miércoles, 27 de agosto de 2014

Luna de miel este agosto 2014 ...con su poquita hiel


Frente a mi casa de Zafrilla crecía un olmo.
Era un olmo centenario que marcaba las estaciones
como un enorme reloj hermoso y preciso:
Orugas en primavera;
luciérnagas en verano;
alfombra de hojas en otoño
y ramas de cristal y carámbanos,
en invierno.

Desapareció el olmo, hace no sé cuanto.
Lo talaron y ahora parecen, el pueblo en sus casas,
las raices aéreas que han roto la tierra y se han ahuecado
para que las habiten los pocos descendientes que quedan
de esta parte tan querida de mi infancia.

Llegué como dije y me estaba esperando a la puerta.
Mi coche se encaramó como pudo por las calles empinadas
y encementadas, casi hasta las eras.
Es un pueblo de andar a pie,
fatigoso pero lleno de ángulos,
picados y contra picados;
luz y sombras revestidas
de todas las texturas,
en fachadas de todas las edades,
uhm...todo precioso,
En el interior me reciben: su marido, su padre, su madre,
su hermano y un señor que dibuja una firma en  un papel
y resulta que es igual que la firma que hacía mi padre.
Charlamos bastante tiempo viajando al pasado
a traves de la palabra con fotos y recuerdos.
Hubo un reconocimiento mutuo y vimos
que la vida está llena de coincidencias.
Y que los hechos son como son, al margen de nosotros
y de nuestros pensamientos o deseos.
Que cada cual llega a sus conclusiones
y sus pensamientos y creencias llegan a ser más fuertes
que la propia realidad.
Mis padres y su trabajo estuvo danzanzo por allí.
Las conversaciones recurrentes avanzaban hacia el hoy,
ese presente que tal vez intuyeran mis padres
aparece con multiples daños colarerales.

..."Una de las armas peores - decía mi padre -
por traicionera e imprevista, era el mortero"...
Se le había dado el caso en la Guerra Civil española,
- en la que parte de ella estuvo repartiendo correo en el frente,
junto a las acémilas que llevaban el rancho -
de que reunidos los soldados junto a una sartén
o un bote de alubias o echando un cigarro,
se había dado el caso, contaba,
que cayó en el centro un obús de mortero
y no había quedado nadie con vida.
Cuando contaba aquello, todavía sus ojos se abrían
como viendo la escena en ese momento...luego
dejaba la boca un poco abierta pero no decía palabra
hasta que sacando levemente la lengua,
humedecía un poco los labios por detrás y la cerraba
deslizándola  despacio entre sus dientes.

Todo estuvo bien; la charla y las viandas:
patatera del Hoyo de Mestanza,
embutidos de ciervo, exquisitos;
queso manchego curado y berengenas de Almagro,
todavía mejores que las de la señora Julia "la de Pacillo" en Bolaños,
que eran de cinco estrellas.

Todo bien y yo agradecido por su hospitalidad.
Había aprovechado el viaje a Tejadillos para comprar miel
y era luna llena.

Se empezaba a hacer tarde
¡cómo pasa el tiempo, a veces!
parece ese instante en el que las barcas de la feria se detienen
antes de caer en sentido contrario .
Quería llevarme a casa de un matrimonio
que habían sido muy amigos de mis padres
mientras fueron vecinos de Zafrilla.
Nos pusimos en camino cruzando el pueblo.
Puede que hubiera pasado más de medio siglo
desde que yo corriera por allí con cuatro o cinco años.
Por allí pasaba cuando mi madre me mandaba a por chocolate.
"Trae media libra de chocolate, Josemari" y yo iba por ese trozo de calle
pasando por la puerta del que vendía turrón de cacahuete
y después por la fragua, y luego, por la puerta del horno hasta la casa del tendero.
Era la misma puerta, la reconocí, y vi su interior en mi cabeza.
Todo oscuro y el mostrador a la derecha, de madera casi negra.
Recuerdo que para mi era altísimo y apenas veía la cabeza del tendero
tras el mostrador. "A ver si tenéis suerte y encontráis una moneda"
Una vez salio una de cincuenta céntimos con agujero
y con alguien a caballo y con lanza grabado.
Yo pensaba que al tacto notaban las que tenían monedas
y se las quedaban ellos pero la ilusión y la necesidad
me hacía volver a comprar a veces este chocolate.
Despues, pasamos junto a la Iglesia y por fin llegamos.

