sábado, 16 de abril de 2011

Fractales de luz. De verdes



Se ha terminado
eso de tener un plato de escarcha
por la mañana.
El Sol de este tiempo,
que toca ahora,
se encarga de ello.

Empezamos un nuevo ciclo
con las plantas en flor o las siembras,
cada vez más escasas,
tal vez por causa de algún monte santo
interesado en ello..
Brotan con sus verdes propios cada uno:
verde trigo, verde alfalfa, verde cebada,
verde trebol, verdes salvajes
coronados de blanco y amarillo
en los matojos,
verde espárrago triguero
desterrado él  por el arado de vertedera;
verdes que los quiero todos
rematados por árboles,
árboles linderos, alamedas,
agrupados, sotobosque,
bosque bajo o monte
cubierto de pinos.

Brotes de olivos, verde y plata;
verde encina o carrasca,
adusto, serio y protector;
verdes los brotes de los pinos,
rompiendo a oler cuando la calor aprieta;
verde de la base de la jara en flor:
amarillo escandaloso de perfume intenso
que se paladea llenándote la boca de saliva;
aledaños de la carretera plagados de retama;
verde hoja del baladre fucsia venenoso;
verde aquí y allá en matas veteranas de hinojo,
pincho de berenjena, ¡marchando!

Ir al aire en la moto, de viaje,
incluso a ciento diez por hora,
da estas satisfacciones:
saber por dónde andas,
sin tener que mirar,
envuelto en los olores
que reconoces.
Acabo de dejar atrás, hace un momento,
en un hondo, después de una frenada y dos cambios,
unos kilómetros con olor a chufas:
tierra húmeda y dulce, que te lleva
al puesto de feria de antes:
cuencos de chufas encharcadas, junto a rebanadas de coco;
altramuces como botones de oro y guijas,
guijas frías, arrugadas, grises y enharinadas.
Por allí un conejo me trae el presente.
Todavía no he visto el cielo
con tanto verdor por los suelos,
tan campante.

Arriba,
las pocas nubes por poniente,
son tan blancas,
que se rompen en fractales de luz,
en el telón del infinito de este teatro real lleno de vida.

Al fondo, el infinito insondable.

Ese lugar tan distante de nuestra comprensión
que no quisieramos ir nunca,
tan cerca como estamos ahora,
del manto de mi pequeña familia, y también,
de vuestro afecto:
cálido y distante,
como el abrazo de un amigo...
perdido
al que no olvidas
y lo sientes todavía...
solo.

© GatoFénix


2 comentarios:

Anaís dijo...

Tus paseos en moto.
Tus fotos.
Tus poemas
son tan entrañables como tú mismo.
¡Magnífico!

No pude evitar recordar a Lorca y este inolvidable texto -va un fragmento-

ROMANCE SONÁMBULO

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

GatoFénix dijo...

Gracias a Dios que me lees con buenos ojos.
Un beso