viernes, 29 de abril de 2011

Los dias que pasan en tu ausencia.

Los días que pasan en tu ausencia son
las olas que lamen la playa
borrando los escritos.

Todo parece inmutable,
eterno, grabado en oro viejo...
hasta que sube la marea.
Luego: un inequívoco espejismo;
Quizás: un algo
que muere o se desvanece
al compás que marcan las olas:
el vals del olvido.

En la vida, todo es parecido.
El agua es un espejo que nos vuelve
la imagen verdadera de las cosas.
Somos algo,
mientras no suba la marea.
¿No?
Luego...
Quizás...
Nada.
O... no:
quien sabe los destinos.

A veces dura más el hormigueo
que produce la arena en el dedo,
que el mensaje escrito.
Otras veces, el recuerdo y los sentimientos
superan a la mar, y a sus olas de abanico y faralaes,
y aparecen,
con solo acercar la yema del índice...
a los labios.

© GatoFénix
PD: GatoFénix bregando con el mensaje 
"como un gato con un menudo". 
Frase de la Mancha profunda,
aprendida en mi primera madurez y ajena
a mi núcleo de lenguaje primigenio.
No obstante aquí es pertinente el dicho antiguo.
Tan laborioso es decir lo que quieres
y como quieres.
http://www.panageos.es/la-matanza-del-cerdo-en-castilla-la-mancha

lunes, 25 de abril de 2011

Resurrexit sicut dixit, Aleluya.


 Resurrexit, sicut dixit. Aleluya ...
(Tomado del Ángelus de Pascua hasta Pentecostés: Regina Caeli laetare...)



Todo esto resuena en mi cabeza desde mi infancia;
mis ojos encandilados en la luz del cirio Pascual 
Herido por cinco granos de incienso,
marcando una cruz.
Arriba y abajo, en rojo, las letras mayúsculas
del alfabeto griego: 
Alfa y Omega.
Olía inténsamente a incienso
y puedo decir que sentía 
una paz y una alegría nueva y desconocida.
Era en aquel entonces de misa en latín,
vestido con sotana roja, que me quedaba corta,
roquete blanco y, de terciopelo ajado, esclavina roja,
sujeta con presilla de metal que ajustaba al cuello
y se extendía sobre mis hombros de nueve años.

Era en aquel entonces cuando yo empecé a ser.

Todavía recuerdo que en un día
aprendí a ayudar a misa contestando en latín
a lo que decía el cura que oficiaba la misa.
Recuerdo la cara de sorpresa
de D. Antonio Núñez, que tenía el pelo negro
cortado al cepillo, como yo,
cuando le respondía sin dudar, a sus preguntas,
justo al día siguiente de entregarme el librito.

Había chicos que llevaban meses con ese aprendizaje
y todavía mascullaban las frases a trompicones.
Aquellas Semanas Santas lejanas
con la sencillez de sus Santos Oficios
me acercaron a un Jesús
que luego vi que no todos habían descubierto.
Supe ver, al margen de los ornamentos y la liturgia, 
algo más que no se manifestaba y 
quedaba diluido en el incienso y las campanillas. 
Me impresionó cuando lavó los pies a los ancianos,
recuerdo uno que tendría mi edad de ahora:
pobre, desvalido, desconcertado,
avergonzado de su pie derecho desnudo;
 en un Jueves Santo;
y cuando bendecían el agua,
que valía para todo el año y no se corrompía.

Todo era un símbolismo poético:
la resurrección misma se representaba 
encendiendo, con yesca y pedernal,
el Cirio Pascual, 
acompañando la voz 
gregorianizada: 
"Lumen Christi" 

De esa manera la vela cobraba vida
y encedía otra vela y esta a otra
y así hasta encender todas las velas que portaban los fieles.
La luz de aquel hachón me encandilaba
con sus movimientos caprichosos.
Mirarla era la manera de encontrarme a solas
ensimismado,
en una muchedumbre.
Respiraba clavicularmente;
se me llenaban los ojos de agua
y hacía que la luz, cuando parpadeaba,
me pareciera una estrella
que lanzaba un rayo
hacia mis ojos
y luego se replegaba,
y luego extendía otro
y me llegaba,
creando un mundo, a mi alrecedor y dentro de mi, 
que sólo recuerdo algo parecido,
cuando lo del sarampión...
con una fiebre altísima,
en la cama de mis padres,
mirando la lámpara de cristal, de cinco brazos
coronados por bombillas de vela,
de veinticinco watios, sobre palmatorias de cristal.
Aunque en esa ocasión terminé, con perdón,
vomitando un huevo pasado por agua que se me antojó cenar.

Lo de mirar la luz del Cirio,
una vez quieta,
ayudaba como a volar por encima
de las miserias humanas,
que ya comprendí que venían en el lote,
y es como si te fundieras en ella
y notases su calor 
en la frente, en la nuca y hasta en la cresta
de mis pelos de punta.