Me recordaban aunque yo no sabía de ellos.
Cariñosos y amables.
Un matrimonio de buenas personas que guarderé en mi corazón
como parte de un regalo hacia mis padres y hacia mi.


Me recordaron cómo se reconstruyó la Iglesia después del incendio;
cómo le repararon el roquete del cura que le quedaba corto y;
cómo cantaba de bien mi madre en las celebraciones...
- "Fueron muy buenos tus padres.
Hicieron mucho bien.
Hicieron mucho por el pueblo pero al final...
al final todos se pusieron en su contra"
- "Puedes estar tranquilo porque fueron tratados muy muy mal... injustamente"
"Ellos no merecíeron eso"...
"Claro hace tanto tiempo de aquello que yo no me acuerdo de los detalles
pero fue una traición"
"Pero tú quedate tranquilo porque ellos eran muy buenos"
"Tu madre, qué bien cantaba...con esa voz que tenía..."

Les dije que yo no sabía por qué no quisieron que los trajese nunca.
Había algo que no me quisieron contar con detalle, sólo en general.
Siguieron carteandose con sus amigos del alma de Zafrilla
y así hasta el final de sus días, mi padre, y hasta que tuvo memoria
mi madre.

El viaje de la miel con su poquita hiel.

Me quedaban atrás personas para visitar pero
no tenía ya muchas ganas.

A veces pienso que nunca se deja de estar en guerra.
Hay gentes que viven del conflicto.
Una y otra vez los mismos o los hijos de los mismos
reproduciendo el desastroso guión de siempre.
Y cuando menos lo esperas cae un obús de mortero enemigo,
da en el centro de una paellera y no queda nadie vivo.

..."Es muy malo el fuego del mortero, hijo mio - decia mi padre -
Porque mira, Josemari, es muy traicionero y muy dañino"




















Estos dos olmos tiene mi edad aproximadamente.
Los plantó mi padre con los alumnos de la escuela,
esos que están con él en la foto de blanco y negro.
Plantó dos árboles, tuvo cinco hijos y le faltó escribir un libro,
aunque todo lo llevaba en la cabeza.
Por eso, en su memoria, tengo la obligación moral
de dejar constancia de sus enseñanzas
y parte de su historia porque son las raices de la mía
y de la de algunos de vosotros..

