viernes, 9 de marzo de 2012

Desde la mañana del 11M de 2004


Desde el baño de arriba, oigo cerrarse la puerta de casa.
Sale mi hijo, un poco antes que yo, para dirigirse
al trabajo, como siempre, en el cercanías.
Me parece que va tarde - pensé -
Anoche trasnochamos hablando de cosas nuestras.
Hoy, 11 de marzo, por aquellos días, salgo de casa
oyendo la radio.
¡Dios mío! No puedo creerlo.
Ya voy descompuesto. Es uno de los trenes.
El que toma mi hijo todos los días.
Hay confusión en las noticias.
No sabe nadie, a ciencia cierta, qué ha pasado.
El hecho es que hay muchos muertos.
¿Una saca más en un nuevo Paracuellos?
Los malos siempre intervienen sin hiel.
¡Putas guerras!
No sé a dónde dirigirme.
Voy lentamente avanzando con el coche.
Hay una calma chicha.
Dudo si ir a la Estación de Renfe de Alcalá.
Lo confirman por la radio.
Uno de los trenes reventados
salió de esta estación y era el tren de mi hijo.
Me tiemblan las piernas. Detengo el coche.
Estoy en una esquina cerca de casa.
Es la esquina que dobla
para enfilar hacia la estación.
Exprimo el volante con las dos manos.
¡Me cago´n la madre que los parió!¡Cobardes!
Me tiembla la barbilla; levanto la cabeza y veo a lo lejos
que viene caminando un joven...Sí.
¡Es mi hijo que ha perdido el tren de la muerte!
Me bajo. Lo abrazo - viene descompuesto –
-         Papá cuando entraba a la estación salía el tren...
Al siguiente ya no le han dejado salir...Uhf.
Lo miré y no dije nada. Todavía las manos en sus hombros.
-         Nunca había perdido el tren, papá.
-         Sí. Es verdad…
Había vuelto a nacer.
Otros, incomprensiblemente,
estaban ese día "apuntados en El Libro" de los Muertos.
Y se abre el libro “de la Infamia”.
Primera página de una nueva manera
de hacer política.
Un broche de campaña que no desmereciera.
Y se les fue de la mano, el terror,
dejando al país en la bancarrota moral.
Para ellos, para los desafortunados muertos,
mi más profundo reconocimiento
y a sus familias, un abrazo de corazón.

Han pasado ocho años y yo,
tampoco puedo olvidar lo inolvidable.
No puedo olvidar, como me enteré más tarde,
mucho más tarde, demasiado tarde para mi conciencia,
que brindaran esa noche,
aún la sangre fresca en los vagones,
congratulándose de que ya habían ganado.
Y así fue.
Y yo, no puedo, ni podré olvidar que los voté.
Ofuscado. Lleno de rabia incapaz de razonar.
No puedo olvidar cada frase que he escuchado,
cada palabra que he leído,
cada situación que he vivido,
cada escena que haya visto, porque
desde el primer momento quise saber la verdad.
Por eso, no puedo olvidar lo que a todas luces
es una masacre planificada minuciosamente,
con un fin.

Se ha encontrado, hace unos días, un trozo del vagón
que, posiblemente, hubiera cogido mi hijo ese día.

Creen que somos tontos.
Todo atado y bien atado ¿no?
¿De qué podrida cabeza surge la idea de esta masacre?
¿Qué malnacidos se creen con derecho a cercenar la vida humana
a cambio de algo?
¿A cambio de qué, Dios mío?
Quiero saberlo.
Lo quiero saber. Porque este país no saldrá de la miseria,
si no hace, aunque tarde, todo lo posible por desenmascarar
a los “listos” crueles y cobardes canallas que lo maquinaron,
a los canallas y codiciosodeleznables que lo prepararon,
a la escoria humana de canallas que lo ejecutaron,
a los, perversos políticos que se aprovecharon, por canallas;
a los policías, jueces, abogados redes de información,
medios de comunicación de masas, artistas, militantes,
que colaboraron de mil maneras con la opacidad…
por mil y una razones despreciables.
Vendieron su alma al diablo por una parcela de poder
o por unas diecinueve monedas de Judas
donde el ego de cada uno y su fanatismo,
se erigió en el ombligo del mundo;
en el centro de una vida miserable, ruin,
que apesta
como el enorme cenicero que son,
en el que depositan, aplastadas,
las colillas rancias de cada día
desde ese 11M de 2004
que no olvidarán mientras vivan.

No podemos olvidar lo inolvidable.

Una cosa más, antes que calle.
Faltaba, este año,  profanar el día de la masacre.
Les importan una mierda los muertos.
El colofón de ocho años de mentiras, con crespón negro.

Cuando “el fin justifica los medios”…
“El muerto al hoyo y el vivo al bollo”.
“Madre no hay más que una”…gracias a Dios, digo yo.
“La calle es nuestra que somos los buenos”
Ya, poco más queda por decir…

(Se me presenta una segunda situación anti natura
 de la que soy conocedor accidental
en un pequeño lapso de tiempo
y que…
la omertad mafiosa que impera, me impide
mayor comentario)

Hay legislaturas, como regímenes totalitarios,
que nos envilecen a todos.
He nacido y vivo en un país ancestralmente envilecido
por sus dirigentes y ahora, debo decirlo,
también por gran cantidad de paisanos
configurados a partes iguales: con maldad y fanatismo.
No dejan de leerse en mi cabeza los grafittis de la dictadura:
¡Colabore con la policía, péguese usted mismo!

Ya me ven, un gato en un rincón,
siendo de la quinta de Rubalcaba.
En mi caso, he tomado el camino opuesto
a la bella Laura, por lo que le he oído
en una grabación.


Hay diferentes maneras de aplicar la imaginación.

La verdad, es un peligro peligroso. Parece.
Porque Todo sale gratis, hasta la mentira más abyecta.
Todo…
menos la verdad.
De veras
Hoy os digo.

© GatoFénix 
(aportando mi testimonio personal sin esperanza de ser creído y sin fé en el género humano pero tampoco odio)
Aquí hubiera viajado como todos los días.

2 comentarios:

Anaís dijo...

Tremendos recuerdos de aquel horror.
Creyeron y creen que nos engañaron, pero no es así y lo que bien escribiste lo demuestra.
Tu miedo lo hice mío mientras te iba leyendo. Qué malos momentos tuviste que pasar.
Y lo peor es que ahora vuelven a gobernar los mismos.
Una cosita revisa esprimo las horas que es exprimo.
Besos solidarios

Josemaria Garcia Toledo dijo...

Gracias por la x. Ya lo he corregido.
Cuando sepamos quienes han sido hablaremos. Si ves los dos links comprenderás que no sabemos nada de nada.