miércoles, 13 de noviembre de 2013

Pequeño paseo...vuelta y vuelta.

Esta mañana de otoño he vuelto a salir sin rumbo
sobre mi vieja RS del ochenta y siete.
Con ella, va para veintiseis años, juntos.

Los años no nos han perdonado a ninguno,
en cuanto a estructura y diseño;
tampoco "el motor", el de los dos, está
para hacer competiciones.
Cumplimos sobradamente las espectativas y juntos
hemos aprendido a conocernos tanto...
y sin hacernos daño, que no parecemos dos cosas,
sino una.
Hemos terminado contagiandonos y ella es:
como de carne y hueso y yo como de hierro.

Los dos, hemos pasado tantas cosas, que de contarlas,
parecerían mentiras - hasta a mi me lo parecen -
y por eso seguimos juntos.
Tenemos el mismo corazón y ahí,
os tengo que decir, amigos, que no pasa el tiempo.
No ha caido ni un grano de arena
del piso de arriba al de abajo, en el reloj de cristal
que parece un ocho o un "infinito".

Esta mañana, sin un destino,
con el solo objetivo de volver a casa lleno,
alegre y limpio.
Esta mañana, en mi vuelta, he visto otra vez,
- como si fuera la primera -
los dedos invisibles del viento
deshojar los árboles amarillos
en el eterno: "me ama, no me ama"
de la nana de los enamorados.

Esta mañana he sentido en mis flancos
como el roce del lomo ronroneante de un gato.
Era sin duda el viento que andaba peinándolo todo,
desde los matojos hasta las copas de los álamos
que ocultaban un pequeño río.

El viento, esta mañana, no solo desprendía las hojas
y las convertía en mariposas atolondradas;
el viento, se estaba llevando el alma de las plantas,
por un tiempo claro; para que vean mundo;
para que puedan volver, más adelante, llenos de vida.

Y unos segundos envidié a las plantas en su perfección y armonía con todo.
Por un instante fuimos hojas o mariposas,
o nada, vaya usted a saber.
Felices, y hablo por ella.
Tal vez felices,
deslizandonos sin prisa
como sin peso. 

Ahora toca esto:
la vecina desnudez de la verdad se avecina.
Está al caer la cortina:
la mentira.
Por eso, el "tio-vivo" de esta feria de estaciones
aún pasando una y otra vez por "lo mismo"
cada vez nos parece diferente.
Es la ilusión, lo permanente.
La que se nutre de la continua mudanza.
Ella, la verdad oculta de las cosas.

Van ventiséis otoños dando paseos
en el mismo caballito negro que me enamoró un día
y que, vuelta tras vuelta, me renueva;
y en cada sube y baja, en cada trazada,
con el noble y elegante porte
de un "ladrillo volador" hace que me sienta...
un superviviente.

 © GatoFénix (13 del 11 del 2013)



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