viernes, 26 de febrero de 2016

La quiero a morir - Manzanita - Canción en la botella de un naúfrago.













Decididamente, cojo mi pluma y hago un pájaro
para que vuelen los pensamientos hechos palabras
dentro de esta botella de cristal verde aventurine
aun temiendo, que se mimetice con el mar y que pudiera
no ser recogida por nadie en esta mar océana.

Por una vez las lágrimas bañaran la barca del mensaje
la cuna de los recuerdos, cuna de mi hija,
hace tantos años que parecen siglos,
en los que sin llegar a morir uno toca la muerte
y se le queda el frío de la soledad entre los dedos.

Ninguna canción como esta, nacida del sentimiento
que tan dificil es para un padre: sin experiencia y
sin manual de primeros auxilios,
 ni paciencia, ni competencia.

Creí morir, o enloquecer, cuando oí el golpe
cuando ella se tiró de la cuna.
No pasó nada pero sentí el dolor en el alma.

Vuelve el recuerdo envuelto en sus dibujos,
sus conversaciones, sus risas y sus abrazos.
La palabra "papito" en su voz lejana ya 
hace reverdecer lo que, como digo a veces,
parece que nunca fue.

Tejería un tapiz inmenso con este hilo
de cosas amorosas que ahora parecen sueños;
Un bastidor de luna llena para bordar
unos pocos años, que parecía que no tenían fin,
en seda y oro, los bordaría, con estrellas engarzadas
sobre los pétalos de las amapolas de aquella
primera primavera que se me llevó por delante
todos los inviernos.

Por otro lado, curioso que, esa primavera se presentara
 llena de tormentas, como la misma noche en que 
viniste al mundo y naciste.

Si pudiera envolverlo todo.
Envolver las noches que pasé con tu mano agarrando
un dedo de mi mano como si fuera un cabo
que uniera tu cuna a nuestra cama.
El bote en el que cada noche te embarcabas
 después del cuento "de la luna",
o el de "manzanita",
o el de "Abdull" que tenía el camello, 
que tenía dos jorobas:
una para llevar comida y otra para llevar agua...
Cuentos inventados y otros leidos:
"Danilo" y todos los demás
que te sabías de memoria.

Envolver los paseos por el campo
camino del hospital donde trabajaba tu mamá

No hay papel de cristal que pueda envolver tanto
e introducirlo en una botella.

Y ahora, por culpa de no se sabe qué o quién,
aquello se hundió, se fue a pique
no dejando sobre la superficie nada.
Nada  que pudieramos estudiar.
Nada para poder demostrar su existencia.
Y me tomarán por loco.

Por suerte queda esta canción que 
un padre desconocido para mi, 
vibrando en la misma tesitura,
recibió un soplo divino para que pudiera
contar lo que yo no hayaría a decir.

Nunca han dicho nada
 ni cien mares de lágimas que hubiera, 
ni todos los diccionarios de todas las lenguas
de la Torre de Babel.
Nada puede contarse sin alejarlo de su esencia.
Nada que se cuente, verdadero, lo es en su ausencia;
sólo el milagro de la música
que nos lleva de la mano, a un lugar sin palabras
donde el entendimiento no se puede contar;
y sientes lo sentido y abrazas aquelo que se fue,
como esta canción cuenta, en una frase:
"la quiero, a morir"
y luego te quedas sin palabras
y puede que llores.

© GatoFénix 
(Desgraciado y bienaventurado el papá que entienda esto)
  

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