jueves, 27 de septiembre de 2012

Este otoño de 2012





Después de tanto calor
añoro las gotas de rocío
del invierno.
Empezamos pisando la alfombra
propia del otoño,
que todavía incipiente
se acerca deshojándose
por nosotros.
Las lágrimas de los árboles
por los árboles asesinados este verano
son las nuestras porque nunca estuvimos
más unidos.
Los primeros vientos fríos,
las primeras lluvias,
los primeros atardeceres
cargados de nubes de colores,
se nos acercan.
Es, sin embargo, un otoño más
de los que no puedes escapar
a ninguna parte.
El campo que transito cada vez,
me ayuda a encontrarme  solo.
En la soledad y el arrobo del movimiento,
anda el corazón latiendo pausado
describiendo curvas,
inmerso en pensamientos
llenos de gentes y de cosas;
tableros de ajedrez circulares
con todas sus piezas inmersas en esferas
de acciones y estrategias.
Parcelas verdes y amarillas;
noches y días; lunas y soles;
amapolas y trigo; maíz y girasol.
Rodando por él andan peones y alfiles;
La Reina y Yo;
caballos a la puerta de las torres
y luego piezas anónimus antisistema.
No hay piezas de dos colores,
todos son uno y juegan histriónicamente
dando apariencia de confrontación grotesca.
Sostienen el tablero: funcionarios de carrera, humildes,
hombres de bien parados y
tantos “quietos” parásitos entre ellos
que no tardarán mucho en carcomer
el propio tablero de juego.
Todo este tio-vivo, sobre nosotros.
Arriba, Más fantoches que arena
en la playa de Cádiz.
Giran.
Suben y bajan.
Ríen…
Debajo, todos nosotros,
 como hamsters roborowski,
en la rueda de su jaula: trabajando.
El otoño empieza, dejándose
racimos de gentes podridas,
nueces vanas y rebollones envenenados.

Hace falta que llueva mucho,
un pequeño diluvio vendría bien,
para lavar la cara al asfalto;
para quitar el polvo a Neptuno;
y descoscar las greñas de los leones
de  la puerta del Palacio del Congreso.
El viento hará el resto, como siempre.
Desnudará las ramas y hará caer las hojas
del almanaque caduco de nuestras vidas.
No quiero olvidar ni un momento que,
por encima de toda esta feria,
aunque nadie lo diría, hay un Dios.
Un Dios que no puedo comprender,
por otra parte naturalmente,
y en el que confío me libre, si me conviene,
de la maldad de los hombres “babelicones”
tan del momento.

© GatoFénix


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