Resucitó como dijo. Esa es la clave.
Cuesta creerlo, que nunca se ha dado más,
pero confiando saltas al vacío,
comprendes que todo lo demás 
es pura parafernalia
pura manipulación de nuestro miedo natural

a la muerte.

Si morimos con Él,
siguiendo su ejemplo de vida,
resucitaremos con Él.

Y así lo creo, desde entonces,
aunque ya quisiera creerlo y vivirlo
tal como entonces.


Cordialmente.
¡Féliz Pascua de Resurrección, a todos! 


 © GatoFénix
PD: No me toméis en cuenta que no diga y a todas, porque para mi existen todavía las palabras comunes en cuanto a género, que nada tiene que ver esto con el sexo ni con el machismo; y paso de tonterías.



viernes, 22 de abril de 2011

Viernes Santo, ascendiendo al Gólgota.

Jesús cargando la cruz - Rafael  1516


Es el día.
El Gólgota no espera.
Siempre ha estado allí, esperándonos,
pero de hoy no pasa.
Hoy toca calvario.
Nada,
¡Que cada palo aguante su vela! Se dice ¿no?
sin embargo eso es para los barcos.
La vela de los hombres, es su cruz.
Y cada cual, su cruz personal,
la que más duele,
la que se ajusta a nuestras hechuras.

La vida: ese sastre implacable,
nos toma la medida porque,
os diré un secreto:
no hay cruces "Pret à porter"
Decimos, de boquilla que otras cruces nos vendrían mejor
o que incluso serían peores que la nuestra
y no es ni lo uno ni lo otro,
es la nuestra:
nuestro lastre y nuestro timón,
la que nos lleva, no sé si lejos,
pero sí, a nuestro puerto.
El mar que es nuestro viaje
se convierte en un camino,
pedregoso.
Hoy, tocan bastos.
Dia de horfandad,
un día que es un erial,
la soledad misma arrastrando la cruz,
pero sin la Verónica
y sin el Cirineo.
Día de reflexión para mi
que creo, gracias a Dios,
en Cristo.
Soy un católico excomulgado,
desde mi divorcio,
pero no dejo de creer en Él.
Y sufro profundamente su Pasión.
Una pasión que veo repetida
una y otra vez, de forma gratuita,
en cualquier víctima
desde nonatos a terminales;
de negros, de blancos, de cobrizos y malayos.
De todas las edades y en todas las Edades de Piedra
que podamos haber estudiado, recordado o vivido.
Siento Su muerte, como la mía propia
y esa burla, esa incultura lacerante,
esa crueldad, esa ignominia,
esa codicia, incompetencia y cinismo
que gobierna y posee a los poderosos...
desde que el mundo es mundo.

Ya sé que "no me llevo" con esto que digo.
Soy algo, ni siquiera alguien a veces,
que por no ser políticamente correcto,
existo porque soy insignificante.
De otra forma, ya hubiera terminado
en la cruz o en la hoguera moderna:
la del desprecio, la descalificación y el ninguneo.
Hay gentes que, en algún extremo duro,
han llegado y llegan a sufrir su inhabilitación:
Una muerte legal, un tormento adminstrativo;
o a una enajenación mental provocada
por un tratamiento adecuado.

Hay estructuras de poder, instituciones,
funcionarios y personal, en los medios
y con los medios y habilitaciones pertinentes
para ello.

Cada año leo la Pasión
relatada en el Nuevo Testamento.
No hace falta ser un cualificado exégeta
para llegar al mensaje.
Es un tratado intemporal sobre la crueldad humana;
sobre los políticos; las Autoridades Civiles y Militares;
el Sumo Sacerdote y las Jerarquías Judías;
Escribas y Fariseos, los Publicanos, los Levitas;
los Gobiernos Autónomos; Herodes y su corte;
Pilatos, los torturadores materiales, los verdugos,
los agitadores, los manipuladores, los cobardes, los traidores,
el pueblo sometido y manso,
los ladrones y maleantes condenados;
los turistas, el espectáculo y finalmente...
una Víctima inocente y veraz,
sin espacio en el mundo de la mentira.
Un Ser, políticamente incorrecto,
que debía desaparecer,
con todas las de la Ley.
Como así fue.

Gracias a Dios, hoy por hoy,
sigo llevando mi cruz, ascendiendo al Gólgota.
A veces, con resignación;
otras veces, a regañadientes.
Pero aún así,
aunque no la lleve con la alegría que debiera,
estoy contento de llevarla, como puedo,
que algún sitio llegaré.
Y desde luego, pido, que una vez llegue,
no tenga que decir:
Elí, Elí ¿lemá sabactaní?
y, tras el consumatum est,
luego de tres días no completos,
resucite, con Él, y que me ponga
donde no estorbe.
Eso sí, no hay prisa,
que sea cuando Dios quiera,
o sea, cuando me toque
y no tenga nada más que contaros.


© GatoFénix

sábado, 16 de abril de 2011

Fractales de luz. De verdes



Se ha terminado
eso de tener un plato de escarcha
por la mañana.
El Sol de este tiempo,
que toca ahora,
se encarga de ello.

