jueves, 15 de septiembre de 2011

© GatoFénix - Junto a los girasoles: reflexión.




Detenerse junto a los girasoles,
tan llenos de oro,
te llena de valor
porque es un valor seguro:
un refugio.

Efímeros y brillantes
escandalosos,
colores brasileiros,
erguidos y a la tarde
cabizbajos.

Ya no queda nada de su brillo.
El color virado en tierra
espera las máquina que los cercenen,
los desgranen y los muelan,
o los envasen con sal
una vez tostadas sus pipas.

Pipas de girasol,
que todo es empezar,
para acabar con la lengua quemada
y la garganta con tropezones
que nos dejan sin voz.

Cines de verano.
Una del oeste y otra de romanos.
Sesión doble de hace tanto,
que no sabes si ha sido cierto.

Las pisadas grumosas
suenan entre silencios.
Han ido a por gaseosa o al servicio
avanzan sobre una parva de pipas y grava,
habitada por hormigas laboriosas
que transportan, atenazadas,
cáscaras enormes para su tamaño.
Cáscaras y algún fragmento de grano.

Roncha el suelo entre silencios y recuerdas
las sandalias abordadas por piedras
como pateras y cómo dolían
en el talón o entre los dedos.

Llegaba la feria y hacía fresco
a última hora.
Yo creo que éramos felices
y no sabíamos nada del futuro.
No podíamos imaginarlo.
Un futuro imperfecto
hecho presente, que era
cada vez más inimaginable y distante;
él se desvanece según se suceden
unos momentos a otros.
Un futuro que se revela en cada uno de ellos
cada vez más cínico,
más claro, más lleno de tonterías
que nos hace parecer
las hormigas del cine de verano:
Cargados de cáscaras enormes,
a los pies de enormes gigantes
que se han comido el fruto,
mientras se entretienen mirando
otros gigantes, en la pantalla,
que luchan o se besan y mueren
de mentira, claro.

La muerte y el dolor
sólo están en el patio de butacas.

Fue piadosa conmigo la vida
cuando era niño.
- No se si es piadosa la vida con otros niños -
Con nosotros lo fue
porque el futuro no existía.
Sabíamos que nosotros era difícil
que tuvieramos futuro.
Por eso, cada día era bonito, cuando lo era.
y los demás, los otros días, eran
como los otros niños,
los que tenían bicicleta y nos miraban
como nosotros mirábamos las hormigas
en el cine de verano:
Pasaban. Subian y bajaban;
Una noria de miradas,
una noria de cangilones trasegando agua
era la vida sin futuro.
Casi como ahora.

© GatoFénix
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