jueves, 10 de diciembre de 2015

Aire de Navidad

Después de las motos, lo que más me gustaba de joven era ser piloto de avión.

Mucho antes, cuando era muy pequeño, si me preguntaban yo respondía que quería ser conductor de camión, que entonces no sabía que existieran los aviones. Lo más que ví era un "coche de línea" que me llevaba a Cuenca y los coches de charol negro como escarabajos.
En uno de ellos que llegó a Zafrilla, subido en el pescante, viajé desde la fuente y lavadero hasta la plaza del pueblo, donde vivíamos, unos cien metros como Aladino en su alfombra. Todavía noto el temblor en las rodillas cuando arrancó; y el retumbar de mi cuerpo con el costado pegado a la puerta.
Aquello se quedó grabado en mí hasta en los huesos y a veces me viene el recuerdo al acelerar desde abajo en segunda "La Pepa" que es mi vieja moto BMW K100RS Style.

Lo de los aviones fue muy posterior.

No se veían aviones por allí.

En el cielo, las nubes que se veían eran los cirros naturales con su color teñido por el capricho de la tarde.

Pero cuando los vi, aquellos "pájaros" todavía poco estilizados, me gustaron.

Hubiera intentado ser piloto, pero con gafas no podía ser, y me llevé un chasco.

Años más tarde, muchos años más tarde, casi completé las clases para obtener el carnet de piloto de ultraligeros. Era bonito, pero ya no era comparable a ir en moto, y mucho más caro.

Sin embargo, me hubiera gustado ser piloto de aviones gordos, por las sensaciones; pero ya no tanto lo de pilotar un caza y meterse en faena.

Para concluir, os deseo una Feliz Navidad, ahora que no se lleva nada, porque al fin y al cabo este tiempo seguirá siendo un precioso valor oculto en nuestra vida que nos recuerda la infancia y el hogar, y el frío y el calor, y la caja de dulces y turrón del duro y del blando; y aquella cesta recien traida del horno, en la cadera de mi madre después de hacer la masa y recortarlas. Aquello era el resultado de su trabajo, expandiendo aquel aroma, como el "bota fumeiro" de Santiago. Una cesta de mimbre hasta el borde de magdalenas, de tortas reales de manteca y naranja; y aquellas galletas duras con ralladura de limón...todo inolvidable.
Al lado de un Belén con Portal y el Misterio;
Castillo de Herodes con Herodes y sus guardias;
el puente sobre el río;
el pescador con el sempiterno pez tumbado al final del sedal;
y las lavanderas; el rebaño y el pastor con sus perros;
el molino junto al puente y el río de papel de plata con sus riberas de musgo;
y las montañas de "mocos de herrero" que era lo que quedaba en el fogón de la fragua.
Los Reyes Magos con su camello y con su paje, que avanzaban según llegaba el día Nochebuena;
El cielo con papel de seda y estrellitas de papel de plata.

Con el tiempo, llegaron las luces de colores, esas que si se fundía una, adios cadena luminosa;
y más pastores adorando y la lechera y el ángel de los pastores que estaban guisando...

Y ahí lo dejo, puesto para todos vosotros, que algunos seguro que no tenemos espacio en nuestras casas para poner el Belén. Y otros teniendo espacio de sobra no tienen voluntad,
"noseaqué" pierdan su identidad y su vacío postmoderno del sesentayocho enmohecido, encanado o/y enconado, según la edad.

Féliz Navidad.



© GatoFénix 



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