domingo, 20 de mayo de 2012

Hay milagros de primavera: mi limonero.



Terminaba el invierno y lo destapé.
El limonero había sufrido tanto
que lo creí muerto.
Los frutos viejos, antes de madurar,
estaban; unos, caídos; otros desinflados.
Parecían consumidos por la pena.
En otoño, verdes y lozanos,
a la puerta de mi casa en un macetón
ya sufrieron bastante con los ataques
de unos vecinos desconsiderados,
unos malcriados que llevan camino
de ser malnacidos, un poco más adelante.

A mi me encantan los árboles.
Amo los árboles decidídamente.
Los amo sobre todas las criaturas vegetales
y me siento cada día en deuda con ellos
porque son para mi una fuente de vida
que emana directamente del Creador.

Por ese amor y para que no sufriéramos,
ni el limonero ni yo, decidí trasplantarlo.
Detrás de mi casa tengo unos metros de patio.
Allí, en una jardinera, le busqué un sitio.
Cavamos un agujero.
Retiramos la tierra.
Lo situamos en el centro y después
lo amorteramos cuidadosamente.

Sabíamos que era un riesgo.
Se veía venir un invierno crudo y, por eso,
lo cubrimos con un tejido especial para plantas.

Quedó solo, aunque protegido de los vándalos,
solo ante las inclemencias y lejos de nuestra mirada
y de nuestros cuidos.
Verdaderamente quedó solo.

Cuando terminó el frío extremo lo destapé.
Sentía su sufrimiento y le hablé mentalmente
mientras desde el sufrimiento recorría con la mirada
cada rama, cada hoja de cartón gris y cada espinita.
Quité los frutos que permanecían en las ramas.
Lo palpé en sus ramas y en su tronco,
le abrí mi corazón y me dejé llevar.
Podé sus ramas y lo seguí regando todos los días.
De vez en cuando me acercaba a él y lo tocaba.
Había decidido sustituirlo por otro, pero
iba remoloneando; dejaba pasar días y días,
postergando su extracción de esa tierra
en la que mi mujer y yo lo replantamos meses atrás.

Esta semana, al volver del trabajo a casa,
un buen día con la sonrisa de mi mujer;
me participa que había una gran sorpresa.
Fui derecho al patio y vi el milagro.
Hacia la mitad de su tronco, el limonero ha renacido.
Ha reventado por cinco nudos en hojas preciosas;
Son, como unas llamitas verdes que suben al cielo...
igual que una oración
verde esperanza.

El limonero fénix ha vencido a la muerte:
el invierno y la soledad;
y se ha hecho un hueco en nuestra vida,
esta primavera 2012,
hasta que Dios quiera conservarnos.

© GatoFénix




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