jueves, 28 de febrero de 2013

Comida de ogros, somos

Cuando uno se pone enfermo,
en el primer momento es como
si te hubieras caído
de un vagón de ganado
en el que va la vida
con sus mercancías;
de la nada, al vacío.
Luego ves como, allí varado,
pasan un montón de cosas en tu entorno
y contemplas
disminuido, frágil encamado,
el atropello de las cosas.
Entras, en este apeadero, en contacto
con la bondad de un médico;
la frialdad insensible de algunos
y hasta con la crueldad de los perversos.
Esa panda de mediocres ascendidos,
no a los altares no,
a las poltronas VIP de la Tierra.
Ahí, por ejemplo, reina
el inspector médico, que llama a tu casa
como un inquisidor, por presunto delincuente.
Sin interesarse por tu salud te interroga
sobre el código que figura en tu baja.
Dice que no aparece tal código.
El código que ellos han puesto, dicen,
para preservar la intimidad del paciente.
Le dices lo que tienes, que te lo ha puesto el medico
en tu hojita, que las otras sólo llevan lugar para el código.
Lo excuso diciendo que en su sistema informático no aparecía tal.
Sonríe, de medio lado, diciendo que los médicos
sólo encuentran lo que quieren.
Yo, sin palabras y con la voz tomada
siento que me perdonará la vida...si quiere.
- Esto que dice que tiene son diez días
- Mire, mañana voy otra vez al médico y según vea, me dará el alta.
- Mándela pronto para que no le cuente el sábado y el domingo de baja.
Es para el descuento ¿sabe?
- Sí no se preocupe, si luego recaigo, volveré al médico.

Allí desde las alturas debemos parecerles insignificantes.
Desde ahí puede desacreditar a un colega
amable, útil y competente porque no ha puesto los números
acertados de un código, que precise nuestros males,
y los inserte o nos ensarte enteros en una cuerda o un pincho
como las bolas de la lotería, o las cuentas de un rosario;
o tal vez, como las salchichas y hortalizas
para que los ogros de siempre
hoy coman brochetas
de funcionario,
hijo y nieto
de funcionarios honestos.

© GatoFénix  (Muy agradecido a Dios, que juega con nosotros constantemente)

Hoy cumpliría 90 años mi madre (RIP), maestra Nacional como yo y en su memoria escribo esto porque no se equivocó en nada, aunque entonces no lo entendí por "progre".


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