© GatoFénix

PD: Debo añadir que dos días después empezaba la Feria y un insigne hijo de Cañete hizo el pregón.
Lo encontré colgado en el facebook, por el mismo que me borró un mensaje aclaratorio de otro anterior, porque debe ser el amo.
En él aparece una referencia a mis padres. Ambos despues de once años de trabajo de maestros en aquella aldea y en aquellas condiciones son mencionados como mi madre hacía la comida y mi padre, no he encontrado el significado de lo que le llama, pero parece que viene de entonces todavía el odio.
Ya, ni muerto respetan ni honran su memoria la gentuza. Este insigne pregonero, no me ha contestado al correo que puse en su página. Le he dado unos días pero debe ser que se tiene que asesorar o solicitar del argumentario de los de siempre. Él no sabe nada de mi padre, porque no estuvo allí. Todo se lo han contado, como se hace en estos días con la historia, con todas las historias. Y se oculta aquello que no conviene que se conozca o se queman documentos que los pueden inculpar. No creo que haya documentos de aquella época. Ni si hubo una denuncia a los que mandaban entonces por algún tejemaneje. sólo sé que a raiz de aquello que no existirá, aquel año les dieron a cada vecino 500 pts de una tala. Era mucho dienero para entonces y digo yo ¿cómo no se contó eso en el pregón de este insigne pregonero? ¿ Y por qué ese año se pago esa cantidad y nunca antes, y que yo sepa, nunca después?
claro había pocas personas que supieran escribir y ya no digo redactar algo. Tal vez ni se atrevieran a hablar.
Y digo yo ¿ cómo puede ser que las historias se repitan y manden los que mandaban y sean los perdedores siempre los mismos? Lastima de gentes que siguen o ignorantes o acobardados.
Tengo pendientes un par de visitas, de agradecimiento y de cariño. Quería hacer unas fotos a mi antigua casa, pero ya me han dicho que no queda nada de ella; pero cuando no quede nadie de quienes nos quisieron ¿para qué ir?
Así son las cosas. Tercas como ellas solas, que diria un manchego.
Un manojo de vividores que flotan en cualquier sustancia y circunstancia.
Trabajan de mamporreros en cualquier regimen político.
"Hacen a pluma y a pelo"
Son ellos los que hacen que este y otros pueblos maravillosos, se vayan consumiendo en la miseria que transmiten hasta desaparecer, para  luego reaparecer con otra identidad que nada tiene que ver con su esencia.
También menciona, el insigne cohete, en su Pregón a  mi amigo Eloy, para decir de él que no sacó ni el Certificado de Escolaridad.
Yo no lo sé, porque me fui antes de que terminara el periodo escolar, pero puedo decir que me encantaría abrazarlo porque su corazón era de "Doctor Honoris Causa en Humanidad y Generosidad".
Qué le vamos a hacer, parece que todo vale para arrancar unas risas al respetable.
Pero mira por donde esto que escribo lo leen hasta en australia y en Japón y en Estados Unidos y el Mexico y en Argentina y no les va a caer bien este Pregonero de las Ferias de S. Agustín en Zafrilla: D.Miguel Romero Saiz, el 25 Agosto 2014
¡Va por ti, papá! ¡Va por por ti, mamá!

© GatoFénix

lunes, 18 de agosto de 2014

2014 - 500 km de paseo en moto a Zafrilla

Tomé la Piaggio esta mañana y me dirigí a Zafrilla.
La mañana del 17 se presentaba agradable
una brisa fresca y un sol de color de agosto,
como los girasoles de algunos campos.
A veces, pequeñas telarañas de nubes
lo empañaban un poco, pero todo a mi paso
era radiante y hermoso.

Comencé, como siempre hago,
repitiendo los mantras del Ave Maria
que con tanto acierto insertó Santo Domingo
conformandoel rosario católico que conocemos.
En esa atención estuve hasta Sacedón,
donde, una sacudida de olor cenagoso
penetró en mi casco y me puso a tierra.
Estaba enhebrando los túneles y sobre la presa
contemplé unos instantes, a derecha e izquierda,
la belleza del sitio como un camino de luz y pinos.

El paraje es encantador y no te cansas de ir una y otra vez,
y siempre lo veo como si fuera la primera.
Abro la visera del casco y se me llena de pinos
antes de entrar a negociar las últimas curvas.
Subidas y bajadas, deslizándome.

En mi mente, entre tanto, estaban mis padres,
porque iba a donde se conocieron y donde, mi madre,
 me tuvo a mi como el primero del resto de los hermanos.
Volvía a la casa primera y recordaba cosas que pretendía reencontrar,
ignorando si habrían muerto.

Ir en la Piaggio X-10 350 es ir de paseo.
Te hace sobrevolar, bajito, lo negro
sin sobresaltos ni grandes emociones.
No es la sensación de la BMW K1200GT
pero te engancha su practicidad y cumple a la perfeción,
con exactitud suiza, la hora de llegada, prevista por el navegador.

