jueves, 11 de octubre de 2012

¡Qué otoño, Señor!

 
¡Que otoño!
La estación sigue como puede
tratando de sacar su mejor sombrerillo.
Setas variadas como señoritas orientales
caminando a su cobijo de papel maché.
¡Qué importa lo que ocurra, arriba!
Su mágico crecimiento, su fragilidad,
su naturaleza extraña, sus enanitos,
todo huele a esa mezcla de infancia
sabiduría ancestral dulce y húmedo.
Este otoño de dragón de agua
sigue explorando la estupidez humana
pseudo-racionalista tan alejada
de las percepciones del misterio.
¡Qué otoño, Señor!
Cada día una prueba,
cada vuelta de tuerca un sinsentido.
Nunca ha sido tan natural negar la evidencia.
El reino de las mentiras está consolidado.
Fanatismo tras fanatismo,
los peldaños del abismo,
echan por tierra las señales que nos envían
todas las criaturas de esta tierra.
Patanes embozados en banderas,
tirando con pólvora del rey,
y no al aire sino, a dar.
A dar, a todo bicho viviente
que no lleve su camiseta.
Hay que ser cínico e inculto
y de baja catadura moral
para estar en candelero.
Padres que han tomado partido,
nunca mejor dicho,
contra los intereses educativos  de sus hijos.
Es lo último que han conseguido
en esa omertad impuesta por las centrales
internacionales de la estorsión.
¡Qué otoño, Señor, qué duro!
Sangre inocente derramada impunemente,
real o figuradamente,
tanta sangre de tanto inocente
que salpica las togas hasta las puñetas.
Fantoches y estrellas, que no, pijos ácratas,
sino, perroflautas trasnochados de mercadillo medieval.
Mediocres figurantes de este retablo clásico,
nada maravilloso, que nos agobia económicamente
y nos abochorna intelectualmente.
Todavía me sorprende ser dirigido en mi trabajo,
entiéndase un IES público,
por la incompetencia en estado puro,
a su vez, siguiendo una Ley de educación,
que si no destacaran tanto
por su perversidad doctrinaria,
lo haría por su inadecuación e ineficiencia.

¡Qué otoño, Señor! ¡Qué otoño de miedo!
Siento pena, en primer lugar por mi,
por ver lo real, como fui educado;
después, por todos los demás que andan ciegos
y no ven lo obvio... ¿cómo van a poder ver lo oculto?
educados en la ceguera por dos generaciones.

 "Ite ad fontes" que dijo Comenio.
...Y la estación sigue como puede
tratando de sacar su mejor sombrerillo.
Setas variadas como "gheisas" japonesas
caminando a su cobijo de papel maché.
¡Qué importa lo que ocurra, arriba!
(Al menos esta noche, tan cerca del Pilar)

© GatoFénix


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