Empezamos un nuevo ciclo
con las plantas en flor o las siembras,
cada vez más escasas,
tal vez por causa de algún monte santo
interesado en ello..
Brotan con sus verdes propios cada uno:
verde trigo, verde alfalfa, verde cebada,
verde trebol, verdes salvajes
coronados de blanco y amarillo
en los matojos,
verde espárrago triguero
desterrado él  por el arado de vertedera;
verdes que los quiero todos
rematados por árboles,
árboles linderos, alamedas,
agrupados, sotobosque,
bosque bajo o monte
cubierto de pinos.

Brotes de olivos, verde y plata;
verde encina o carrasca,
adusto, serio y protector;
verdes los brotes de los pinos,
rompiendo a oler cuando la calor aprieta;
verde de la base de la jara en flor:
amarillo escandaloso de perfume intenso
que se paladea llenándote la boca de saliva;
aledaños de la carretera plagados de retama;
verde hoja del baladre fucsia venenoso;
verde aquí y allá en matas veteranas de hinojo,
pincho de berenjena, ¡marchando!

Ir al aire en la moto, de viaje,
incluso a ciento diez por hora,
da estas satisfacciones:
saber por dónde andas,
sin tener que mirar,
envuelto en los olores
que reconoces.
Acabo de dejar atrás, hace un momento,
en un hondo, después de una frenada y dos cambios,
unos kilómetros con olor a chufas:
tierra húmeda y dulce, que te lleva
al puesto de feria de antes:
cuencos de chufas encharcadas, junto a rebanadas de coco;
altramuces como botones de oro y guijas,
guijas frías, arrugadas, grises y enharinadas.
Por allí un conejo me trae el presente.
Todavía no he visto el cielo
con tanto verdor por los suelos,
tan campante.

Arriba,
las pocas nubes por poniente,
son tan blancas,
que se rompen en fractales de luz,
en el telón del infinito de este teatro real lleno de vida.

Al fondo, el infinito insondable.

Ese lugar tan distante de nuestra comprensión
que no quisieramos ir nunca,
tan cerca como estamos ahora,
del manto de mi pequeña familia, y también,
de vuestro afecto:
cálido y distante,
como el abrazo de un amigo...
perdido
al que no olvidas
y lo sientes todavía...
solo.

© GatoFénix


viernes, 8 de abril de 2011

Amanecemos juntos




 Amanecíamos juntos y, al darme cuenta,
clavé los hierros y contuve el aliento.
Me bajé de la "burra"
y fui consciente del momento.
Tiré de cámara pocket
y aquí os lo muestro.
No tenía palabras,
El Sol detrás de un velo
tan tupido,  y liviano a la vez
que dejaba ver el contorno de su cara.
Era un buen presagio,
la luz vencía a las tinieblas.
Desde la hierba casi negra,
hasta la hierba verde primavera
todo en un golpe de vista
desde mi yo hasta el Tuyo,
que no sería éste sin Aquel.
Hoy no estaba la rosada aurora,
era más bien al fondo,
detrás del las plantas verdes,
un cálido ocre de vino tinto
derramado en mesa
de madera oscura de mesón,
y, sobre él,
una cortinas de queso
con arándanos, con un doblón
de chocolate blanco manchado,
por donde se recortan una pareja de aves
madrugadoras,
yendo para Guadalajara.

El Sol se va separando lento
de su escondrijo y se eleva
en el cielo que luego será azul
cuando a él
no podamos dirigirle la mirada.

Vuelta a la grupa y a enfilar la carretera.
Hoy hemos empezado juntos a amanecer
el Sol y yo,
conscientemente.
No sé, vosotros.
Si, no. Todo tiene remedio,
mañana;
Cada mañana.
Y os envolverá una cosa,
todo el día, que no podréis contar,
os hará sonreír, a solas
como si fuerais locos.
Antes lo sabía mucha gente,
ahora, menos;
pero es, sin más,
una de las cosas gratis
que te da la vida.

© GatoFénix

miércoles, 6 de abril de 2011

Flores nuevas


Flores nuevas cada primavera
nos llevan por los sentidos,
como de la mano,
a volver al inicio del reloj,
y nos invita a darle cuerda
con las yemas de los dedos,
sobre los pétalos
blancos y pringosos de néctar de abejas.

Las pupilas se dilatan
y se nos planta
esa sonrisa tonta del encanto,
del niño oculto por los años,
salpimentado de canas y embobado
en la madeja de enredos que le nublan la vista
cuando las olemos.
Como cuando nos olemos en las manos
ese almizcle, antes del sueño,
machihembrados.

Acariciar con la palma
y después con el dorso de la mano
nos hace sentir su nueva vida:
fresca, reciente y efímera;
vivida, con la más fresca,
reciente y nueva naturalidad
que imaginar podamos.
Sí, Señor. Hasta este año
empieza un ciclo de derroches
de color, de luz y olores,
por la gracia de Dios,
como si nada fuera a tener
fin.

Y así os lo deseo, Tal cual.

© GatoFénix