sábado, 30 de octubre de 2010

Memento homo






En este día de Todos los Santos
recuerdo a mis padres ya fallecidos.
Ellos, junto con tantos otros,
son esos Otros anónimos Santos
que dieron ejemplo con su vida
lejos de discursos vacíos.
Pasaron por aquí
viviendo la pobreza como podían,
a veces incluso, con alegría.
Fueron aquellos que enseñaron
a quien quiso aprender,
lo que es la esencia de vivir
sin alharacas, en el comedimiento,
en la frugalidad en la discrección 
y en la fé.
Una profunda fé en Dios,
aunque se ataban al rosario 
como el que va en una galera,
haciéndose mil preguntas
sobre el infortunio, el dolor 
y la maldad de los hombres,
pero nunca desesperaron
y hasta fueron comedidos en sus quejas,
de las que pidieron perdón,
en el santo temor de Dios.

En este día en el que dicen los sabios
que se abre una ventana entre los dos planos
y parece que hubiera
un pequeño receso en su eternidad
para mirar a los que dejaron.
Quiero que encuentren
mi amor de otoño y el reconocimiento
de su esfuerzo, y del sacrificio
para que pudiera vivir mis estaciones.
Dolor nunca elegido y siempre aceptado
aunque sobrevenido, sobre todo 
en primavera y mi primer verano,
lo cual siento y pido perdón por ello.
Encenderé una lamparilla de aceite
para que su luz os guíe hasta mi casa.
Después de encontrarnos
no tengáis  pena y seguid vuestro camino
en esa Gloria que perseguisteis
toda la vida.
Pido a Dios que sea mejor incluso
de lo que imaginasteis.
Todavía me apena vuestra muerte.
No sé si hice todo lo que pude.
Me tranquiliza pensar que os habéis liberado
de este valle de lágrimas que decíais.

Nosotros, aquí, bien, gracias a Dios,
dentro de lo que cabe,
como tantas veces os he oído.
Un beso enorme para vosotros
de vuestro hijo que os quiere.

Amen, Jesús.


GatoFénix
Posted by Picasa

1 comentario:

josé javier dijo...

Hay algo profundamente liberador en la modestia de este poema.