domingo, 12 de febrero de 2012

Mirando desde mi ventana entrando en situación.

Desde la ventana del Departamento de Lengua en el IES

Ha llegado a mi, la carta de un funcionario, que es médico y sin más os la copio, al final de estas confesiones, siguiendo su deseo de que se difunda.
Hay alguna palabra políticamente incorrecta en ella, pero son palabras de uso común en estos tiempos tan confusos, como he venido diciendo desde hace años. 

Cada mañana cuando voy al trabajo, 
doy gracias a Dios por poder hacerlo 
De ahí la foto desde mi Departamento...
Ya se que no es ir a un lugar como hace años, 
pero a pesar de eso, voy contento a hacer 
un pequeño servicio a mis alumnos. 
Ellos son conscientes de que algunas personas 
investidas de una autoridad por delegación
y con el arropo legal correspondiente, 
los han engañado.
Algunos ya se cuestionan cosas cuando,
a raiz de un problema surgido, les dicen 
que los padres son los responsables ante la Ley.
Que son ellos, los padres, 
los que tiene la obligación de protegerlos; 
a lo que replican que ellos "son muy dueños" 
(lo que les han dicho otras veces). 
Y les vuelven a decir que, no. 
Y ellos les recuerdan tímidamente que
 ¿por qué, entonces les han dicho hace dos meses
que pueden ir a la huelga? ¿somos menores o no? 
Ahí ya se enfurecen contenidamente, claro,
 y salen por peteneras justificando lo injustificable.

Las mentiras, 
que es donde se mueve esta gente sin escrúpulos, 
no tiene límites. 
Son progresistas. Ahí es na´.
Unas veces es que sí, y otras es que no, según convenga. 
Y los chicos son niños pero no tontos.
Y yo ando con estas cavilaciones a raíz de los últimos hechos...
La multinacional del mal parece que está de parte de los prevaricadores. Es una gran internacional, preparando un gobierno global como he podido leer en diferentes sitios, "por supuesto todos desacreditados" por el poder establecido.
"Los hombres de negro" (parecidos a los de Momo) han dejado sin investigar el mayor atentado en Europa: El 11M. 
Una masacre sin precedentes con unas terribles consecuencias para España. Todos somos víctimas de esas bombas y de unas actuaciones, políticas, judiciales, policiales y todo lo que nos podamos imaginar que no salimos de nuestro asombro.
Verdaderamente cuando no se tiene conciencia, ni escrúpulos ya es terreno imposible de transitar.
La ley, se observa que, siempre es manejada con tanta habilidad e inteligencia como perversidad, tanto que estoy por pensar que sólo me confirma y me afianza en mis sospechas más oscuras. 
El Mal no descansa. 
El Mal tiene a este país en el punto de mira desde la expulsión de los judíos, por la Reina Isabel I de Castilla, mal llamada Católica.

Me reconozco culpable por haber votado al día siguiente a Zapatero, 
aun a sabiendas de que algo no encajaba; 
aun a sabiendas de que era una situación que no alcanzaba a comprender; 
todavía conmocionado porque mi hijo no murió en esos trenes 
porque, milagrosamenete se durmió ese día, e iba a coger el siguiente cercanías desde Alcalá. 

Pero todo va encajando, y da miedo que encaje, porque somos muchos, pero muchos, los que estamos pensando que si esto queda así por la pasividad del Sr. Presidente actual y sus Ministros, no volveremos a votar nunca más en la vida.

La anterior legislatura no fue algo casual. Hacía falta desmembrar España; sentar a los asesinos de inocentes en los escaños, siguiendo un pacto secreto; hacía falta montar un juicio para cerrar legalmente el caso y darle carpetazo legal; era necesario premiar a los que "colaboraran con el proyecto" y castigar a aquellos que no comulgasen con "ruedas de molino"; era necesario robar hasta lo inimaginable para comprar islas en paraísos tropicales; era necesario dejar al país como una era, con sus gentes empobrecidas, casi esclavizadas en una pobreza injusta y provocada con premeditación y alevosía; era necesario que la cultura de nuestros conciudadanos bajara a cotas nunca vistas, dándoles doctrina en vez de información desde que Rubalcaba fue Ministro de Educación; era necesario que reinara la injusticia en todo el territorio nacional y que "los mismos de siempre", unos por arriba y otros por abajo, juntos, en amor y compaña vivieran en la más absoluta impunidad; era necesario que la separatividad triunfara, que los reinos de Taifas instauraran el "divide y vencerás"; que fuera moneda corriente que "el fin justifique los medios" y así con todos los principios de Maquiavello.
No es que esté la cosa mal, es, lo siguiente.
Un incompetente y perverso impresentable, con unos cofrades en todo mediocres menos en maldad y ambición, a los que no quiero recordar, han puesto al país al borde de una guerra civil. Todavía lo está y hará falta mucha cordura por parte de todos, ante las fanáticas y bien organizadas "tropas" callejeras. 
Una guerra civil provocada por insumisos u objetores de conciencia en su mayoría, para que los demás se maten y ellos, los causantes, viendo la pelea desde el sillón de su palacete o desde la última casa "okupada".


Han desacreditado la Judicatura, unos jueces prevaricadores e injustos; Han desmantelado el estado de derecho; Han manipulado con "prisa" y demás martingalas televisivas y radiofónicas; Han incumplido las Leyes más elementales; Se han pasado por el forro la Constitución; Han desnaturalizado al hombre y han envilecido a la mujer; Su conducta demoníaca ha desacreditado, ha escarnecido, se ha burlado del derecho a la espiritualidad del ser humano.


