domingo, 20 de abril de 2014

Regina Caeli




Acaba de resucitar, como dijo.
Cuesta creer que haya venido del mundo de los muertos,
una vez convertido en un gusano, por la maldad de los hombres.
Cuesta trabajo, con nuestra poca fe, que siendo tan poca cosa
podamos salir victoriosos de tamaña aventura, que es la vida.

Todo nos dice que andamos equivocados.
Ellos, los que nos insultan desde su zafiedad,
y nos llaman de todo, a todas horas.

Todo indica que no tenemos salida en este laberinto sin fortuna.
Si estudiamos, nuestro conocimiento de los hechos nos desanima.
Sabemos que siempre ha sido así.

Es de locos andar en el camino de la rectitud;
es a la par, una tristeza, ser devuelto a las catacumbas
y temer lo peor a cada paso.

Vivimos en vecindarios de personas ajenas a nosotros;
extraños a nosotros, ensimismados con nuevas religiones
de toda la vida, ahora con nuevo formato y enseña.

Ya  no hablamos realmente con el corazón... con nadie.
Directamente ¿A cuántas personas le has deseado Feliz Pascua?
Yo, exactamente, a cuatro personas.

Hasta ese punto.
¿Es razonable pensar que estoy ya en las catacumbas?
Escribir esto, no crea amigos precisamente.
Me acoge, como bloguero, la ley de libertad de expresión
si no, ya no sé ni dónde estaría.

Los expertos en descalificación social, Gabinetes Dr. Caligari,
se encargan, porque así los han investido de poder
para que cumplan, a cambio de encumbrar su ego
y engrosar su cuenta corriente, a pesar de su mediocridad.

"Resurrexit sicut dixit"...
 y llevan más de dos mil años negando.
Quedamos los que quedamos.
Somos unos "daños colaterales"desprotegidos legalmente,
encadenados al miedo y semidesnudos,
dando color al carnaval permanente de las minorías imperantes.

Sin embargo, os digo desde mi tristeza, que vivir la resurrección de Jesús
me mantiene en pie y tranquilo;
que disfruto cada nuevo amanecer,
cada realidad (no virtual) que me envuelve.

Puedo observar los parques, las terrazas, las reuniones de amigos,
las comidas familiares en las que cada uno es un mundo con su smartphone
y padezco, como todos, el aislamiento del resto, convirtiendo,
la realidad real, en una novísima catacumba, a cielo abierto,
en la que me siento, si no invisible,
transparente.




© GatoFénix



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