jueves, 4 de junio de 2015

Felicidades, hija.

Hoy hace 18 años que nació Sara.
Sara es nuestra hija, hoy ya puede votar.
Aquello fue un sueño.
 No puedo decir eso tan manido de "parece que fue ayer",
porque parece hoy, aunque es verdad que mi cabeza se vuelve loca haciendo desdoblamientos.
Parece que esté ante un espejo de plasma que me devuelve una burbuja de amor,
una esfera multidimensional en la que el momento se hace esencia y discurso sin edad.
Éramos los que fuimos y somos los que éramos, pero en distinto;
algo así como, si lo que fuéramos en ese momento,
hubiera sido consecuencia de miles de milagros,
a cual más increible.
Hoy, así por encima, parecemos otros.
Otros, sin embargo, si nos quieren bien,
nos reconocen inmediatamente.
En el centro de esa burbuja está Ella,
Sara en toda su plenitud aunque no es consciente del hecho.
Cuando se mama el instante como ella lo hacía
la vida es toda ella plenitud y a esos momentos
deberá volver cada vez que su ser se rompa en pedazos
porque ahi está la esencia de su ser incombustible.
Ese que luego el tiempo transforma en distintas apariencias
con la ayuda de un entorno, plagado de mediocres artesanos
de la mentira, unos en el mundo oficial, otros en el familiar
y un poco mas en distancias variables, vecinos, conocidos y amigos.

Es esta una escala de Jacob que hay que subir bien despierto
para llegar irremediablemente a mundos desconocidos
que ahora son más complejos con los añadidos tecnologicos
configurando un verdadera red de realidades que nos pescan
las más de las veces de donde deberíamos estar,
que es el mesénquima del amor junto a quienes nos nutren
y nos facilitan el ascenso marcado por las estaciones.

Hoy puede ser más extraño que esta esfera-imagen
que sabemos que tiene dieciocho años de antigüedad.
No tendrá explicación pero nuestros recuerdos,
que es nuestro mundo virtual personal, es una sustancia,
no una entelequia, como podría parecer.
Una sustancia tan consistente que confugura nuestros cimientos.
A lo mejor no somos nada importante socialmente,
pero es lo que somos aunque no sepamos, el qué, ni el para qué,
somos.

Esta foto puede que, cuando pase el tiempo sea un testimonio valioso
para dejar constancia de que hubo cosas que:
o estarán mal vistas, como ya empiezan a estarlo;
o habrán sido eliminadas de esta sociedad inventada;
o negarán que ha existido alguna vez y que tantos infortunios
acarreará a la humanidad.

Hoy celebramos que estamos juntos, todavía.
Porque en tanto tiempo han existido cosas que hubieran podido
hacernos desaparecer.

Sin embargo, el tiempo que se enrosca constantemente sobre sí mismo,
como una corteza de cerdo o como una viruta de mantequilla,
hace que esa escala de Jacob se transforme en una escalera de caracol
de una torre, tal vez la del tarot, de incierta altura y de la que,
en un momento te dejas caer, por la barra de los bomberos,
y en un instante llegas al suelo de tu vida, que es tu nacimiento
y allí te regeneras;
o de la que siniestros elementos pueden despeñarte hacia la tumba
y encontrar tu muerte.

Papá encantado de serlo y

© GatoFénix para mis lectores.
.

2 comentarios:

sak3 dijo...

Pues muchas felicidades encantadodeserpapa.

Un abrazo

Jose Maria Garcia Toledo dijo...

sí. Gracias.
Un abrazo