domingo, 13 de noviembre de 2011

De luna, lleno.



Esta noche la luna
llena como estaba llena
parecía un agujero bien redondo
por donde escapar del día.

Parecía que al respirar y ponerse de puntillas
la cabeza fuera a salir a otra dimensión.

Gracias a Dios el arie fresco
ha bajado del cielo y nos envuelve.
Bajo la carpa de la noche
extendemos los brazos
para abarcar, la misión imposible,
de nuestra casa.

El ahogo de los otros
hiere la pared que nos circunda.
Nos replegamos
quisiéramos no pensar
y no podemos.

Esta noche la luna
llena como cuando llena
de luz la noche.
Las tejas de las casas bajas
perecen plata y terciopelo
plagada de minúsculos *diamentes.
Los *diamentes son los diamantes locos
de los hombres que habitan su interior.
Ellos salen a pasar la noche al raso.
No soportan la televisión
ni los espacios cerrados
sin horizonte.

Muchas noches,
cuando voy a tirar la basura,
me los quedo mirando
sabiendo que los míos andarán por ahí
tirados como andan los gatos libres, en celo,
por los tejados, cada vez, ambos,
más lejos de la comprensión de las cosas,
las cosas que están más allá de toda comprensión
natural.

Han visto hembras castradas que no olían a nada;
que andaban soplando y bufando.
Decían de sí, que eran mascotas.
Han visto colegas, muy pocos, es cierto,
que temían a la noche y al hambre.
Gatos que tomaban espinacas
sin ningún rubor.
Otros que patinaban en los tejados
porque les habían hecho una manicura
definitiva.
Todos, unos peluches de alcoba.
A años luz de Mica, la gata de mi infancia.
Libre, hermosa, inteligente, fiel a su hogar:
el nuestro, pero independiente.
Madre varias veces
- orgullosa como nos mostraba su camada –
Frente a mi ventana, se montaba
la danza ritual de selección,
con el mejor gato del vecindario.
Los citaba allí a todos y me brindaba,
en el rellano de la puerta, bajo mi dormitorio,
un espectáculo único de coquetería
y de elegancia mientras ellos se la disputaban
en feroz pelea.
Poco a poco iban desapareciendo de escena
aquellos que no superaron la prueba.
Finalmente, desaparecía entre los periquitos
con el vencedor.

Cada verano, en su territorio,
en madrugadas heridas por la luna llena,
la misma historia.
La historia natural de siempre,
un ritual natural, que ahora, no sé,
puede que esté penalizado.
Menos mal que son gatos, porque nosotros,
los humanos varones más nos vale prudencia.
Esta semana he leído que “invitar a una mujer
a tomar una copa” es una conducta "sexualmente coercitiva”.
"Sexuda" conclusión...¿O era sesuda?
La misma historia,
la historia natural de siempre está en peligro.
Pudo sobrevivir a los clérigos y a la inquisición,
pero no tengo yo tan seguro que pueda sobrevivir
a los psicólogos, a los “progresistas” y a los legisladores.

Los *diamentes seguirán por los tejados
el invierno que casi llega y de nuevo
los pocos gatos que queden patrullando
en las noches de enero,
al menos, lo intentarán
una vez más.

Muchos hombres y otras tantas mujeres
es posible que no tengan tanta suerte,
y tengan que ir de viaje a Tailandia o a Cuba.

© GatoFénix  (Ad maiorem Dei Gloriam, con permiso de Ramón Pérez de Ayala)

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