio;
ocupantes de cuerpos
declarados sin espíritu alguno,
ambiciosos, fátuos, vacíos
y ateos,
practicantes sin embargo,
de la religión del Becerro de oro;
la del poder por el poder a través
del terror, la crueldad, la mentira y la venganza,
con el denominador común del odio y el miedo.
¡Mucho cuidado! Que los fanáticos
poseen la verdad absoluta y sus argumentarios
- elaborados por asesores expertos en márketing y psicología de grupos -
tienen todas las respuestas "políticamente correctas"
y todas las descalificaciones del enemigo.

Los de mi edad recordamos tanto...
hasta esto recordamos escrito en los muros precursores
de Facebook:
"Colabore con la policía, péguese usted mismo"


GatoFénix (Avergonzado funcionario español, en un arrebato de empacho de hartura de estar harto de darse cuenta de todo y tener que vivir en la dictadura de "los mismos perros con distinto collar" - con el collar que ahora se lleve, que puede ser distinto o no- según convenga incluso dentro de un momento)



miércoles, 12 de mayo de 2010

El hábito no hace al monje pero...


osé javier dijo...
Juan, tus sensaciones son un lenguaje de por sí; aunque no las 

vistieras con palabras creo que yo podría compartirlas igualmente. 

No no sé si es la habilidad linguística o más bien la gran (y 

experimentada) osadía de explorador de tí mismo lo que te convierte 

en un escritor del que no podría prescindir.

No me llamo Juan, pero podría llamarme, porque nací en la vispera 

de S. Juan. Mi abuelo y mi padre, ambos josemarias, me absorbieron 

con esa costumbre de no llamar a las cosas por su nombre.
En casa me llaman de cualquier manera y mi mujer y mi hija casi 

cada día me están rebautizando con los más peregrinos y entrañables 

nombres. Son maneras de decir: "Te quiero" con un sobrenombre.
El nombre no es lo de menos.
Igual que,
"el hábito, dicen, que no hace al monje",
pero es mentira podrída,
y yo le añado: "...pero ayuda al compañero".
En esta simbiosis de refranes que fundamenta mi experiencia.

"El hábito no hace al monje...pero ayuda al compañero" Porque un 

grano no hace granero pero "Madrid es la suma de todos".
Un abrazo
GatoFénix

sábado, 8 de mayo de 2010

Las horas muertas



Tantas horas frente a tu ventana.
Esa ventana que no habla ni mira,
en la que nos miramos
en lo otro.
Donde se funde nuestra imagen
con los textos que leemos o escribimos.
Un lugar sin tiempo donde el espacio
está fuera de nosotros
y de nuestra capacidad
de entender.
Lo otro como Caribdis
nos lleva a lo profundo y lo desconocido.
Nunca tan cerca, ni tan lejos
estuvimos.
Nos enviamos notas y estamos al lado.
Recibimos palabras del otro continente.
Faltan los abrazos y la voz no es lo que es
cuando estamos juntos.
Horas perdidas de miradas de verdad
para navegar, eso dicen,
en un barco imaginario que más parece
un ataud de soledades
buscando un puerto
donde echar el ancla.
Un ancla, casi anca de rana,
oxidada en la cubierta.
Sin uso alguno.
Como un lastre
que nos impide volar,
que es lo que nos pide el cuerpo...
nuestro gran olvidado.

GatoFénix
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lunes, 3 de mayo de 2010

Lágrimas de prímula como un pensamiento


Cuando veáis la imagen
el pensamiento habrá muerto.
La prímula, un mapa de bytes.
Ya sólo es, desde este momento,
un algo virtual.

Lágrimas del pensamiento,
mañana invernal
que acaba dejando
entrar tímidamente,
la luz de este tiempo
inconsistente.


GatoFénix

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Viajar con la luz



No supe hasta que vi esta imagen
por qué viajaba tan feliz.
Viajaba con nosotros el Arco Iris.
Se nos había colado dentro del habitáculo
y nos protegía de todo.
Nos deslizábamos envueltos en risa y musica.
Nuestro pequeño núcleo familir actual
estrenando el coche.
Estrenando sensaciones.
Sara tiene el don de hacer fotos.
Nuestra hija, las ve en su cabeza
antes de hacerlas,
y cuando está en su ser maravilloso
encuentra pequeñas cosas
que convierte en símbolos.
Captura un momento irrepetible
y lo hace sempiterno.
En esta foto, ha congelado
la lluvia de luz del Arco Iris
sobre mi mano a las dos.
Ha recogido para todos nosotros,
el gesto firme sobre el arco del volante
y una ladera de montaña alcarreña
que termina en un fondo resguardado
al abrigo del tiempo donde se refugian
unas casas con historia con su iglesia:
Un pequeño pueblo que se llama Tendilla.
Todo está ahí como el amor que rezuma
en sus abrazos y el placer de viajar juntos;
por el mero placer de viajar,
por la satisfación de ir juntos
en la ruta de ida y vuelta
a nuesta casa, como una metáfora más
de lo que parece ser la vida.
Mi mujer a nuestro lado
iba dormida porque estaba
saliente de noche ese día.
Dejemos que descanse
y que sus sueños llenen
la parte oculta de la imagen.

GatoFénix
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domingo, 2 de mayo de 2010

El sindrome

El síndrome de Diógenes informático
nos hace almacener virtualidades
por si acaso.
Por cierto,
un por si acaso que no llega
nunca.
Almacenamos y almacenamos
programas,
programitas,
programones
que no usamos;
archivos de sonido,
que no escuchamos;
archivos de imágenes,
que nunca vemos.
Un tiempo finito e irrepetible
malgastado.
La vida de verdad
al otro lado de la ventana,
nos espera llenando de sol y flores todo,
incluso con su aroma,
eternamente calladas
como en el asombro de saber
que puede
que no existan ahora,
hasta que algún ingenio electrónico
la inmortalice embalsamada en bytes
en una placa de doce megapixels.

