domingo, 13 de noviembre de 2011

Un deslizarse entre viento y hojas amarillas.




Hoy tocaba pelear con el viento.
Salí de casa e inmediatamente noté su fuerza.
Carretera abierta, leve bamboleo...
soy más que una brisa, dijo.

Extendió su capote, enorme y transparente
con un fondo azul zafiro radiante
y gasas de nubes
al fondo.

Subiendo la cuesta de Tendilla, los pinares
"hacen pasillo" al agujero del espacio/tiempo
por donde transitamos en este momento.
Una verónica a izquierdas;
unos kilómetros después, chicuelinas de derechas.
Un deslizarse deja otra semana, con sus cosas,
atrás. 
Definitivamente atrás,
tan atrás que parece que no hubieran existido.
El trabajo se lleva pegado a la piel
y nos enrancia el gesto.
¡Pasan tantas cosas!
Pasan hasta enormes esferas
- como esta semana -
grandes como portaaviones, 
rozándonos.
Igual de gordas son las cargas 
que nos lanzan a diario.

Sólo, en este ruedo, solo
ruedo sin peso y sin fatiga.

Las hojas revolotean en espirales.
Las atravieso y hasta una de ellas,
milagrosamente, queda prendida 
durante unos kilómetros,
en mi espejo retrovisor derecho.
Nos miramos un instante.
Quedamos en el horizonte
sin pensar y abriendo una sonrisa
como un abanico madrileño.
En Cuenca, parada a repostar.
De paso, y porque siempre vuelvo,
lleno la maleta derecha de cosas de horno:
magdalenas con aceite de oliva, huevo y leche,
tortas de manteca sin aditivos,
bollitos como los de mi madre, aunque 
sin ralladura de limón;
y un pan, de pan y moja, consistente
horneado al fuego de la leña.

Hecho este acopio, retornamos
por el túnel del viento
- espacio y tiempo -
a ratos al sol, a ratos a la sombra
en casi una hora de ensueño,
totalmente vivo y despierto.
Son, mis ciento cincuenta y cinco kilómetros preferidos.
Vuelvo tan lleno de cosas ricas como la maleta
y tan vacío de estupideces 
como no puedo contaros.
Hoy ha sido el viento la fuerza, el maestro.
Y yo,
Más que un jinete a la grupa de un rocín,
un centauro cantando a la libertad del ser
y gracias a Dios, del estar, todavía; 
que... poder contar todo esto, 
desde mi verdad, no tiene precio.
Si todos sintieran esto...
la visión de las cosas del mundo, sería otra;
Os lo aseguro.

Qué gran peligro el miedo, 
con todas las caretas.
Qué peligrosos los eufemismos.
"Es por vuestro bien" - dicen.
Que odiosa y dañina es la mentira:
El malo con hábitos de bueno.
El cobarde travestido de prudente.
El egoísta con disfraz de generoso.
El listillo con aires de sabio.
El usurero, de honesto banquero.
El parásito erigiéndose en progresista.
Hombres y mujeres problema, 
postulándose como soluciones.
Concluyendo: qué sarta de mentiras
este otoño dos mil once.

El otoño, ahora, ha entrado con fuerza.
El Sol, con cara de agua
- que decía mi madre -
me ha dado una mañana de verdad
y de respiro.
Ya, a las puertas de Alcalá,
echo en falta una visera de beisbol.
- que debería ser resistente -
Mi cara, tras la pantalla, casi opaca
de mosquitos, se enciende.
Noto el calor en los ojos, 
tras la breve protección del párpado
y pido una pequeña sombra para llegar a casa;
pero hoy no toca ese alivio.
A las quince treinta y tres, el Sol
va de capa caída. 
Sin embargo, el viento
ha dejado, hasta el final, extendido su capote,
haciendo molinetes.
Hemos andado jugando el uno con el otro:
Él toreando y yo embistiendo
percibiendo su tacto suave una veces
y otras los envites de jugador de rugby
en mis hombros y en mi cabeza.

Al final ha habido corrida, un empate.
pero sin "petit mort", siquiera.
Otro milagro de los espectáculos taurinos
incruentos de los "recortadores",
como somos los moteros empedernidos.

Todo un placer recrearlo para vosotros.
En especial, si me lo permitís,
para mis amigos y compañeros moteros
que me siguen,
y seguro que lo entienden
todo esto como nadie.

Vss

© GatoFénix

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