lunes, 28 de octubre de 2013

Pudiera ser este otoño








Pudiera ser este otoño el otoño de mis otoños,
pero sea como fuere, acaba de comenzar el de 2013
que es el último por el momento.

No puede la dulzura del otoño y sus frutos
con nuestra amargura.
En el saquito de almendras marcona o llargueta que nos da
periódicamente la vida; de vez en cuando,
viene camuflada, entre todas, una amarga sorpresa
que solo conocemos cuando la masticamos.

Poco a poco vemos en la vida que aumenta la frecuencia,
"cada vez más amargas", pensamos, y nos volvemos reticentes ante ellas;
desconfiamos de cada una, de forma que...
 las probamos todas meticulosamente.

Tampoco la alfombra mágica de los paseos junto al río
nos lleva como otros otoños a la senda del encuentro.
Es tal la amargura general que me pregunta mi hija:
- "Papá ¿qué le pasa  la gente? ¿porqué están tan tristes mis amigos?"
No sé qué responder. Son de primero de bachillerato, y vuelo hacia atrás.
La abolición del hombre me dio la respuesta.
La mala educación de la marea verde los ha herido de muerte.
La ignorancia, los fanatismos y el arte del engaño
han hecho que ya no esperemos otra cosa que almendras amargas.
Hasta las hojas, en vez de doradas, este otoño,
 caen podridas.

Pudiera ser este otoño,
tal vez el otoño de mis otoños,
pero sea como fuere ahora,
toca afrontarlo observando...
haciéndose el tonto,
esquivando mentiras como venablos
y miradas a diestra y siniestra de prójimos ajenos,
"sepulcros blanqueados" en realidad,
sepultureros de sueños,
harapos engalanados, fantasmas mediocres,
presentando de nuevo "El retablo de las maravillas".

Hay un tropel de figurantes, seres-anuncio, desalmados todos,
asexuados de género violento camuflado; tatuados
con las innumerables marcas de la bestia en esto que viene a ser
entre café-teatro y circo romano del reality show:
"La vida como espectáculo, sin más"
Y mientras vegetando y "polinizando"
del Mundo feliz de Huxley


                                                                             © GatoFénix

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