domingo, 28 de febrero de 2016

Por un regalo de Dios, nuestro presente- Francis Cabrel - Si algún día la ves




 Hay que estar muy, muy lejos
para cantar o escribir de ella.
Lejos en el tiempo que es
casi a miríadas de kilómetros.
Miríadas de kilómetros, que en la soledad,
están a un parpadeo
entre lágrima y lágrima.

No pudo ser.
No podía ser,
pero fue.

Pensar no forma parte de un sueño.
Hablamos, luego cuerdos, de la locura.

No tenemos certeza de nada.
El amor es consustancial a la enajenación
de nosotros y del mundo que entonces no existe
sino en el ser y el sentir que luego mominamos.

Hoy, muy, muy lejos del tiempo y del espacio,
puedo hablar de un sueño.
Del aroma de un cuerpo
y del sabor, inefable,
de un beso inacabable,
internamente inacabado,
de anoche mismo; de ayer,
y del ayer remoto intemporal.

Ella, el suceso,
ha venido al sueño inesperado
por esta luna llena,
que me parece, nunca fue aquello
y que nunca se fue, todo a la vez,
del tiempo incomprensible
que nos acarrea nuestra virtualidad
entre las sábanas cotidianas.

No puede ser, pero no lo sabemos.
Es, el luego, el después, lo que nos advierte,
si hemos salido con bien de aquel
infortunio afortunado que cristaliza
en un rubí, como la boca;
en un diamante como los ojos,
convirtiendo el corazón en oro
por ensalmo
del misterio misterioso,
de nuestras vidas
que son nuestro presente,
por regalo de Dios.

© GatoFénix



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