miércoles, 3 de marzo de 2010

Galeria de Sap II Zapatos Cenicientos (de la calle, vaya)

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Mis pasos son tus ojos, Sap,

y mis palabras, reflejo de tus fotos.

Zapatos de princesa bailarina

que parecen de papel maché

Zapato negro invertido,

en el mejor sentido de la palabra,

botas de media caña y cremallera;

zapato blanco de ribete calado;

zapatos de princesa tímida,

ligeramente asomado bajo un contenedor;

zapato verraniego con dos equis y hebilla exterior;

desastre de zapato color lila sin cordones

y mucho trajín de vida;

dos playeras ribeteadas de rojo guinda;

zapato café con leche, corto de café;

sandalias decadentes en rosa palo;

procesión nocturna de zapatos tristes;

sandalias Marypaz;

botas después de hacer el camino de Santiago;

Muchas Cenicientas y cenicientos

dejando señuelos pero sin príncipes de cuento

tras su pista.

Tiempos estos de príncipes despistados.

Que no han leído o que les han contado

otros cuentos.

Ahí están rodando por los suelos,

tristes zapatos,

padeciendo la intemperie inclemente,

de este invierno, riguroso y meón tiempo:

imagen viva de nuestro presente.

A veces pienso que dentro de cada princesa

Hay un triste zapato abandonado y triste,

Pero no hay que fiarse.


GatoFénix

5 comentarios:

josé javier dijo...

Qué amables se aparecen en tu enumeración los pobres zapatos. Como que gracias a ti ellos también se ríen de si mismos. Y si los paraguas evocan sueños rotos, o animales nocturnos fracasados, los zapatos parecen humildes y sabios recuerdos que se libran de nuestros pies testarudos y nos cuentan su historia sin despeinarse. Si, quizá haya zapatos en las princesas, y quizá los haya también en nuestra alma. Zapatos con las suelas abiertas en una sonrisa sin dientes.

GatoFénix dijo...

Gracias a ti Jose Javier, que siempre ves más allá y descubres cuan parecidos somos también a los zapatos del poema, cada vez mas inútiles e inservibles llenos de nada mirando cómo nos pasa la vida por encima, muchas veces.

josé javier dijo...

Si, mirando, José María, pero aún llenos de nada somos tenaces en nuestra humildad, y "nos queda la palabra" como a los zapatos les queda esa presencia en el armario o detrás de la puerta, o en el suelo del recibidor, cuando te los acabas de quitar y conservan aún tu forma y te miran como siempre...

carmeloti dijo...

Me has hecho reir, me has hecho que me interrogue...

Mis zapatos, altos, bajos, de femme- fatale, de colegiala, de deportista y de mujer de oficina, de bohemia y de frivola recalcitrante, que golpean un mismo suelo...

Mis palabras son igual, se emplean, la misma, con el mismo significado, se pueden tornar dolorosa como los tacones, o reconfortantes como las babuchas de casa, aunque sean recibidas en el mismo suelo...

Mi número favorito es el 5.

Sap. dijo...

Ha sido emocionante leer tus versos, Gato. Los tristes zapatos callejeros, de pronto, se dignifican.
Muchas gracias por la parte que me toca. Te prometo que los seguiré rescatando.