lunes, 5 de noviembre de 2012

Las caras de mi otoño cercano.















Es mi otoño cercano.
Estampas interiores que muestro.
Colores sobre texturas y paisajes.
El viaje en estación de nueces y castañas.
Los níscalos son mi infancia 
de enano mudito, gruñón, sabio...
sin Blancanieves.
El penoso ahora, lleno de brujas
con verdes manzanas envenenadas 
- mordisco incluido -
brujas que nos dejan inermes;
brujas como todas las brujas
que llevan la cara llena de su propio cuento.
Asombrosos tiempos, en este otoño;
tiempos, para nada mágicos, 
que se ciernen inconscientes
de la porquería que nos nutre, a diario, 
en el trabajo, en el paro,
en la calle si hay sitio,
en nuestra casa, que es del banco;
en nuestra vida hipotecada
por aprendices de mamelucos,
fanáticos de su ego,
del que han hecho patria,
tirando de vileza, mendacidad
y cicatería.

Los níscalos, de ahora, despiertan
al Gruñón y al Sabio,
que el Mudo, lo tendré que ejercer
mañana en clase, como hace unos días
- unos cincuenta minutos esperando silencio -
o tal vez, tenga que ejercerlo en algún despacho, 
si me reclaman amablemente,
para reverdecerme
los tres monos sabios:
Oír, Ver y Callar...
invitándome a concursar
o a jubilarme porque
no soy de los suyos.

© GatoFénix

Sin imagenes, queda así en Vecindiario.

Es mi otoño cercano.
Estampas interiores que os muestro.
Colores sobre texturas y paisajes.
El viaje en estación de nueces y castañas.
Otoño entrañable
íntimo y personal otoño.
Los níscalos son mi infancia 
de enano Mudito, Gruñón-Sabio...
sin Blancanieves.
El penoso ahora, lleno de brujas
con verdes manzanas envenenadas 
- mordisco incluido - non rodean.
Brujas que nos dejan inermes;
brujas como todas las brujas
que llevan la cara llena de su propio cuento.
Brujas que algún día tuvieron aspecto de hombre.
Eslabones perdidos a caballo entre
lo uno y lo siguiente: como lobby.

Asombrosos tiempos, en este otoño;
tiempos, para nada mágicos, 
que se ciernen inconscientes
de la porquería que nos nutre, 
a diario, ya siempre...
ya en el trabajo, ya en el paro,
ya en la calle, si hay sitio;
ya en nuestra casa, que es del banco;
ya en nuestra vida hipotecada
por aprendices de mamelucos,
fanáticos de su ego,
del que han hecho patria,
tirando de vileza, mendacidad
y cicatería proverbial.

Los níscalos, de ahora, despiertan
al Gruñón y al Sabio,
que el Mudo, lo tendré que ejercer
mañana en clase, como hace unos días
- unos cincuenta minutos esperando silencio -
o tal vez, tenga que ejercerlo en algún despacho, 
si me reclaman amablemente,
para reverdecerme
los tres monos sabios:
Oír, Ver y Callar...
invitándome a concursar
o a jubilarme porque
no soy de los suyos.

© GatoFénix





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