© GatoFénix



-- Las palabras de un médico de Salamanca. 


             Resulta que en la década prodigiosa del pelotazo, cuando media España 
              se lo llevaba caliente a casa, cuando un encofrador sin estudios se 
              embolsaba tres mil euros, cuando hasta el último garrulo montaba una 
              constructora y en connivencia con un par de concejales se forraba sin 
              cuento, cuando un gañán que no sabía levantar tres ladrillos a derechas 
              se paseaba en Audi, los funcionarios aguantaban y penaban. Nadie se 
              acordaba de ellos. Eran los parias, los que hacían números para cuadrar 
              su hipoteca, hacer la compra en el Carrefour y llegar a fin de mes, 
              porque un nutrido grupo de compatriotas se estaba haciendo de oro 
              inflando el globo de la economía hasta llegar a lo que ahora hemos 
              llegado. 
              Y ahora que el asunto explota y se viene abajo, la culpa del 
              desmadre. es de los funcionarios. Los alcaldes, diputados y senadores 
              que gobiernan la cosa pública a cambio de una buena morterada no son 
              responsable de nada y nos apuntan directamente a nosotros: somos 
              demasiados, hay que ultracongelarnos, somos poco productivos. 
              Los responsables bancarios que prestaron dinero a quienes sabían que no podrían devolverlo
             tampoco se dan por aludidos. Todos los intermediarios inmobiliarios, especuladores,
              amigos de alcalde y compañeros de partida de casino de diputado provincial no 
              tenían noticia del asunto. Nosotros sí. Como diría José Mota: ¿Ellos? 
              No. ¿Nosotros? Si. Siendo así que ellos? No. Por tanto, nosotros? Si. 
              La culpa, según estos preclaros adalides de la estupidez, es del 
              juez, abogado del estado, inspector de hacienda, administrador civil 
              del estado que, en lugar de dedicarse a la especulación inmobiliaria a 
              toca teja, ha estado cinco o seis años recluido en su habitación, 
              pálido como un vampiro, con menos vida social que una rata de 
              laboratorio y tanto sexo como un chotacabras, para preparar unas 
              oposiciones monstruosas y de resultado siempre incierto, precedidas, 
              como no podía ser de otra forma, de otros 
              cinco arduos años de carrera. Del profesor que ha sorteado destinos 
              en pueblos que no aparecen en el mapa para meter en vereda a benjamines 
              que hacen lo que les sale de los genitales porque sus progenitores han 
              abdicado de sus responsabilidades. Del auxiliar administrativo del 
              Estado natural de Écija y destinado en Barcelona que con un sueldo de 
              1000 euros paga un alquiler mensual de 700 y soporta estoicamente que 
              un taxista que gana 3000 le diga joder, que suerte, funcionario. 
              La culpa es nuestra. A poco que nos descuidemos nosotros los 
              funcionarios seremos el chivo expiatorio de toda una caterva de 
              inútiles, vividores, mangantes, políticos semianalfabetos, altos cargos 
              de nombramiento digital, truhanes, pícaros, periodistas ganapanes y 
              economistas de a verlas venir que sabían perfectamente que el asunto 
              tarde o temprano tenía que petar, pero que aprovecharon a fondo el 
              momento al grito de mientras dure dura! y que ahora, con esa autoridad 
              que da tener un rostro a prueba de bomba, se pasan al otro lado del río 
              y no sólo tienen recetas para arreglar lo que ellos mismo ayudaron a 
              estropear, sino que, además, han llegado a la conclusión de que los 
              culpables son... tachan....los funcionarios. 
              Soy funcionario. Y además bastante recalcitrante: tengo cinco títulos 
              distintos. Ganados compitiendo en buena lid contra miles de candidatos. 
              ¿Y saben qué? No me avergüenzo de nada. No debo nada a nadie (sólo a mi 
              familia, maestros y profesores). No tengo que pedir perdón. No me tocó 
              la lotería. No gané el premio gordo en una tómbola. No me expropiaron 
              una finca. No me nombraron alto cargo, director provincial ni vocal 
              asesor por agitar un carnet político que nunca he tenido. 
              Aprobé frente a tribunales formados por ceñudos señores a los que no 
              conocía de nada. En buena lid: sin concejal proclive, pariente 
              político, mano protectora ni favor de amigo. Después de muchas noches 
              de desvelos, angustias y desvaríos y con la sola e inestimable compañía 
              de mis santos cojones. Como tantos y tantos compañeros anónimos 
              repartidos por toda España a los que ahora algunos mendaces quieren 
              convertir, por arte de birli-lirloque, en culpables de la crisis. 
              Amigos funcionarios, estamos rodeados de gente muy tonta y muy hija 
              de puta. 
           PD. Si alguien, en cualquier contexto, os reprocha -como es 
              frecuente- vuestra condición de funcionario os propongo el refinado 
              argumento que yo utilizo en estos casos, en memoria del gran Fernando 
              Fernán-Gómez: váyase Usted a la mierda, hombre, a la puta mierda.
SE PIDE QUE SE DIFUNDA EL MAIL; cada uno a 10 PERSONAS

Pues GatoFénix ha hecho lo propio.

2 comentarios:

Anaís dijo...

Muy bueno. Lo comparto en mi blog.
Besos de fin de finde

Josemaria Garcia Toledo dijo...

Pues me parece muy bien, Anaís. Gracias.