lunes, 2 de julio de 2012

¡Enhorabuena, Campeones!














¡Carminis aetas!

Ultima Cumaei venit iam carminis aetas;
magnus ab integro saeclorum nascitur ordo.
iam redit et Virgo, redeunt Saturnia regna,
iam nova progenies caelo demittitur alto.
De la  Egloga IV de Virgilio

Como saliendo de un medievo, forzado y recurrente,
surge una generación de maestros que de paso
juegan al fútbol.
Ellos no lo saben, o así lo aparentan, pero son dignos
de inspirar estas y otras alabanzas porque son,
y eso no se puede aparentar, un ejemplo
de lo que podría ser España.

En esta época donde el mal
ha sentado sus reales; rojas o azules;
luego, moradas y verdes;
en esta cueva de ladrones,
capitaneados por muchos “Alí Babá”
- unos, cutres trasnochados del mayo francés;
otros, “ocupas”, greñosos o engominados –
al fin ladrones de ilusiones,
con guante blanco o con puñetas;
algunos, mochileros y otros, de maletín o valija.
Todos como emergentes de la caja de Pandora.

En estos tiempos de copas, llenos de bastos y espadas,
no han podido evitar con sus armas desalmadas
que el alma del pueblo español obtenga el oro.

No es la furia de la Roja; en absoluto, la furia de los rojos.
Es, sin duda, una manera de integrar el cuerpo y el alma,
el sacrificio y el arte, la maestría y la humildad
de una generación que marca un futuro;
un antes y un después, de cómo entender la vida.
Decía mi padre q.e.p.d. 
"Hay que tener: talento, pupila y salero para saber
esta vida arrastrar".

La cultura del pelotazo, “está fuera de banda”;
los individualismos se ponen al servicio del grupo;
los señoritos ratoneros, “ya no se llevan”, porque
nos han llevado, todos ellos, a la ruina de todos nosotros.

“El Niño” cediendo un balón generosamente,
es un gesto incomprensible para los “trepas”.
Estos españoles han vencido el ego y han llegado a la victoria.

Han llenado los estadios de arte y humildad.
Nos han transportado de la humillación y la vergüenza
de ser españoles al honor de ser su paisanos;
ellos, españoles todos, cada uno de donde
lo trajo su madre al mundo, forman
un único "pueblo", crisol de culturas,
con una preciosa bandera, llena de vida,
en la que cabemos todos y,  en la que,
una vez roto el maleficio de los siniestros,
en todos los ámbitos, seremos invencibles,
porque habremos desterrado para siempre
el “divide y vencerás” que nos ha llevado a destruirnos
entre hermanos, para que los sinvergüenzas
de todos los tiempos medraran con nuestra sangre.

© GatoFénix  (Incondicional de la Roja y al que no le gustaba el fútbol)



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