Rodeo Cuenca que veo a mi izquierda
encaramada en la sierra con el Sagrado Corazón de Jesús
coronándolo todo.
Me dirijo a Teruel y me abrazan, intermitentemene,
campos de girasoles que me observan con su ojo de Polifemo
sorprendidos, como cada agosto; mientras, otros se agachan
tristones y dejan paso a los maices de verde picante bebiendo,
del agua que llueven los riegos y
que forma Arco Iris al contacto con el Sol.

Pronto cambia el paisaje alcarreño-manchego
y las curvas de esta "Toscana española" se ciñen al curso de un río;
y los pinos y las rocas calizas anuncian que entramos en otra película.
La temperatura sube hasta los veintisiete grados.
Esta parte de carretera se presenta verdaderamente hermosa.

Buen firme y todos los duendes del pinar danzando a mi alrededor
rodeándome en un respetuoso abrazo desde una prudente distancia,
como para no agobiarme.
El cielo, por aquí, es, totalmente, azul zafiro radiante.

Mi cabeza bullía en pensamientos.
Hablaba en mi interior con unos razonamientos
que temía perder para llevarlos al papel.
Echaba en falta un grabador de discursos mentales
porque si lo grabara verbalmente,
se escondería entre el ruido interior del viento.

Se anuncia Cañete y el paisaje, decidídamente de sierra,
embarga y nos pide atención.
Algunas curvas en bajada requieren decisión en los frenos
y un buen tiralineas en las trazadas para que todo siga
dentro de la suavidad que nos ha traído cerca de mi antigua casa.

Al poco se nos presenta una disyuntiva:
Tejadillos o Zafrilla.
Giro a la derecha y entro en los últimos kilómetros y pienso,
que aquello lloviendo o con viento...y no digamos nevando
podría ser muy peligroso, pero hoy hace un Sol luninoso.

Es un tramo de carretera nueva para mi.
En mis tiempos de niño no existía y el trayecto
se debía hacer a lomos de caballerías por otra senda,
que yo desconozco y que fue por la que mi madre, con mi padre,
transitaron justo unos días antes de nancer yo.
Decía muchas veces mi padre que tuvieron que ir parando cada pocos metros
porque mi madre no podía caminar que ya iba fuera de cuentas.
Era un viaje obligatorio para tomar el autobús narizón,
que salía de Tejadillos, y que nos llevaba a Cuenca,
llenos de la picaduras de las chinches de la fonda.

Esa ruta, años después, la hice dentro de un serón, cada vez que nos ibamos
a pasar las vacaciones a Cuenca a casa de la tía Eufemia y la tia Piedad.
Vivian entonces, ellas, en una casa alquilada con un balcon,
que daba a la Plaza de los Carros.

Terminado el repecho comienza una bajada con curvas suaves y ya,
marcando el GPS que faltan seis kilómetros, se ve el pueblo como derramado
hacia nosotros.

A la derecha queda un valle, que aparece en mis sueños muchas veces,
donde recuerdo en las tardes de paseo con mi padre, en mis primeros otoños,
se ponían a destilar espliego.
Instalaban unos enormes calderos con alambiques de latón llenos de las plantas
y al aplicarles calor el perfume inundaba el pequeño valle con aromas de lavanda
imposible de olvidar.

Finalmente entro en el pueblo y me dirijo a la casa de Isabel,
por si hubiera alguien.
La casa está cerrada y la cancela tambien.
No hay nadie.
Contemplo desde arriba el lavadero y doy media vuelta en la calle empinada.
Por esta media vuelta, he traido esta moto y no la BMW K1200GT
y ha sido un acierto.

Me dirijo a la plaza y detengo la moto aparcándola con la pata de cabra
frente al Ayuntamiento de Zafrilla, que era donde yo viví aquellos años.
Converso con unos vecinos que allí estaban sentados  y casualmente pasa
la señora que me podía abrir la puerta de la exposición y amablemente me la abrió.

Me sumerjo en el tunel del tiempo como un superviviente.
Me reconozco en alguns imágenes y encuentro escenas costumbristas
que yo tengo guardas desde niño...
"como oro en paño"

© GatoFénix  17 de agosto 2014