jueves, 26 de septiembre de 2013

Alameda de Cervera-Los Molinos 1978-1979-->2013





Al volver a los lugares del pasado
la realidad se superpone a las imágenes
guardadas, tantos años que nos aturde.
En la nuca reside el conflicto.
Viajamos de aquí para allá
formando un círculo.
Sólo el olor y las moscas, en el centro,
hacen que todo gire y converja en la realidad.
En ese instante, en ese lugar como un déjà vu.

No hayamos dónde mirar que no esté presente el recuerdo.

Aquí, allá; a nuestros pies, en el cielo;
en las tapias caídas
en las casas "remozadas"
en las de nueva factura,
y en  las reutilizadas.
Los sueños y las imágenes reales
vuelven a chocar entre sí pero...

los sueños vencen en la batalla
que le presentan las cosas.

Los sueños no son objetos muertos,
son historias humanas con huellas dactilares
como el dolor, la sangre o las risas.

Hay personas que un día fueron un nosotros
y un montón de palabras, de verdades y sentimientos
como ese cauce que ya no tiene río y le queda el puente.
Casi todo estaba ahí pero...
ya no quedaban los árboles de la alameda;
apenas, pájaros: ni azulones, ni abubillas ni verderones;
faltaba la escuela de Los Molinos.
La suprimieron cuando me destinaron a otro lugar,
y a los que fueron mis alumnos,
les dieron una bicicleta para ir, a dos kilómetros,
hasta la escuela de La Alameda.

Eso. Faltaba mi escuela y faltaban los niños
y sobre todo Fran, el más pequeño,
con su inolvidable ocurrencia de renombrar al rinoceronte,
como "gorrino-nocerante".
Y los dibujjos de la hija del pastor en la puerta
de noche con su novio. Risa en estado puro.
De aquello queda la sede del club/palomar
de palomos de competición.
Seguro que lo ha promovido el alumno,
fanático de los palomos ladrones,
que me enseñó todos los nombres
de las clases de palomas y sus caráterísticas.
Todavía conservo el listado, por ahí, 
en una libreta de apuntes a las que las hojas ha amarilleado 
el tiempo, como sucede en todos los otoños de la vida.

© GatoFénix




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