jueves, 31 de mayo de 2012

Amargura. Lo siento.

Amargura, y siento decirlo.
La palabra es clave en estos momentos.
Amargura en lo laboral, mientras veo
cómo el éxito de "la escuela de éxito",
perdonenme la ironía, es posible que no sepan
que la última corriente que gestó la ley
con unos artífices, a nadie se le oculta,
de ideología comunista
(ya sé que no se presentaban así, en sociedad)
pero bajo oscuros pactos a ellos se le cedió
Educación.
Es por eso por lo que invito, a quien lo dude,
busque donde corresponda la procedencia
de las personas responsables en el asunto
desde hace veinte años.
Esta mañana os relato, mera descripción,
mi última hora de clase con un primero.
Hablo, después de muchas llamadas al silencio,
sobre los diccionarios de la lengua.
Traigo de un armario el de la RAE; el de sinónimos;
el escolar de una editorial; el de topónimos y gentilicios;
el de dudas...y he comenzado a mostrar el de la RAE...
el murmullo seguía; tenía dos oyentes que me miraban
como los pájaros esperando recibir alimento, casi
me compadecían, pero tampoco iban a rescatarme,
eso luego podría ser comentado en tutoría
o con los alumnos ayudantes en reunión semanal
y podrían caer en desgracia...no es políticamente correcto.
He optado por callar y esperar pacientemente su atención.
Han pasado unos minutos eternos en los que se agolpaban
en mi cabeza: razonamientos varios; el balance de una vida;
la amargura de un café americano; la pregunta por las causas;
el descrédito de un maestro que no es digno de ser escuchado
y cosas que llenarían de palabras y tristezas un saco y  medio.
Pasados diez minutos intentando hablar he decidido abandonar.
He recogido todos los diccionarios de mi mesa y los he llevado
al lugar de donde los saqué. El asunto no tuvo ninguna incidencia.
Siguieron a sus cosas, sus charlas, sus notas y su vida social.

Acabo de describir un cuadro de una clase inclusiva,
término que os traduzco: a saber, una clase en la que hay
un grupo de sección bilingüe (supuestamente buenos estudiantes);
dos alumnas repetidoras; varios alumnos de otras nacionalidades
(Marruecos, Hispanoamérica, Rumanía); algunas alumnas
que repiten curso; algún alumno con perfil de tercero de primaria
y también algunos alumnos en su edad y manera,
pero desconcertados, como que no acaban de creerse lo que viven;
lo que oyen; lo que presencian; y sus correspondientes explicaciones
que entiendo que serán asombrosas.
Este grupo, ajustado a la Ley que nos gobierna en Castilla-La Mancha,
comprendería que sorprendiera a quien le quede un ápice de sentido común,
pero eso es porque no han sido objeto del adoctrinamiento adecuado
para alejarlo de las doctrinas reaccionarias y dictatoriales de la derecha.
La apisonadora de la modernidad todo lo ha allanado,
¿por qué no iba a allanar la cultura? Y todos deben haber reconocido
a los conductores de estas máquinas: Los legisladores.
Ya recordaréis que he dicho alguna vez:  De Centros de Instrucción Pública
a Centros de Engorde y Esparcimiento.

A continuación otro cuadro.
Reunión de Departamento.
Tema estrella: que se pongan las notas que merezcan los alumnos
y que no se de por aprobado a quien no esté para ello.
Tema subyacente: aumentan las horas y pudiera sobrar algún profesor.
Habilitar horas de "desdoble" para los suspensos. Abro un paréntesis:
Desdoble es mantener que los alumnos suspensos promocionen
y entonces; a parte del curso que llevan, en horas extras asisten
a clases del curso anterior.
Intervengo.
Es la enésima vez que voy a decir lo mismo.
"Como estamos cuatro profesores para los cuatro cursos de primero,
solicito que se haga el mismo examen a todos"
Respuesta:
Eso habrá que hacerlo para el curso que viene, porque,
aduce una compañera, que ella no da teoría, que sólo hace ejercicios.
Clara alusión descalificatoria envuelta en ese halo de tolerancia
que apesta.
Y me callo.
Como en la clase.

Amargura: ese sabor de café americano tibio con gota de leche de soja.
Amargura: esa clase que pasa de mi y están a sus cosas lobotomizados.
Amargura: un país desmembrado y babélico en sentido peyorativo.
Amargura: sentirse fuera de los lugares habituales.
Amargura: soledad consciente desde la incomprensión permanente.
Amargura: del odio y el revanchismo de los mediocres.
Amargura: de transitar pasillos de gentes que me ignoran porque no los temo.
La amargura de andar en la consciencia.
La amargura de andar libre como un ser anacrónico e intemporal.
La amargura de la no complacencia.
La amargura de la ingratitud sentida.
La amargura, al fin y al cabo, que emana de comprender lo que veo
y compadecerme de ello...

Pero toda amargura se sobrelleva bien
si no queda ego.
Todo silencio reconforta como mis solitarias vueltas en moto.


© GatoFénix  (Festejando el día de Castilla-La Mancha, amargamente)








2 comentarios:

llarina dijo...

Leo tardiamente tu "amargura", lo siento, porque podría haber llegado antes a decirte que en parte te entiendo, no es un consuelo,ni un alivio, pero ayuda a sentirse menos solo en momentos amargos...

Creo que todos los que vivimos los finales de curso, tenemos en algún momento, un punto de no retorno donde el agobio de los días, los exámenes, las reuniones de departamento, de etapa, de ciclo, las juntas de evaluación... el día a día, vaya, nos sobrepasa.

No es grave, pero es necesario, porque cuando tu trabajo es la educación y eres de los que tu vida es la educación, te quemas, te enfadas, te enfrentas, te desilusionas... pero aquí sí hay retorno, es una suerte porque es la única manera de mirar con un poco de esperanza el día de mañana,

ánimos un poco tardíos

Josemaria Garcia Toledo dijo...

Gracias, Llarina.