jueves, 3 de octubre de 2013

Los sueños no pueden con el tropel de las cosas.







Los sueños
no pueden con el tropel de las cosas.
Avanzas al dormir, hacia la vigilia,
llevando sobre los hombros la almohada
con los devaneos de la noche, en alguna parte,
hacia el Gólgota de la mañana.
Caminas titubeante, queriendo recordar,
en este nuevo nacimiento, los mensajes,
pero, los otros y los genios, te apartan
bruscamente sacando de raiz los pensamientos.

De toda una historia vivida con detalle
sólo quedan vaguedades, que estoy seguro
que aparecerán como hilachas del dentífrico
en algunos momentos de la mañana...
o de la tarde, o se juntarán
con los sueños de esta noche,
o desaparecerán como desaparece
la neblina y el rocío
que descansan en la hamaca del campo
a ambos lados de la carretera que transito.

Sin embargo, aun no recordándolos,
nos deja el día contaminado
de algún sentimiento.
En ocasiones, te harán andar
liviano y alegre sin saber por qué;
y en otras, la pesadedumbre se recuesta
sobre nuestras cejas y marca unas arrugas
en la frente, como los railes de un tren
que para en vía muerta, lleno de mercancías
atadas con cuerdas y reliadas en arpillera.

Casi todo son piezas de anticuario
sacadas de la cocina o de la alcoba
donde habitó un niño con tu nombre;
otras, sin remitente conocido,
parecen fardos sin esqueleto
envueltos "en tela de juicio,
que no hay tela más amorfa ni resistente,
valga la contradicción de la arpillera",

como ejemplo.

Junto a ello,  paquetes simétricos en cajas
de cartones resistentes y apilables, adquisiciones
costosas a lo largo de la existencia y que apenas sabes
qué son a estas alturas de la vida.
Todo esto en el frontispicio del tejado,
invisible ante el espejo pero totalmente presente
al cerrar los ojos.

© GatoFénix

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