viernes, 23 de agosto de 2013

En Miranda de Ebro. Una tarde con mi amigo: "Doc". "El arco del triunfo de las cosas sencillas"





Es la metafora de la vida.
La luz del Sol de la tarde...
viajando al membrillo.
La taciturnez ante él,
el Sol, el agua y el momento.
Los cables de la vía.
La puente vacía, sin Carpanta.
"El arco del triunfo de las cosas sencillas".
El río Ebro de nuestros orígenes:
Madre y padre de todos.
Su curso: el " PANTA REI "
El espejo y el reflejo.
El pequeño Arco Iris...
A la caida de la tarde
y el hombre, al fin,
en una pausa...
Divina.

© GatoFénix

lunes, 19 de agosto de 2013

Después de la metamorfosis vendrá la calma.


Como todos los años, puntual
ha venido ha visitarme, esta mariposa.
Este verano tan sofocante ha tardado más.
Puede que el reloj de las mariposas
también se esté averiando por contagio.
La vi y me alegré. Me dije:
"Vaya, parece que no todo está perdido"
"También tengo al olivo con aceitunas"
Sí...y más cosas.

Ando cabizbajo, ya sabéis,
escribo poco en el blog, pero tomo notas
que luego formarán historias, más adelante.
Verdaderamente sigo un proceso natural,
como la mariposa en su metamorfosis,
pero...hacia mi jubilación, no os asustéis.

Lejos de ser un tiempo gozoso,
 de descanso merecido, dicen.
Me suena a despedida, sin más.

Los que son la mitad de jóvenes que yo,
dicen que me envidian, que querrían
"estar en mi lugar", pero dudo mucho
que quieran decir "en mi pellejo".

En septiembre, seré como un exiliado,
 político-laboral más, y pasaré a engrosar
las listas de excluidos del sistema.
Salir por la gatera es lo que me toca ahora.
Aunque lo grave de esto no es por dónde se salga
sino el que ya estás fuera, como un deshecho,
que es los que somos en realidad, un estobo.
Somos el colectivo de profesionales
que no hemos dado el salto a la "modernidad";
a inscribirnos en el lobby del armario,
del psrtido politico con posibilidades,
o si no, al club de pedigree, al menos,
como el de los yayoflautas.
Como veis...
Me ocupa más el silencio que las palabras.
Ando ya recluido como un "preventivo",
a la espera del otoño.
El calor, mi carcelero, me impide
salir, como antes, montado en un hierro
casi volando en el tiempo
buscando la vida de la madre tierra
en todas sus estaciones y caminos.
Porque
en esta adormidera en que me encuentro
he pasado, de las amapolas,
a los trigales segados
y a los girasoles,
de una a otra salida en moto.

Ayer, en la de los girasoles,
 salí con "la Negra" o "Pepa",
lo uno por su color,
lo otro por S. José de Calasanz,
que es cuando la compré en 1987,
y le dimos una larga cambiada
a este viaje que es la vida.

Gastamos todo un depósito de gasolina, sin parar.
Iba gozosa, firme y trotona como de joven
y yo reflexionaba que ambos
hemos envejecido juntos alegremente,
sin apenas darnos cuenta.

Ha sido durante tantos años, para mi,
como la ruedecita de los hamster,
donde se divierten, sin hacer mal a nadie,
vuelta tras vuelta, a la carrera...
como flotando: invisibles las patitas,
como oigo que en este momento
hace nuestra "Cuki", a mi lado
como todas las noches que escribo.

Nos hemos mojado; nos ha zarandeado el viento;
nos ha saludado el Sol; se ha puesto frente a nosotros;
hemos surcado las carreteras negras de las noches sin luna,
en solitario;
hemos pasado frío, y tal como ayer, calor.
Nos asábamos por arriba y por abajo.
Pero todo ha valido la pena transitarlo.

No podría entender este tramo de mi vida,
sin ella.

El volver a casa es como salir de un sueño lúcido
del que llegas cargado de cosas que no pesan;
Que no se olvidan.
Cosas, que a veces ni te atreves a contar
porque temes
que no sean creídas ni entendidas.

2011
1987

© GatoFénix

miércoles, 14 de agosto de 2013

Acercarse a Fátima.




Acercarse a Fátima después de un largo viaje
lleva un tiempo. 
Caída la noche en la que el cuerpo cansado
termina por doblegarse,
sintiéndose, uno, poco a poco,
de un tejido nuevo y antiguo,
en donde el tiempo vuelva a jugar el papel
del telar que teje el tapiz de la historia.
A veces alfombra mágica que vuela,
sin tocar las cosas haciendonos pasar sobre ellas
o entre ellas, para que ellas
acaben siendo nuestras como si hubieran sido
más que nuestras, nosotros, desde siempre,
antes de tener razón y juicio para apartarnos
de nosotros mismos y reconocernos.

Fátima, parece una isla, un promontorio,
que a fuer de elevarse y retorcer los caminos
asciende y se aleja del entorno,
como si le fuera ajeno.

Todo esto no se ve; se siente.
Porque más allá del círculo de luz
que proporcionan los faros, todo es pez
que calafatea el límite de los sentidos.

Llegar es un tiempo que parece eterno y sólido
y a la vez te vas haciendo liviano y despejado.
En muchos momentos llegar a temer que estás perdido
o que tal vez todo lo estás complicando por ignorante
y que sólo la fé te sustenta.

Al abrir la ventanilla del coche te llegan
algunas fragancias vagamente húmedas
en las que no destaca alguna nota sobre otra.
En algún tramo levemente a pino mezclado
con el perfume genérico a vegetal que empieza
a ducharse con la brisa para quitarse los sofocos del día.
Casi no predomina, en su equilibrio,
el aroma femenino de la tierra en la que,
poco a poco, nos van zurciendo unas mános hábiles
invisiles y maternales que nos están haciendo
ser parte del paisaje.

El cartel de Fátima aparece un instante indicando
que ya estamos cerca. Luego, no hay más.
Pero... al poco otro nombre: "Cova de Iria" nos anuncia
que hemos llegado milagrosamente.
Justo cuando pocas horas después,
amanecerá el primer sábado del mes de agosto.

© GatoFénix