martes, 11 de noviembre de 2014

La lluvia de hoy es un murmullo

La lluvia de hoy es un murmullo adormeciente,
diría que tan murmullante que me entristece la espalda
donde el corazón afectivo del abrazo.
Allí donde posa el amigo o la amiga su mano al consolar.
Las gotas parece que arañan sin uñas el cristal de la buhardilla,
aquí tan cerca del tejado sientes como un pájaro en la inclemencia
del tiempo junto al nido respirando y mirando el brillo dle agua.

Tiempo de setas en el campo, de hojarascas deslustradas
convertidas en bolo alimenticio de la madre Tierra.
Pasa un avión con su estruendo y hasta en eso
su sonido siempre ronco ahora parece un desgarro
del cielo encapotado.

Se pausa el tiempo dentro de nosotros mientras
buscamos el cobijo en las mañanas solitarias de la casa vacía
de un jubilado.
Arriba como un vigía de carabela varada no tengo horizonte.
Mis ojos buscan en la apantalla virtual pero tropiezan con el plasma.
Un plasma de esta época tan alejada de mi, incluso del nosotros,
ese nosotros que se desmorona como los terrones que deja el arado
al abrir el surco del tiempo peinando la besana como un libro.

Cesa el sonido de la lluvia y todo vuelve a la calma.
Suenan mis oidos como cuando estoy en silencio meditando.
Lo veo como una espiral siguiendo el esquema del número áureo.
La espiral de las cosas que surgen de un punto y avanzan
con las matemáticas de sus genes como danza de derviche en trance.

Vuelve a repiquetear el cristal haciendo una llamada tras la pausa.
"Estoy aquí. No me he marchado.
Ya he dejado limpio y brillante tu caparazóno: tu concha de caracol o galápago"
Y dejo de teclear buscando dentro de mi alguna palabra
que os pueda conectar con mi estado; nada.
Llega la música del Hombre del piano.

Sólo hay paz, una vez,  aliviado de las tensiones.
Tristeza, tal vez, porque veo deshacerse nuestro terruño.
Hay enanos de manos gigantes y atlantes con mandil
que nos están castigando por ser quienes somos.
Es una guerra eterna del Mal contra el hombre.

Pero hay paz dentro de mi.
Una paz que brota de la impotencia y de la no acción voluntaria.
Sé que no tengo sitio en este Nuevo Orden, tan antiguo él...
tanto, que desde el conocimiento veo, en el principio,
que nacimos juntos.

Sólo queda rezar.
Los jinetes del Apocalipsis están en los cajones de salida.
Y delante, va una mula, como en las corridas pidiendo las llaves,
Mula que debe ser, la mula del Apocalipsis, que yo, hasta ahora
no había encontrado en ningún escrito.
A veces, sí, pegada en la trasera de coches, con la Penélope al otro lado.
Bueno ahora que recuerdo, ya salió un Cobi
por los Juegos Olímpicos del 88
y entonces intuí que podría ser el principio de una hecatombe
que nos eliminará de este plano.

Ahora quiere salir el Sol. (Sonrío)
Vuelve el sonido de un avión comercial a peinarme.
Y todo visto desde arriba debe ser como un Belén sin Jesús,
lleno de Herodes y Herodías, muchos cagándola;
y todavía desde más arriba: un hormiguero.
Supongo.

© GatoFénix

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