domingo, 23 de febrero de 2014

Continuación.



No podía imaginar, la que sería mi mamá en el 1951,cómo iba a ser todo desde entonces. Ni imaginarlo siquiera.
Corría el verano del 36 y ella estaba merendando en el patio de casa.
Estaba comiendo un tomate rojo con pan candeal que le encantaba.
De pronto, levantó la vista, al trozo de cielo entre las hojas de la higuera. Todavía no se veía, nada pero se oía un rugir de motores desconocido. Salió la tía Veneranda corriendo y le dijo: ¡Pasa pa´ dentro, que son aviones!
Y de esta manera, con catorce años, se enteró que  había estallado la guerra.

Un día mi abuelo le dijo que no se incorporaría a filas por su miopía. Lo dieron exento porque mi abuelo tenía treinta y tres dioptrías, y gastaba unas lentes de esas que vulgarmente se dice de culo de vaso, no era falsa, vamos. No, como la sordera de Urdangarín, para librarse de ir Ceuta a hacer la mili. Luego ya apuntaba buenas maneras. Le encantaba el lenguaje taurino a mi abuelo de él lo he heredado esto.

De momento, sólo había malas noticias de la familia de mi madre. Sus tíos, que estaban en edad tuvieron que incorporarse a filas, sólo cuatro terminaron vivos: el tío Jesús que fue maestro, el tío Fernando, que luego fue cura, profesor y canónigo y que, según mi padre, me bautizó en Cuenca junto a varios canónigos siguiendo el mismo rito litúrgico con el que bautizan a los primogénitos de los Reyes. Eso me valió, toda mi vida, la sorna de mi padre, llamándome: "Príncipe heredero" con una sonrisa lateral que no se puede olvidar; otro que sobrevivió fue el tío Pepe, que luego ingresó en la Benemérita, y que de niño recuerdo que se sorbía un huevo crudo pinchando la cáscara
con un alfiler en ambos polos ante mi asombro de enano a vista de gusano; el último fue el tío Juan que luego, años después, el tío Fernando les puso, a él y a la tía Eufemia la librería "Evangelio" en la calle Carretería, situada frente a donde estuvo el Hotel Romana, que pertenecía a mi tío Luis, hermano del que luego sería mi padre, pero eso ocurrió años después.



Los seminaristas de Cuenca fueron asesinados. Sufrieron de todo, pero la familia se mantuvo en su fé.
Nunca me dieron detalles, y sospechaba que valían más los silencios que lo que hablaban.
Yo era muy pequeño cuando los visitabamos en la Plaza de los Carros, que ya no existe, pero como siempre fui despierto recuerdo su tristeza al mencionar estas cosas y mirar una foto en la que se encuentran
todos reunidos junto a sus padres. Hubo cárcel para algunos en la de Cuenca y mucho miedo.

A los pocos días del pan con tomate de mi madre con la aviación sobrevolando Motilla del Palancar nadie podía augurar lo que iría llegando.
Mi abuelo callaba ante todo aquello. Mi madre parece que se daba cuenta de más cosas que él.
Supongo que eso de ser republicano de izquierdas le imponía una actitud de digno o de hacerse el loco; cuando de los escarceos y revueltas pasaron a intimidaciones, acosos a vecinos y familiares. Y un paso más, cuando comenzaron a asesinar o a llevarse gente, fruto de una inquina irracional por parte de los elementos más agresivos e impresentables del pueblo. Aparentemente allí lejos del frente mi madre siguió con sus clases el primer año. Quitaron los crucifijos y el cuadro del rey y en su lugar pusieron la bandera republicana y ya entonces comenzaron con su doctrina basada en el odio que es la misma de estos veinte últimos años.
Los menos preparados ocuparon las cargos de responsabilidad al asalto y los matones de los sindicatos campaban a sus anchas por calles y plazas.
http://www.elpicazo.net/wp-content/uploads/2012/07/17-LA-GUERRA-CIVIL.pdf

Quemaron los oratorios y parte de la iglesia. Los curas pedían salvoconductos para marchar a lugares más seguros y comenzaron a ocupar fincas y posesiones de los que eran conservadores o de derechas. En otras localidades por testimonio directo sé, que al cura párroco de Munera, Albacete, lo mataron haciendo que subiera al coro y arrojándolo luego tantas veces como hizo falta hasta que murió. Cuando ya se habían fracturado los brazos y las piernas, lo subían arrastrándolo y luego lo arrojaban al suelo de la iglesia. Era un cura joven recién salido del seminario y era muy querido por los feligreses. Este testimonio lo recogí directamente en el mismo lugar donde lo arrojaron, en la Iglesia de San Sebastián, porque, durante un curso escolar, trabaje de maestro en el Colegio Público Cervantes y el cura D. Carmelo de Lara era amigo mío.

En Motilla, no se libró mi abuelo, a pesar de sus ideas, de que los milicianos, codiciosos y malos básicamente, le requisaran el Ford T para uso del Comité local de los milicianos. No lo volvió a ver y mira que me hubiera gustado.
Husa del Sol Motilla del Palancar
(Este coche de encuentra en el Hotel Usa Sol de *** de Motilla. Queda pendiente que pregunte de dónde ha salido)
También un campo de almendros que tenía fue incautado, luego lo recuperó años después.
Como puede verse sus negocios se vieron completamente anulados.
De su socio no me dijo nada, pero o bien se pasó al bando Nacional  o desapareció o fue muerto.
Los campos dejaron de trabajarse, con lo cual, no hubo materia prima; y, a demás, si faltaba para pan no iban a andar con las florituras del azafrán en los guisos.


(Escudo de Motilla del Palancar)
Toda la guerra, Motilla estuvo en zona republicana. He buceado por ahí y veo cómo se han organizado los de siempre para que todo vuelva otra vez al 36. He visto documentos en los que con el pretexto de la Ley de Memoria histórica, vuelven a la carga tapando las fechorías y asesinatos que sucedieron durante estos años en zonas, que si bien estaban en guerra, hasta los últimos meses no sufrieron los ataques de tropas, que en este caso eran de los Nacionales. Los cuales, si bien eran los que se revelaron, hasta mi abuelo consideró de liberación; aunque luego después lo acusaron por sus ideas y lo trataron como colaboracionista con el ejercito republicano, por el asunto del coche. Encima de que se lo habían requisado.
A mi me enseñó una carta, que guardaba como oro en paño, en la que se decía que era un honrado ciudadano y que estaba libre de todas las acusaciones que se hicieron. Firmado por Franco y en su nombre por el Gobernador Civil y por la Guardia Civil. Toda su vida tuvo que arrastrar esa cruz de demostrar que era bueno, cuando todo el mundo sabía que no era capaz ni de matar una gallina para su sustento.
Todo, como se ve, una desgracia tras otra, pero aquí entraríamos en lo que sería el peor periodo que se pueda recordar: La posguerra.

De todo lo anterior se deduce fácilmente que tengo elementos teórico-prácticos para ser como soy. Debo pedir disculpas a mi madre porque todo lo que me dijo era cierto y se ha cumplido a rajatabla. Que lo de derechas o de izquierdas me da igual, pero no me dan igual las personas perversas, vagas, mediocres, complacientes, engreídas, falsas, mentirosas y todo lo que se pueda añadir; y de esos he visto en todas partes y sus corazones son semejantes en todas los lugares de la Tierra.
Siempre pegados al poder y haciendo que todo vaya de mal en peor con su egoísmo y la religión que mejor se les acomode para cumplir sus objetivos mezquinos.

© GatoFénix

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