domingo, 20 de mayo de 2012

Amapolas virtuales en la vía.


Fue, sacar la mirada un instante de la carretera
y recibir una perdigonada en la retina, todo uno.
El impacto de su luz, las amapolas,
quedaron varios segundos sobreimpresionadas
en el lienzo del asfalto, al retornar velozmente
mis ojos a la carretera de esta mañana.
Sobre el morado ceniciento se deslizaban
abriendo camino
aquellos puntos bermellón, viajando
por delante de mi, superpuestos,
como en una pantalla de plasma del laboratorio
fisíco-militar de los invasores de Pandora.
Toda una evocación:
Avatar, metáfora y primavera.

En ese momento, por ogaño,
había comenzado a vivir la primavera.
El cielo parecía el resultado
de las baterías antiaéreas
en una incursión de bombarderos
sobrevolándonos a gran altura.
El azul zafiro radiante
parecía un enorme puesto de feria
ofertando nubes deslumbrantes, de azucar,
pomposas, y de todos los precios.
- Por cierto, nunca he probado una -

Otra vez el viento y la humedad
llega hasta mi piel, en la marcha,
colándose por el cuello y la bocamanga
en un pliegue los guantes y la cazadora.
Huele a mujer esta mañana.
Engaña el día:
"Sol con uñas". Es cierto.
Compruebo la temperatura en el reloj
y no llega a diez grados centígrados.
El Sol, jugando al escondite,
cada vez que sale da en mi rostro,
y lo enciende como con un beso,
pero sin sudor en la frente.
Huele al dulce de algunas mieses.
Decididamente, el agua tardía,
por este trozo de tierra que transito
ha borrado los ocres feos, que decía Sap,
y cada ladera, cada hondonada, cada valle
se cubre de verdes, blancos, amarillos
y algunos ababoles salpimentando el traje.

En el cuerpo conviven la galvana
y las ganas de vivir.
Pura contradicción la primavera:
el niño de cada año camino a la adolescencia;
y una nueva vuelta de tuerca en el ciclo.
Ciclo que, mirado de frente es un círculo:
el ojo de la vida;
mirado de lado, un túnel
sustentado por las nervaduras en espiral
que configuran las costillas flotantes
de la bóveda de cañón, que es y será
 nuestro tiempo de viaje.
A veces tan intemporal como un beso.
Manzanilla.
Canela y mantequilla;
Pastas de té;
miel con queso de tetilla.

© GatoFénix



2 comentarios:

Sap. dijo...

.
Hay un color no definido, Gato, el color "amapola de cuneta". No es el rojo sangrante de las flores recién nacidas sino ese rosa desvaído, polvoriento, que convierte las amapolas en las más tristes de las flores.

Josemaria Garcia Toledo dijo...

Es cierto, Sap, hay que verlas paseando a "pie de obra" con alpargatas de las que dejan sentir las chinas en la planta.