jueves, 5 de julio de 2012

El sol de julio yendo a Priego














Las mieses doradas y la luz del Sol
llenan los ojos de este motero infatigable.
No puedo mostrar en imágenes lo que veo
porque entonces no me movería, pegado al objetivo.
Sólo unas muestras de lo que veo va en estas letras viajeras.

Hoy era la luz mi meditación de viaje.
Cada vez hay una cosa que me inunda
hasta lo más profundo de mi ser.
Hoy era la luz cegadora del Sol.
La luz que me hacía comprender a Alonso Quijano,
en su iluminación alienada de las cosas circundantes.

La luz crea un velo intangible que envuelve y vuelve
el todo cegador de este maravilloso mundo.
Saca fuera del interior de las cosas, y de nosotros,
como cosas preciadas y preciosas que somos,
un algo indefinible que trasciende los límites de la forma.
Es algo que se rompe y desaparece al usar gafas de sol.
Ese artilugio, ciertamente protege nuestros ojos, pero
nos aleja también de la sensación de estar dentro del mundo.
En moto no valen tonterías. Así como al entrar en un túnel
te desconciertas y pierdes las referencias anteriores;
debes resetear tu disco para ubicarte en un nuevo entorno;
así, permanentemente, los cristales oscuros, te devuelven
un mundo engañoso, desconocido por nuestro cuerpo,
que le hace percibir sensaciones contradictorias.


"¿Cómo este calor - se pregunta el cuerpo - si estoy en la umbría?"
En la luz, la sombra de las cosas nos acercan a su realidad.
Toda verdad es saludable para vivir intensa y saludablemente la vida;
Toda mentira, es un peligro enorme porque nos hace 
dependientes de los otros: 
Esos curiosos lazarillos que nos manipulan adecuadamente.


Esa luz devuelta por las mieses te abraza de tal forma
que sientes dentro de ti el alma del trigo
y parece que te muevas por entre los brillos verdes
de las hojas tiernas del maíz naciente
o por los alrededores de los primeros girasoles,
emergiendo gachones, tímidos y bamboleantes
conformando los últimos arriates de este jardín 
natural que me envuelve llegando a Priego.


El aire se llena de pinos a treinta grados a la sombra.
El aroma de la tierra húmeda y caliente es de chufas
y el amarillo de la jara en verde oliva nos lleva
a libar sin tocar como si abejas fuéramos
volando entre las curvas
sintiendo el aire
hecho viento
y nada,
hoy.


© GatoFénix  
   

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