martes, 11 de marzo de 2014

Amanecía, poco a poco, el día 11


Mi hijo ese día se durmió, nunca le pasó tal cosa.
No funcionó el despertador;
tuvo una mala noche;
quizás le sorprendió la mañana,
y salió tarde. 
Ya no cogería ese vagón de todos lo días.
Ese que se ve arriba, tan estropeado.
Ese que ya no sé qué ha sido de él,
como de los otros que también quedaron
manchados de esa línea roja, tan de moda,
como la gilipollez de los cromos, que dicen
que nunca se debe rebasar.

Ahora hemos entendido que no sabemos nada.
Celebro que mi hijo se durmiera aunque yo,
no lo sabía. Cuando oí por la radio el desastre
fui con el coche, sin saber hacia dónde
¿a la estación? ¿A enterarme?
No sabía nada, pero debía moverme.
No podía estarme quieto. 
Enfilé la calle hacia la estación
y, a lo lejos, lo vi.
Me pareció él. Me detuve.
Volví a mirar. Detuve el coche.
Y era mi hijo sano y salvo.
Caminaba angustiado, sin saber nada,
sólo que se había quedado sin transporte
y llegaría tarde al trabajo.
Lo abracé. Lo apreté contra mi.
Y le dije: Han reventado los trenes.
no sabemos cuantos han muerto.
Ha sido una masacre.
Él, envarado, no comprendía nada.
Yo sabía que había sido un milagro.


Y luego vinieron las informaciones contradictorias.
Y luego nos enteramos que algunos que estaban perdidos
irremisiblemente en las encuestas, armaron a sus huestes
e hicieron lo que mejor saben hacer, tomar la calle,
saltarse a la torera las leyes y atacar, atacar impunemente,
con la patente de corso que les otorgaban 
no se cuantos años de honradez.


Y brindaron con champán los más cínicos.
Una copa sobre un tapete lleno de sangre inocente.
Parece, a mi modesto entender, claro
que, quienes fueran, habían cumplido la primera parte del trato.
Después hemos comprobado, paso a paso,
felonía tras felonía, quienes son.


No queda ni un tornillo de esos trenes.
Supongo que todo estará en las suposiciones.
Ha sido terrible ver desfilar personajes tan viles
como encumbrados y dotados de poder,
a fin de que psicólogos, policías, profesores,
literatos, tertulianos, guionistas, actores y actrices
de reparto, abogados, fiscales y jueces estrella
hayan montado una farsa que deja "en mantillas"
"El retablo de las maravillas"
Entiéndase todo esto dicho desde un blog de opinión
de alguien insignificante sin más conocimiento que el que Dios le dio
ni más derecho que el que la Constitución me otorga a opinar,
como literato que soy, cierto que de última fila, lo cual esto último
todavía resulta mayor atenuante.

Debe ser mi sino.
Cuando Carrero Blanco, trabajaba en la COPE.
Estaba de guardia en la emisora de Ciudad Real
y me desayuné con el acontecimiento.
Pasé la mañana poniendo música clásica
acompañado por la pareja de Guardias Civiles;
pero que, como todos éramos de bien,
nos hicimos para almorzar un tiznao,
guiso que no conocía y me estuvo rico.
Un poco de vino y unas copas de coñac Soberano
que tomé para acompañar, pero confieso que no me va.
Pero... por no hacer un feo...

Años después el 23F me tuvo la noche en vela y dispuesto,
el depósito del coche lleno y cargado con cuatro cosas.
Pensando en morir matando, por mi familia;
y todos sabemos cómo terminó aquello...

Y este 11M el tercero, que ya he dicho. 
Ya no habrá cuarta.
"A la tercera va la vencida" y así estamos.

Todo se ha consumado.
Todo objetivo:
cumplido.

© GatoFénix  

(Sintiendo infinitamente que no todos se durmieran ese día y perdieran el tren de la muerte)

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