jueves, 31 de marzo de 2011

Y yo que sé.


Y yo qué sé qué fue de él, mi amigo.
Si ya hace un mes que no viene por casa.
A saber...
Ha caído una duda, como una piedra,
en el lago del recuerdo, y sus ondas, no sé...
aún tardarán su tiempo
en volver a salpicar los dedos de mis pies: su puerto.
He mirado en todas direcciones
y, nada.
Incluso miré dentro de mi
y sólo encontré un vacío como una jarra de litro...
A veces pedimos silencio, lo sé
 y queremos espacio. Pero el silencio
y la distancia es un compás de espera
tan laaargo.

Un compás de espera muy largo,
lleno de silencios.
Es, un tiempo difícil de pasar,
porque la cabeza del metrónomo,
en marcha, tan arriba...
nos balancea como borrachos
 lenta y tontamente,
de un lado para otro
como una mano lánguida y tonta que busca
una excusa para espantar una mosca.

Se desajustan los compases
si los corazones no están
a un abrazo de distancia.
No miden igual el tiempo
los metrónomos disociados.
Hay peligro de insomnio,
o de jaqueca.
Hay serio riesgo de pasar
del descompás, al contratiempo.

Tiempos de marcha, al dos por cuatro,
con valses de tres al cuarto.
Ya digo, contrapunto.

Cada interrogación del compás:
un silencio de negra en el pentagrama.
Cada día de silencio redondo:
un compás perdido en ese lago vacío
que es el desconcierto
sin-sen-ti-do: cuatro por cuatro.
Cuando va para un mes, amigo,
y son ya varias hojas arrugadas
llenas de sus-piros.
- Pues, yo ¡hip! me quedo.
Como una pasadilla que se muerde la cola.
¡Prost!

© GatoFénix

lunes, 21 de marzo de 2011

Curiosidad 2011 entrada 2011 Japón

Japón 2011



Como una pesadilla transforma,
la realidad en sueño. Japón
despierta sumido en ello
triste, triste, triste...y abatido.
Sumido en la pena de una fatalidad sorpresiva,
que para algunas viejas memorias
emerge el fatum recurrente.

La enorme luna de marzo
abre esta primavera,
con el negativo de la bandera nipona.
Ya no es la luna el pergamino,
ni el tambor del llano,
ni una enorme pandereta silenciosa,
sino un gran agujero del Sino
donde no se ve siquiera,
la liebre del horóscopo chino,
conejo de la suerte huído,
quedando en perla o camafeo
sin efigie de la suerte,
o en ojo frito de merluza de ración.

Qué tino tuvo, el terremoto,
que no digo suerte,
y su estrambote marino
para sorprender a este gran pueblo
meticuloso y previsor.
Podría decirse que estaba en una mira telescópica...
y vaya si atinó.

Este GatoFénix reza porque Japón
también resurja de las cenizas.

Este gato triste, recuerda el sufrimiento
y la profunda pena de los pobres de siempre,
los de todas las comparsas,
anónimos actores de reparto
en todos estos trágicos espectaculos
que nos deparan los amos del teatro.

Hoy, creo, que han salido los últimos costaleros
del enorrme "paso del Viernes Santo" que es la Central herida..
¡Que diferente manera de inmolarse!

"En este momento Blade Runner
se marcha volando de la escena, no sé dónde.
A su lado, una criatura con fecha de caducidad...
como él.

© GatoFénix
Posted by Picasa

miércoles, 9 de marzo de 2011

Anaís... al borde de la sima.

Posted by Picasa

Anaís, al borde de la sima 
no se ve nada, pero
más allá...un poco solos eso sí,
 debe haber algo.
Un algo que no ven los ojos,
un algo como cuando bajas los párpados y,
antes del sueño,
viajas hacia unos colores brillantes,
refulgentes pero fríos.
Un viaje que no necesita alforjas,
como se dice vulgarmente,
pero que es cierto, oye;
y toda la liviandad del ser
viaja y viaja.
A veces, suda la frente y todo
tratando de llegar antes
pero el aire no te roza ni te detiene
y luego ves gente, 
amigos y familiares
o gentes desconocidas.
Hay por allí algunos animales,
pocos, 
y algunas construcciones
que no sabría describir.

Puede que esté muy lejos
o al lado, pero vuelves
en un abrir los ojos.

© GatoFénix
(Con un gato en los brazos, viajando. Justo en Las Palmas de G.C.)

miércoles, 2 de marzo de 2011

Nacer es un prodigio.


Nacer es un prodigio del amor.
Aparecer lleno de vida en un mundo
Agonizante;
llanto de vida dentro de la vida,
a veces, al filo de la muerte..

La vida duerme dentro de la madre y nos acopla,
En una sonrisa llena de lágrimas
rodando por las mejillas
tersas, de su piel de pétalo de rosa,
a estallar.

Gotas de rocío, perlas de risa de madre primípara.
Pasamos…
dentro de las cosas y fuera de ellas
buscando cómo volver… a ninguna parte,
exactamente.

Estando dentro,
parece que estamos vivos
en la petit mort
y en un susurrante: “Te quiero”
Pero pasarán años para saber
qué es el sueño del amor
o la pasión de un beso.
Eso, cuando ya no somos casi nada nosotros;
los de antes; ahora,
un yo durmiente,
semejante y lúcido,
pero más lejos del fuego y de las perlas.
Hoy lo recordaba,
como sólo se puede recordar
manipulando la carne de un aguacate maduro.
La memoria de los dedos nos traiciona
o nos lleva a una verdad experiencial
que ya sólo es una información
dormida junto al sabor
de las meriendas con cacahuetes y pan
de otros tiempos.

Nacer cada día es un milagro.
Volver a nacer mañana,
con lo que está cayendo,
casi un imposible… y sin embargo
el amor nos embriaga como antes y nos hace olvidar
que estamos en España
mal gobernados,
con unos padres de la patria,
mayormente padrastros, y todas las
madrastras y las brujas de los cuentos
que Poe no llegaría a escribir,
por falta de tiempo o porque, tal vez,
no llegó a pasarse por aquí,
cosa que no se.

El amor lo mulle todo
y de eso se aprovechan
los envidiosos protagonistas
de este carnaval, caarnaval
dos mil once…
del ganso,
el plato vacío y los dos guardianes,
del pensamiento único, supongo.

Incomprensible modernidad de opereta
vestida con la estulticia más rancia
y peluca del dieciocho apolillada y redescubierta
en un sesentayocho lleno de capullos casquivanos
que nos van a hacer viajar en calesa o
a paso de burro, no sé si catalán,
casi extinguido, o que habrá
que importarlos por cualquier ocurrencia de última hora.
Que…¡cuánto sabían los mayas con su calendario!
y… ¡cuánto Nostradamus con sus profecías!
Tanto, que es para no creerlo.
Por eso va de nacimiento este carnaval
tan triste y tan lleno de sangre que
más vale que sea por un buen parto
que alumbre un tiempo nuevo con nuevas gentes
y un verdadero orden que nazca del amor y no,
del miedo, y de la más supina maldad e ignorancia
vestida, travestida de buenas maneras, aunque
saliendo por el puño de la levita
una buena dosis de egoísmo y de codicia
de toda la vida.

© GatoFénix