lunes, 2 de marzo de 2015

Con mi botella turquesa, de lágrimas.

Ahora , por favor dejadme sólo.
Dejadme, con mi botella turquesa...
llena de lágrimas.

Hasta los perros, alguna vez, necesitan
retirarse a lamer sus heridas.
No quiero ser menos ni más que un perro;
ni olvidar mi naturaleza de gato
para que dentro de mis cenizas
resurja la vida.
- siempre en el corazón queda un rescoldo -
Hay que arañar y encontrarlo y
soplar y soplar, con tiento, para lograr
un pequeñño fuego de San Telmo
como las alas de una mariposa: la esperanza..

A veces los recuerdos son dolorosos.
ayer, hace años, se fue mi madre
desde su olvido al cielo o no sé donde.
Duelen tanto como la inteligencia,
ese darse cuenta de todo;
ese conocimiento de las palabras: esas cosas
que no dejan nada en la duda.

Pero no hay verdad que no pueda asumirse
con paciencia, fortaleza y templanza.
Duelen los recuerdos, duelen
Más, cuando vienen y te encuentran tirado en un sillón
con un babero de caspa y te duele el pie;
te sientes hinchado, sin afeitar,
desaliñado y medio calvo;
mientras, ves pasar sobre la piel del dorso
de la mano, la yema de tus dedos leyendo
el Braille de sus manchas y lunares,
el pergamino escrito por el tiempo.

Todo ese tiempo que fuiste con ellas,
desde el tacto de la teta de tu madre
pasando por los primeros garabatos
hasta la última caricia y estos trazos.

No puedo quejarme de ellas.
Han sido unas buenas herramientas.
Me han construido y me han ayudado
a ganarme el pan;
y a divertirme;
y a limpiarme las lágrimas, o los mocos
como ahora.

Hoy es, segundo Domingo de Cuaresma;
Empieza el mes de marzo y toca
lamerse las llagas.
Toca hacer una pausa encharcada
en mi pequeño rincón.

Algún día como este
decidiré vender la moto.
Algo así como dinamitar un sueño.

Se pasa uno la vida enterrando ilusiones.
Cada una de ellas nos contiene un poco,
y vamos soltando lastre pero
no aligeramos porque los recuerdos
son de plomo.

Sesenta años después, me volvieron a sentar,
en un cuchitril, sobre las patatas.
La misma sensación de
tocar la tierra húmeda y fría;
El mismo olor a los hijos de las patatas;
La misma poca luz
a través de la celosía del ventanuco
de la puerta, iluminando unos rombos
en la pared de enfrente;
El mismo silencio que hace oir la respiracion;
El mismo sabor a sal
de las lágrimas.

© GatoFénix

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