Sabíamos que la vida es sueño
pero no,
que ahora,
los sueños bytes son.

GatoFénix

sábado, 1 de mayo de 2010

Aquel cuchillo negro de hierro


Por aquellos días recuerdo claramente el dolor de muelas que me llevaban al llanto las más de las veces. Mi madre, solícita, me socorría con medio Optalidón. El sabor amargo, inolvidable. Ese sabor cuando la maniobra de tragar aquel remedio, no funcionaba a la primera.
La boca se anegaba de una saliva gorda y amarga que incitaba al vómito. Una vez mastiqué una almendra que creía dulce y era amarga. La misma sensación me producía. También recuerdo que tras finalizar el proceso me sacudía el cuerpo un repentino escalofrío y una sensación de adormecimiento en la lengua. Lo dicho, tal como con la almendra.
Parecía muy potente aquella media gragea. Era valiente, rojo guinda, de corazón blanco y difícil de partir. Cada vez que aquello era menester, observaba el ritual, que oficiaba mi madre, mientras hipeaba y con los ojos turbios.
Como el torero se acerca al burladero a coger la espada al llegar la suerte, así ella se dirigía al cajón de los cubiertos, lo abría y empuñaba el cuchillo de cortar.
Era un cuchillo de hierro (por entonces lo creía de una pieza) hoja y mango de color negro. La hoja fina más corta que el puño y con punta redonda; el puño pesado y frío con forma de tirador de cisterna antigua pero aplastado. Parecía una de esas pompas de jabón creciendo con nuestro soplo a través del aro, antes de explotar y saltar a nuestra cara una chispita de agua fría. Se sientía como el choque de un insecto cuando iba en bici. Un cuchillo corriente pero único entre sus compañeros de cajón. Era como el misterioso garbanzo negro que aparecía en mi niñez en los "cociditos de la reina" - así los llamaba mi padre. Ahora ya no sé el tiempo que hace...¿Cuándo fué la última vez que apareció un garbanzo negro en mi plato de cocido?
En absoluto era un vulgar cuchillo. Si golpeabas con habilidad, cogido con dos dedos, sobre una encimera de piedra, sonaba como un diapasón. Debías apoyarlo sobre el dedo índice y posar levemente la yema del pulgar como buscando un imposible equilibrio. Mientras tintineaba, venía a la memoria, aunque sin imágenes reales, toda la infancia de mi madre en Motilla del Palancar. Aquel cuchillo pesado para un niño, frío al empuñarlo frío, te dejaba la mano como ajena, pero al poco tomaba el calor y parecía que hubiera crecido en la palma de la mano y al dejarlo y retomarlo luego lo sentías propio. Esas cosas no quedan en la memoria, están en la palma de la mano y las encuentras cuando pasas el pulgar de tu otra mano por el hueco cuando las unes suavemente sobre le vientre.
Era un cuchillo inútil. Siempre lo conocí viejo aunque hasta ahora no me he preguntado si alguna vez no lo fue. En los sesenta era viejo y no alcanzaba su lustre ni su forma para salir a la mesa... ni a carne ni a pescado. Al postre…ya no recuerdo si alguna vez peló fruta, y por cierto tengo, que cortaba muy bien esa punta negra de los plátanos que nos ayudaba a desnudarlos luego. Pero, claro, esto era más tarea de cocina en mesita de hule a la merienda que de comedor, porque al pobre no se le daba bien ni pelar las patatas para la tortilla.
Era un símbolo aquel cuchillo. Un objeto que llevaba en su cuerpo toda la carga triste y pesada de la historia de España. La historia de España de mi madre que me contaba muchas veces lo poquito que contaba. Mi abuelo y su padre se manifestaba en sus charlas en el Casino con sus amigos como republicano de izquierdas. Poco amigo de curas y de creencias. Él era un comerciante de azafrán que desarrollaba sus operaciones mercantiles en Cataluña. Gran viajero y personaje adelantado a su tiempo. Tenía un socio y fue propietario de un Ford T. Era una época feliz en su casa donde nunca se pasó hambre. Todo aquello la guerra lo cambiaría drásticamente.
Su madre y todos los tíos y los abuelos, por la otra parte, eran de misa diaria. Un tío cura, una monja, un guardia civil, un maestro de escuela, y así hasta once vidas diferentes según se iban marcando las circunstancias. Dos mundos opuestos cuando no incompatibles.
Mi madre, me contaba, que mientras oía los motores de la aviación, al principio de un bando y después del otro, ella merendaba pan con aceite y un tomate con sal en el patio de su casa. Parece que en el puño de ese cuchillo hubiera quedado todo el miedo de una adolescente, huérfana desde un fatídico carnaval en su infancia y de una pulmonía que se llevó a su madre cuando ella apenas estaba aprendiendo a decir "mamá". No había penicilina. En dos semanas pasó de la infancia a la madurez. Habrían pasado nueve años de aquello. Ese cuchillo todavía estaba de luto desde entonces y fue uno de los utensilios de su precaria dote.
Mi abuelo se volvió a casar. Las hermanas, que nacieron de la siguiente mujer de su padre, fueron su acupación. Ellas fueron sus muñecas y atenderlas, su juego y obligación cuando volvía del colegio o de la iglesia.
Se dedicó a estudiar todo lo que pudo hasta hacer el Examen de Estado para después terminar Magisterio, viviendo en casa de sus tíos en Cuenca.
Todo esta información se encontraba en este cuchillo, como un antecesor del Pen-Drive y bastaba empuñarlo para que se viniera encima la edad de hierro de mi familia.

© GatoFénix