sábado, 21 de enero de 2012

Dos seras de ternura: Hoy hace tres años.




 La fachada de la casa que he visto toda mi vida.









La fachada del edificio dónde nací.


Tal dia como hoy, hace tres años, salía de la tienda.
Muy concentrado. En ese punto antes de asustado.
Con este viaje a Cuenca,
cerca del Júcar, en invierno,
celebro este precioso aniversario.
Tres años, a veces tan poco,
cuando pocos tienes,
y otras un mundo cuando parece
que todo se acaba.
Hoy lucía el sol del invierno.
El dueño de la luz dejaba todo blanco
deslumbrante, como nuevo y reciente;
alguna sal brillaba en el asfalto;
algunos campos dormían bajo 
una sábana transparente y fría
cargada de arco iris.
Todo iba rápido por Carrascosa del Campo.
El viento parecía abrazarme por los hombros.
Sentía sus enormes manos sobre los biceps:
hacía viento y yo arremetía contra él
hasta sentirlo denso como el agua.
Parecía remontar una cascada impulsado
como por una catapulta.
Todo quedaba atrás y lejos;
la mirada veía acercarse veloz el tropel de las cosas,
conviertiendo el horizonte en inminente.
Los pinos lumninosos de Jábaga,
el puerto de curvones suaves,
me iban reconciliando conmigo que:
estrenaba calzoncillos, calcetines,
bolsa de depósito que vino de la Coruña,
y un par de guantes
que eran de un amigo de Bilbao.
Al lado de esto..
La educación, la semana de trabajo,
la campaña para la elección de director,
las asambleas ad hoc, las sectas,
las reuniones vacías, la desconsideración, 
la maquinación dolosa y culposa,
el desamparo de un maestro
ante unos alumnos engañados y engañosos:
Todo lo torticero acaba capitulando.
El éxito era la integración del ser
en esta verdad.
Ante la sensación,
la atención,
el frío, 
el viento,
y la luz de este invierno de 2012,
nada era consistente.
Estos tres años han sido de cosecha.
He recogido amor y ternura en dos seras de vendimiar
enormes y preciosas.
He ido saliendo poco a poco del pozo.
El dolor me ha hecho fuerte,
más fuerte que aquel día 21 de enero de hace tres años,
que con cara de susto y con mis dudas y miedos salí,
del concesionario de Getafe, 
a la vez de con todo eso,
... como, con zapatos nuevos.
Y así ando
bendiciendo el día,
la moto,
los campos,
el sol,
el viento,
las hojas, 
el Júcar,
la fachada de toda mi vida,
y por eso al parar,
hasta una abeja se posa
como para probar la K1200GT,
como si fuera una flor de invierno
del color del Júcar
para extraer
el néctar de la vida,
el elixir de la eterna juventud...
del alma,
hasta que Dios quiera.

Os agradezco vuestra lectura.
Estéis donde estéis
en esta esfera complicada y bella
que es la Tierra.

© GatoFénix



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