martes, 8 de noviembre de 2011

Noviembre otoñal y ausencias

http://youtu.be/fk4qEgHH48M

En otoño no podemos huir de nuestras ausencias.
Cada crisantemo nos recuerda
que el tiempo es oro porque cada muerte
es una ausencia irreparable.
Pensamientos de colores en las macetas.

Atrincheramos el cuerpo en los cráteres
dejados por los obuses.
Avanzamos de hueco en hueco,
cargados del fango otoñal inmisericorde
del peligro, que corremos cada instante,
de caer.
- Cualquier muerte es mala.
Incluso el desamor y el olvido -
Peligro de ...
desaparecer con un nuevo agujero negro,
en una de esas coincidencias fatales,
del minutero de ese enorme reloj
que es la nada del cosmos.

El otoño trae recuerdos como
almendras amargas. Esas,
que en su justa medida,
dan el punto al mazapán de Toledo.
Por Navidad.

Cada té en compañía,
cada silencio al lado de una chimenea,
cada fulgor nos recuerda
la fascinación por la vida.

El misterio de lo efímero nos duerme
y nos despierta simultáneamente
en cada viaje en moto;
cada mañana al amanecer
mirando al Sol y elevando los hombros
junto con la subida del Sol,
en cada respiración profunda.

Sentir que se enciende nuestra piel desnuda,
antes fría, enhiestos
al contacto de la caricia de la brisa
de unos dedos amorosos.

Todo en otoño es intenso,
de internidades.
Cosas que no pueden contarse
y, a veces, casi ni vivirse comprensiva-mente.
Como una locura, si me lo permitís,
interna y lúcida, pero liosa.

Es el chocolate negro del año.
El bombón que se derrite lentamente en la boca;
Un acabarse en la esperanza de
comenzar un ciclo más,
emergiendo, después,
en la dulce saliva...marrón,
de un beso...
sin saber el hasta cuando.


© GatoFénix

1 comentario:

Carlos Durán dijo...

Ay, melancolia...