miércoles, 2 de noviembre de 2011

© - A boxes, para seguir...



http://youtu.be/XTrkL66qzbE?hd=1

Hoy día dos del once del once:
día de difuntos;
ayer, Todos los Santos: de risas.
Hoy, día de los fieles difuntos,
"a boxes" para seguir la carrera.

Un punto de inflexión
en este mundo tan irreflexivo.
Donde todo es mirar para otro lado.
Donde nadie mira de frente, a la vida,
y por ende, a la muerte.
Las cosas pasan como si no pasaran.

Elegantemente caminamos
entre despojos, sin inmutarnos:
despojos de vidas, todo "cool";
impactantes escenas del reality
que nos dejan indiferentes.
Daños colaterales, dicen.

El callo del alma, quien admite que la tiene,
se hace a todo y ya, ni siente ni padece.

El hecho de pasar por boxes
es una cura en sí mismo;
una toma de tierra en este vuelo
de perdiz, corto y veloz,
que es nuestra vida.
Se levantó la veda.

Allí, en boxes, encuentras a los demás;
ese prójimo enfermo y desvalido
que mendiga una atención, "agrumado".

A veces los "mecánicos" y los "ingenieros" de turno
están para pocos miramientos.
- ¡Se siente, ya, y espere su turno!
- ... apenas alcanza a levantar la  mirada por respuesta.
Es un anciano, solo, apoyado en su bastón
que ya no manda nada...un superviviente.
Apenas se desplaza.
Apenas respira.
- ¡No puedo darle el bote para que mee!
¡No es la hora! - dice levantando la voz.

Él lleva media noche desvelado
para que no se le pasara la hora.
Su hija trabaja en Coslada y se va temprano.
Le ha llamado a las ocho desde el trabajo.
Él, ya estaba a la puerta donde los análisis.
Ahí mismo, en donde todavía no es hora.
Faltan cinco minutos - dicen y es cierto -
casi lo que puede tardar en llegar al banco del pasillo
- piensa él.
Duda si hacerlo o esperar...
orillado, callado;
con esa tristeza propia que desconcierta
y uno no atina a pensar en qué piensa.

Luego, no sé si lo sabe, se enfrentará
al problema de mear en el bote.
No, no es por lo de atinar. No,
Es que no sé si le han dicho
que no hay aseos por allí.

No hay habilitado un sólo lugar...
para cumplir con el bote.

Es bueno, dentro de lo malo, pasar por boxes.
Tanta superficialidad, tanta ignorancia,
tanto carpe diem quam minimum credula postero,
que nos hemos embrutecido.
Nos hemos quedado sin memento mori
y por ello hemos dejado, un poco,
de ser hombres.

  © GatoFénix

5 comentarios:

llarina dijo...

qué curiosa mezcla de reflexiones, imágenes...

la imagen del anciano y el bote... muy plástica, pero muy triste... no sé, eso me sugiere, y es bueno que alguien te lo recuerde.

GatoFénix dijo...

Gracias a Llarina, que me ha dado tanto...
Gracias, de verdad.

josé javier dijo...

Imaginar la propia muerte ya es una tarea casi imposible. Imaginar la de los otros se me antoja una tarea más allá de cualquier capacidad. Lo que uno ve desde fuera, un perfil joven o viejo, sonriente o adusto, es solo una sombra que oculta otras muchas. Pienso en cada uno de los pequeños detalles que construyen, justifican y mantienen vivo a un ser humano desmontándose, disolviéndose como un terrón de azúcar en agua, confundiéndose perfectamente con el tiempo y el espacio… ¿Memento mori?

GatoFénix dijo...

Preciosa la imagen del azucarillo y el agua, Jose Javier.
Desleírse, sin llegar a ser fríos en los mensajes, esa es la cuestión.
Desleírse en los otros, como el azúcar, escribiendo lo escrito, luego leído para llegar a desleído.
Bienvenido.

Carlos Durán dijo...

Que bonito...
Los ancianos, a veces, estan mucho mas vivos que los jovenes. A ellos todavia se les iluminan los ojos cuando hablan con alguien que les quiere entender.
Otros, con menos años, hace muchos que ya murieron.