lunes, 31 de enero de 2011

La casa un poco vacía sin Caty.

Si no han tenido la experiencia solo lean,
pero si un amigo, después de una visita,
ha dejado en tu casa
una silla o la cama tibia, pero la casa
un poco vacía, entonces
reviviras la experiencia a solas
y evocarás todo, sin que te diga.
Misterioso, el amor es,
el amor limpio de los amigos,
el amor que nutre sin pedir a cambio,
el amor de siempre, el menos llamativo
aquel que detiene los relojes,
y el que los echa a andar cuando se van.
Es ese tiempo dorado como un sueño
en el que pasan las cosas
tan deprisa,
que no entiendes nada;
tiempo dorado en el que solo sientes
como un abrazo permanente.
Hay risas mojadas en llantos
llantos sin pena llenos de gloria
que empapan los corazones abiertos.
Sonrisas que hablan sin palabras.
Tiempos dorados que se viven siempre
como un reencuentro eterno y recurrente.
Todo fluye  en ese tiempo.
Es la vida con su mejores galas;
y los compases de las conversaciones mantenidas
se inscriben en la partitura que combina, en armonía,
palabras con puntillos y silencios con calderones,
como si fueran preciosas melodías
del Mozart interior.
Si te suena lo que digo, en este momento,
llegará a tus oidos, también,
una olvidada nana...
algo parecido  a una balada,
a una cancion dulce
que mece una cuna y te acoge
en el barco del sueño.
Es un beso del alma, sin duda,
que no tiene palabra.

GatoFénix

5 comentarios:

Narci dijo...

Me llega esa balada a través de tus versos, José María, y siento ese beso del alma... y también el vacío inmenso de las ausencias.

Besos

GatoFénix dijo...

Me alegro, Narci, que te haya llegado porque has gozado de los momentos amigables de los amores menos teatrales paro más profundos.

Narci dijo...

Es cierto, Gato, afortunadamente así ha sido.

josé javier dijo...

José María, veo que sigues narrando la eterna batalla entre el tiempo y nuestros sentimientos, con deslumbrantes resultados.

GatoFénix dijo...

Sólo te diré: Gracias. Y las que tú tienes, también.
El asa de una buena jarra de cerveza,
casi fría,
tendría tanta o más enjundia para montar en la espuma pegada en el bigote y hacer que los ojos dejen de percibir
las cosas tan insulsas como son,
las más de las veces.