viernes, 10 de junio de 2011

© GatoFénix - El hombre acunado en mentiras.

Una cosa es hacerse el tonto y otra muy distinta es
que te traten como si lo fueras.
Una cosa es guardar silencio y otra muy distinta es
que te silencien.
Perdonen que irrumpa en el poema desta forma
hablando.
Hablando sin ningún interés de ablandar nada,
desde una verdad subjetiva tan válida
como la de todos los silenciosos voluntarios
que acatan las reglas de un juego
en el que juegan sin haberlo inventado,
sin tratar de reinventar la rueda,
sin doblegarse al infortunio de la agresividad ajena,
enmascarada con miles de disfraces
y que todos ellos nos llevan, con pasmosa evidencia,
a esta perversidad de buenismo que sólo es bueno
cuando su marco de pensamiento es el único;
cuando el incienso de los mediocres, interesados
en medrar, económica o egoicamente,
los "coloca" o los instala,
diciendo que no hay, por su parte,
sino el bien de los demás pero...
no acatan las normas.
Ellos son las normas.
Ellos están por encima de la Ley.

Hay una farándula callejera lobotomizada,
hábilmente manipulada por gentes de
tan notable inteligencia como perversidad.
Los adoctrinados, nuevamente,
se han zampado a los verdaderos indignados.

Hay gentes, entre bambalinas, que organizan
la vida de los otros, todos nosotros,
a su interés y antojo con un cinismo
propio de trileros, guapos y feos,
ellos y ellas, jóvenes y no tanto que
igual siembran cizaña por la noche, un día,
que reinventan un diccionario de términos, otro,
basados en sus principios que no son sino
el final de todos los humanos, incluidos ellos,
aunque no lo sepan o no quieran saberlo.

Como ven es un escrito sin argumentario;
sin asesores, psicólogos, pedagogos,
politólogos, ni todos los ingenieros
del nuevo logos revelado,
a unos pocos iluminados,
toda vez que el Logos, Dios,
fue muerto hace tiempo para que el caos
nos dirigiera,
por donde mi imaginación, no hace tanto,
era incapaz de vislumbrar,
que nos digiriera..

El ser humano es tan complicado como simple.
Olvidemos las palabras;
vayamos a los hechos.
Miremos las obras tal como se nos muestran
de esa verdad, luego, con frialdad,
lleguemos a conclusiones:
Nuestra verdad.

La mentira parece una almohadilla
de una encajera de Almagro.
Sobre ella, se pueden tejer filigranas,
hilos, al fin y al cabo, entrelazados
con la ayuda de alfileres,
de duras cabezas de colores,
sin seso alguno, peones
que los dedos de la encajera,
en sabia rutina,
pincha en un patrón de papel,
de arriba hacia abajo,
sobre un falo lleno de paja,
entre sus muslos;
Ella, sentada a horcajadas
en silla baja de anea,
que es planta bisexual, como sabéis,
femenina abajo y masculina arriba,
formando un conjunto plástico ancestral manchego;
más exhibicionismo, ambiguo callejero, que
porno cutre a la hora de la siesta
que es la hora de la oveja del horóscopo chino
Una amazona sobre Clavileño
como cabalgando detenida en el tiempo
mientras avanza hacia abajo de las crines,
cual escritura japonesa,.
un entramado geométrico de calados
que son para jugar con el vacío
y con el aire.
Sugerente arte el de la insinuación
del objeto y del sujeto.

Una imagen que vale mucho más que mis palabras
aunque fueran mil y que nos muestra
la mentira como artificio
regido por patrones de siempre
y que igual sirve para una mantilla de blonda
para una procesión que para unas puñetas;
también vale para un ajuar completo,
para lencería íntima o para
un vestidito de primera comunión,
y hasta un tú y yo.

Podría estar callado, como muchos quisieran,
y de paso, ser dueño de mis silencios,
como he leído por ahí,
pero en este caso decido hablar,
como en otras veces,
para que vosotros seáis los dueños de lo que digo.

Una vez dicho lo dicho, cada cual recoge lo que quiere,
por lo que tampoco me hago responsable
de interpretaciones personales.
Sólo asumo ser un pequeño revulsivo
que os mueva a la reflexión.
A mi estilo.
Con patrón propio,
aunque coincidente con el de muchos
a lo largo del tiempo o en este momento,
como una alternativa a las manifestaciones
de calle y plaza, tan molestas e incómodas,
para todos,
como cutres y antiestéticas,
por lo que he visto,
que me recuerdan un pretérito anterior,
sufrido en mis carnes,
con la oscura intención
de presente continuo.

Callar, no supone haber caído en la burda trampa.
Casi veinticinco años de mala educación,
con poca ciencia y esfuerzo y mucha doctrina,
tiene estas consecuencias.

Nunca estuve en las *ultreyas
- ¡Dios Santo! no sé ni cómo se escribe -
de los cursillos de cristiandad en el franquismo,
ni en las convivencias de la acción católica,
pero me tocó verlas muy de cerca.
El mismo tufo tiene.
Esa nube fanática que ciega los ojos,
y los demás sentidos, empezando por el sentido común,
para mi es muy reconocible bajo todas las máscaras.
Todo, una copia barata de los movimientos eclesiales
que tanto denostan.
El nuevo opio de la televisión
lobotomiza al pueblo - Pan y circo - como siempre,
en el eterno trabajo, encaje de bolillos,
de involucionar al hombre, acunado en mentiras.
Recuérdense lecturas...
Fahrenheit 451
Mundo feliz de Huxley
y 1984 de Orwell
en 2011


© GatoFénix 

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