martes, 28 de julio de 2015

Otra vez Getsemaní


¡Si es posible, Señor, pase de mi este cáliz!
Mi cabeza me recordaba todos los escenarios.
¡Ay esa memoria celular tan precisa!
Como un reloj cósmico,
preciso e inexorable,  iba paseando
cada acontecimiento sucesivo y venidero
como una mariposa que recorre un jardín.
Y se posó en tres momentos:
El primero, unos veinte minutos, el palo de los tormentos
con el sol de junio en los ojos, sin anestesia: un espejismo.
Nos dejamos embriagar con la lógica racional,
pero el inconsciente, lúcido, veía la espada de Damócles
pendiente de un pelo de la crin de un caballo negro.
Un pelo al cabo, con la consistencia de un cabello.

Siguió su vuelo como los pensamientos y todos me llevaban
a la Oración en el Huerto de Getsemaní.
Hubo, en efecto notocias a los pocos días,
pero nada fijo, cosas dudosas que daban que pensar.
Y decidieron pasarme como por un lector de tarjetas de la NASA.
Me dieron un chute con una sustancia que te daba el calor de la muerte
y me pasaron por el arco del triunfo (de la técnica) para retratarme
por dentro las entretelas y dijeron  que todo bien pero...
mi riñon derecho tenía "dos okupas" diminutos.
Esta litiasis descubierta, podría justificar el desaguisado de los análisis,
en nuestra moral, mayormente la mía, claro que parece, como dije,
que lo veía venir.
El riñon derecho no pudo con este último año de pánico
por la impotencia ante los aconteceres...
y fabricó sendas "chinas" como si hubiera mutado, el riñon,
en molusco bivalvo ¡Ostras, Pedrín!
fabricador de perlas, que no son sino el nácar que cubre
las arenillas residuales de las lágrimas al secarse.
Ante la duda, Esta duda volandera, mariposa negra y blanca estacional...
Se posó otra vez.
Esta segunda vez tocaba quirófano, ¡Dios bendito! A rezar.
Un ángel aventajado de Azrael, en terrícola, me indujo
"al sueño sin sueños" magistralmente.
Así, aprovechando mi total ausencia, con cuidado
me mordieron por dentro la vejiga, para extraer
trocitos de aquí y de allí, siguiendo un plan, para luego,
ver, si sólo era bueno su aspecto aparentemente.
Parece que el viaje fue de una hora, que no es poco,
y casi medio día sin sentir los homólogos ni el mascarón de proa
con el bauprés espetado como una brocheta.
Volver a mi cuerpo fue un aterrizaje doloroso.
Sabía que estaba muy herido y renacieron las memorias.
En las primeras micciones parecía que me iba yendo
a trocitos por el cañón del colorado, convertido en albañal rústico.
La memoria me cernía como una hoja y me acercaba a otra vez
que casi llegue a poner el pie sobre la cubierta de la barca de Caronte.
Fui lentamente retomando mi ser, dolorido, impaciente, agriado, temeroso, débil...
hasta escuchar que la vejiga, bien. Pero que más arriba a la derecha: dudas.
Ya no podía sentirme más impotente ante el Calvario...
Y fijaron fecha, con premura, llenos de celo profesional y...
que no había otro remedio, con tanta sospecha.

Yo sólo rezaba cada día.
"¿Qué sabemos realmente de las cosas?"
Y lloré en silencio, cuando nadie me veía, en la cochera
con la mano izquierda sobre el depósito de mi moto.
Al no saber lo que tenía reservado el Señor para mi,
pensé en como cuidarlas para un tiempo indefinido sin moverlas.
Les pasé un paño y conecté las baterias a un cargador pensando
que en algún momento, sin saer cuando volvería a viajar como antes
y era preciso que estuvieran bien.
Pasé mucho tiempo mirándolas y a ratos me ponía muy triste
y volvía a llorar pero procurando que no cayera una gota en el carenado.
Nadie puede imaginar estos momentos. Yo solo, en la penumbra, temiendome lo peor.
Así, cuando todo estaba preparado.
Tranquilo y preparado...
Llegó el día.


© GatoFénix



No hay comentarios: