martes, 6 de julio de 2010

Amapola en el beso.



Para no caer en el abismo de tu cuerpo
permanecía suspendido de mis manos.
Era un sentir en los riñones
que me abrazaba hasta dos dedos
debajo del ombligo.
Todo era penumbra, sopor y luna.
Amapola en el beso
del contento.
Subí y bajé, tan lentamente
como pude. Tal que,
terminé
solapado a un sueño.
Enredados en la noche
nos tuvimos.
No fue tanto el tiempo como,
para contarlo,
Pero tampoco fue tan poco.
Tan poco...
que el corazón no renazca
en su recuerdo.

GatoFénix ( De vacaciones )

3 comentarios:

josé javier dijo...

Precioso y perfecto en su factura, con algo de Haiku y algo de trabalenguas, o de taracea incrustada de diamantes, o de anillo de bronce trabajado por mágico artífice. Mis felicitaciones.

Sap. dijo...

Hay unas amapolas de cuneta, Gato, que entre el polvo asoman sus pétalos quemados por el sol, no ya en rojo sino en rosa mustio, como aquel papel de seda escolar con que se fabricaban las cometas.
:-)

GatoFénix dijo...

Ese papel pinocho como la piel de labios resecos y descoloridos poe el tiempo o la enfermedad.
Con ese papen pinocho nos hicieron apartarnos de las flores de verdad.
Flores momificadas,
inodoras e insípidas,
en ramos perennes y floreros de duralex,
sobre altares de yeso y purpurina
adornando santos siesos, hieráticos y opacos.

Tardes de trabajos manuales cutres y deslucidos.
Tardes hechas de retales
como este recuerdo
de papel pinocho.

Gracias a ambos por vuestros comentarios