martes, 4 de junio de 2013

¡Cumpleaños feliz, hija!

¡Felicidad y contento, Sara! Porque has nacido
como todos los seres de luz para iluminar el entorno.
Ya son dieciséis años, que compartimos el viaje.
Ha sido un bonito viaje; muy interesante, tanto que
no lo cambiaría por nada, aunque para ello
lo dejé todo.
Te agradezco que contigo aprendiera muchas cosas
entre las más valiosas: el sacrificio y la ternura;
entre las más gozosas llegar a llorar de risa con tus cosas;
entre las más penosas, la impotencia ante las insidias
de nuestros enemigos del entorno.

Te he visto crecer como una espiga de trigo
rodeada de amapolas. Ha sido muy bello vivirlo.
Esta noche, como aquella de hace dieciseis años,
despues de felicitarte he soñado que escribía esto.
Ya estaba amaneciendo...
y te tenía en mis brazos como entonces,
con un gorrito blanco como un Buda pequeñito.
Eras preciosa como una princesa de cuento,
casi cabías en mis manos. Sujetaba tu nuca
y movías tus dos piececitos con los dedos
como enano largos borrachos haciendo arpegios.

Fue una noche de una madrugada tempestuosa.
Cayeron rayos y centellas, lluvia azotando las ventanas
y vientos racheados que hacían traquetear las persianas.
Alguien se debió enfadar mucho y quiso amedrentarnos.
No pudieron y no podrán porque no somos cobardes
y sobre todo porque los Ángeles de Señor nos protegen.

Acabas de pisar el primer escalón de la escala de Jacob.
Te has empezado a conformar como una joven mujer
¡Suerte y felicidad! No desfallezcas.
La vida empieza cada día y que termine,
cuando Dios quiera, pero espero que lo quiera
después de muuuchos años.

Papá




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